Si desde el principio de la pendiente de la rúa de Abaixo de Milladoiro se mira hacia el final de la calle, parece que llegar arriba va a ser un reto, y si encima se recorre con un carrito el objetivo se complica. Por no complicárselo también a los conductores noveles proponiéndoles que arranquen.
Pero los vecinos de la rúa de Abaixo ya están hechos unos deportistas y unos excelentes conductores, y su cuesta ya casi no les causa problemas. «Si voy cargada, sí que es un poco incómodo subirla, ya que es muy pronunciada», explica María Rosa.
Pero como sucede por todo Ames, el mayor inconveniente de la rúa de Abaixo es la disminución de aparcamiento que sufrió desde que fue reformada. «Antes los coches aparcaban en batería, pero la arreglaron y ahora aparcan en paralelo, con lo que cogen muchos menos coches», lamenta María Pereira, quien consiguió encontrar una plaza por suerte ya que últimamente «hay bastante problema para dar con un buen sitio».
María Cao también ve cada día más difícil encontrar aparcamiento, pero no solo por la nueva distribución, sino porque «al estar en obras hay más circulación. Aunque por suerte ya están bastante avanzadas y no se forman los atascos de antes. A ver si terminan ya». Pero hay otros vecinos para los que la construcción de nuevos edificios solo va a traer más problemas: «Si ahora ya está saturado, cuando empiece a vivir gente en los edificios de encima de la calle aún habrá más coches que quieran aparcar aquí, con lo cual será peor», comenta Ángeles Bouzón, que además propone una solución: «Tendrían que construir un párking, pero gratuito, que a los trabajadores no nos sobra el dinero».
Al final de la calle, nos cruzamos con Nieves Recaséns. Al preguntarle si tiene alguna queja, lo primero que hace es mirar al suelo y reconoce que «ahora ya no, antes había en la acera un agujero pero ya lo han tapado. Estuvo así dos años, pero por fin lo arreglaron» Para ella, tras conseguir que solucionaran este problema ya está satisfecha con su calle.
Pese a los problemas que reconocen, están contentos con su calle. Y por ahora prefieren que no modifiquen nada, no vaya a ser que sea para peor.