Cómo escoger una app para la depresión: «Es necesario establecer cuáles pueden llegar a ser perjudiciales»

Tamara Montero
Tamara Montero SANTIAGO / LA VOZ

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Un equipo de la UOC diseña una aplicación que evalúa con criterios científicos las herramientas que se presentan como apoyo para superar la depresión

30 ene 2026 . Actualizado a las 09:30 h.

La depresión se ha convertido en uno de los grandes desafíos sanitarios del siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la incidencia de este trastorno mental aumentó cerca de un 50 % entre 1990 y el 2017 y afecta actualmente a alrededor del 5 % de la población mundial. En Galicia, y según los datos de la última Encuesta Nacional de Salud de España el 12,9 % de los gallegos dicen haber padecido depresión en el último año, un porcentaje que solo superada Asturias. Sin embargo, las mujeres gallegas son las que más sufren este trastorno de la salud mental: el 17,3 % dicen haberlo padecido. En un contexto de incremento de los problemas psicológicos, especialmente tras la pandemia y de falta de acceso a profesionales en la sanidad pública, la tecnología se muestra como una solución para este cuello de botella, aunque con matices. 

«Hay una necesidad importante de identificar qué aplicaciones pueden ser utilizadas en salud y cuáles no aportan nada bueno y, al revés, pueden ser incluso perjudiciales», advierte Carme Carrion, investigadora principal del eHealth Lab de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que está en el proceso de diseñar una herramienta pionera: EvalDepApps permitirá a pacientes y profesionales conocer la calidad de las apps para la depresión antes de usarlas.

El grupo de investigación ha elaborado un estudio para identificar los criterios más relevantes para los pacientes para utilizar aplicaciones para el tratamiento de la depresión. A partir de los datos se está diseñando otra app que funcionará como un rating para herramientas digitales destinadas a la gestión del trastorno depresivo. 

«Del mismo modo que se evalúa un medicamento antes de que llegue al mercado, también deberían evaluarse las aplicaciones móviles que utilizamos para cuidar nuestra salud y nuestro bienestar», afirma Carrion. Lo cierto es que a diferencia de los medicamentos o los productos sanitarios, la mayoría de las aplicaciones de salud mental llegan al mercado sin haber pasado por una evaluación de estas características. Y es importante, porque «hay una necesidad importante de identificar qué aplicaciones pueden ser utilizadas en salud y cuáles no aportan nada bueno e incluso pueden llegar a ser perjudiciales», dice la investigadora de la UOC. 

«Si una aplicación recomienda terapias alternativas sin ninguna evidencia científica, se pierde una oportunidad clave de intervenir cuando la depresión todavía no se ha agravado», señala. Es decir, en lugar de guiar a la persona hacia estrategias terapéuticas con evidencia científica, pueden desviar el tratamiento hacia caminos que retrasan la mejora.

Es más, pueden generar un efecto de rechazo de terapias demostradas en pacientes con depresión: «Si una persona prueba una aplicación, no mejora y luego un profesional le recomienda otra con evidencia, puede rechazarla porque ya ha tenido una mala experiencia previa», obstaculizando el tratamiento.

El equipo de Carrion ha analizado una treintena de aplicaciones de depresión disponibles en los principales mercados digitales. Solo ocho estaban respaldadas por evidencia científica publicada. Para valorar los criterios más importantes, se involucró a 43 personas. Finalmente, se han considerado prioritarios la seguridad y la privacidad de los datos, la eficacia clínica, la base científica de los contenidos y la facilidad de uso. Además, se valoró que la app permita contactar con profesionales de la salud mental y que no se utilice de forma aislada, sino integrada en un plan.

La aplicación se encuentra ahora en la fase de investigación, en la que un panel de pacientes y profesionales están participando para así establecer si hay diferencias en la valoraciones que hace cada uno de los grupos. «Estamos viendo es que las diferencias no son muy grandes», explica la investigadora de la UOC. Por eso es posible que el producto final sea un rating de apps basado en criterios científicos y elaborado de forma controlada. Es decir, que ese ránking no esté fundamentado en el número de descargas, por ejemplo.

«Nuestra recomendación siempre es que sea el profesional quien ayude a decidir qué herramienta digital puede ir mejor a cada persona», insiste Carrion. La situación ideal que se puede dar es que un profesional conozca qué aplicaciones están validadas científicamente y que acuerde con el paciente cuál es la app que puede funcionar mejor de acuerdo a sus peculiaridades. «Sabemos que por falta de recursos humanos, sobre todo en el ámbito de la salud mental en el sistema público, esto es complicado», con lo que la app de laboratorio de la UOC es un punto de partida.

Está previsto que EvalDepApps esté disponible para el público en este primer trimestre. En este momento hay cuatro aplicaciones identificadas y se le pide a las personas participantes que las utilicen durante un período de tiempo y posteriormente evalúen los criterios establecidos. Mientras tanto, hay una serie de recomendaciones que se pueden seguir a la hora de elegir una u otra aplicación.

La primera es ver quién la ha elaborado. «Si en la elaboración tenemos una empresa tecnológica, pero también aparecen profesionales de la salud mental, tenemos unas ciertas garantías». Sin embargo, esta información no siempre se indica, a pesar de que Carrion cree que es muy relevante. 

La investigadora también recomienda es comprobar si dentro del contenido de la aplicación se hace referencia a algún tipo de estudio cínico previo. «Las que lo hacen, lo mencionan. Si no se menciona, la sospecha es que no se haya probado científicamente. Y ahí hay un hándicap», afirma.

La tercera recomendación es, si es posible, comprobar a través de los motores de búsqueda si existe algún artículo científico que habla de la aplicación en cuestión. «Que sea un artículo científico, no propaganda de la aplicación», remarca Carme Carrion.