La encrucijada de Clesa

Cristina Barral Diéguez
cristina barral PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

La fábrica láctea de Caldas, que llegó a ser un referente, afronta un futuro incierto

23 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Un futuro viable. Es lo que esperan y reclaman los 140 trabajadores de la planta de Clesa S.L. en Caldas de Reis. La fábrica ubicada en la parroquia de Saiar, que llegó a ser un referente en producción y ventas en varias épocas, afronta un futuro incierto a la espera de inversor.

La Clesa que hoy interesa a Feiraco y a Lácteos Tambre -las dos ofertas que tienen encima de la mesa los administradores concursales al apartarse Menorquina- nació en 1978, aunque cinco años antes, se constituyó la sociedad Lácteas del Atlántico. En 1998 pasó a manos de la italiana Parmalat y en el 2007 fue Nueva Rumasa quien compró la factoría.

Aunque la plantilla no fue mucho más amplia que la actual, la fábrica sí llegó a trabajar a tope, con tres turnos, incluidos sábados y domingos. En ventas, la mejor época coincidió, paradógicamente, con la última fase de Nueva Rumasa. En el 2010 Clesa se hizo con todos los contratos de marcas blancas y se llegaron a fabricar trece millones de tarrinas de yogures al mes. Otra época buena fue entre los años 1986 y 1991 cuando se elaboraban yogures solo para Galicia y Portugal.

Los problemas actuales de Clesa trascendieron el pasado enero, cuando el comité de empresa hizo públicos retrasos en las nóminas y problemas de producción por falta de materias primas. La planta necesitaba entre 230.000 y 280.000 litros de leche al día para mantener su actividad. Hubo jornadas en las que no entraba nada y otras menos de la mitad.

En marzo Nueva Rumasa presentó concurso de acreedores y desde entonces la producción en la factoría se mantiene bajo mínimos. Sobre la plantilla pese la amenaza de un expediente de regulación de empleo (ERE) extintivo que dejaría en la calle a 90 trabajadores. Muchos están al límite porque los ahorros se acaban y también pesa la incertidumbre. Los empleados rechazaron por mayoría el 7 de octubre en asamblea firmar ese ERE y ahora se exponen a irse todos a casa.

La plantilla conoce la lista del ERE, que elaboró la dirección de planta, y los últimos días son si cabe más duros. Manolo Rajoy, uno de los veteranos, está de baja por el infarto que sufrió el 4 de abril, en plena crisis de Clesa. «No económico vou capeando o temporal porque me paga a mutua, pero estou coa mosca detrás da orella», comentó ayer. Él es uno de los cincuenta que se quedarían si el ERE no acaba extendiéndose al resto. Tras 36 años en la factoría confía en que los administradores concursales se decanten por el proyecto de Feiraco: «Pese a que a preocupación é moita, son optimista».

En el otro extremo está Fernando Ces, que lleva nueve en Clesa. «La situación la veo muy mal porque no se ve solución.Soy pesimista, esta semana ya no fui a trabajar, aunque mientras no se cierre del todo hay algunas esperanzas, pero ya quedan muy pocas».