Se avecina una guerra comercial entre la Playstation 4 y la Xbox One
15 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El E3 de Los Ángeles presume desde hace años de ser la mayor feria de videojuegos del mundo. Tiene una enorme influencia en un sector que también nota la crisis -bajan las ventas, aparecen nuevos formatos móviles, crecen los canales de distribución digital y hacen furor los títulos low cost-, pero que se consolida como la más importante industria cultural del mundo.
Cuando la sociedad consideraba que los videojuegos eran solo para frikis y/o para niños el E3 tenía muy poca repercusión más allá de la prensa especializada. Ya no es así.
El espectáculo esconde un gran negocio: el «hype». Demostraciones en tiempo real, proyecciones de vídeos, modelos y pabellones lujosos solo tienen un objetivo: hacer que los jugadores pongan ya en sus listas de la compra juegos que en algunos casos aún están empezando a desarrollarse.
Lo han conseguido. En Twitter (numerosos trending topic), en Youtube y en Google las novedades del E3 acapararon notable protagonismo global.
Algunas franquicias de éxito han puesto los dientes largos a muchos jugadores, muy interesados en las próximas entregas de las reputadas series Battlefield, Call of Duty, Assassin's Creed, Total War o The Witcher.
El lanzamiento de cualquier consola nueva siempre favorece la aparición en el mercado de juegos originales, que no forman parte de ninguna serie. Es lo que la industria llama nuevas IP (Intellectual Property). En este E3 han destacado el fascinante The Order: 1886, el superpromocionado Watch Dogs o el futurista Destiny.
Esta edición será recordada por la presentación de la próxima consola de sobremesa de Sony, la Playstation 4. Y por la constatación de que librará una guerra comercial sin cuartel con la Xbox One en las próximas navidades. Nintendo ha tenido un papel marginal en un E3 en el que también ha habido espacio para consolas alternativas como Gamestick, Ouja o Shield. Son máquinas pensadas para disfrutar de juegos para la plataforma móvil Android. ¿Son el futuro?