Avlo sí, pero hablemos de más cosas

Carlos Punzón
Carlos Punzón PUNZADAS

OPINIÓN

BENITO ORDÓÑEZ

23 jul 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Viajar en AVE entre Barcelona y Madrid será posible este otoño por solo 17,05 euros. Hacer ese mismo trayecto en el servicio Avlo de Renfe —la versión de bajo coste de la alta velocidad—, incluso es factible contratarlo únicamente por 9. Comprar, en cambio, un billete en condiciones similares para ir de A Coruña a la capital de España para la misma época, no es posible. De entrada, la taquilla virtual está bloqueada en el caso de la larga distancia gallega para más allá de septiembre. Pero aunque Renfe abriese el calendario en sus terminales de venta, en realidad tampoco se podría hacer en alta velocidad un viaje como el planteado, porque el AVE solo existe a partir de Ourense. Los precios para los desplazamientos desde Galicia tampoco tienen nada que ver con las tarifas existentes en esta España radial para circular entre la capital del Estado y el Mediterráneo.

Agitar el aldraxe desde Galicia semeja que es una característica genética del último territorio de Europa, aunque por ese simple hecho geográfico requeriría de un plan especial y una discriminación favorable para la equiparación de sus posibilidades.

Pero, ¿cómo no vamos a estar aldraxados si en el norte del país solo Galicia carece de un servicio de ferrocarril de cercanías? Asturias lo tiene y con 9 líneas, en las que, por ejemplo, Avilés y Oviedo están unidas por 35 trenes al día cada media hora; Cantabria dispone de idéntico servicio en tres recorridos distintos, y Bilbao, en otros cuatro. Y cómo no va a surgir esa postura de comparación persistente si también los trenes de cercanías permiten no depender del coche en los núcleos de atracción poblacional de Madrid, Cataluña, Sevilla, Málaga, Valencia, Cádiz, San Sebastián, Zaragoza y entre Murcia y Alicante. En Galicia, en cambio, ese tren de proximidad es una entelequia. Incluso un usuario frecuente del tren que viva en Ourense y trabaje en A Coruña o Vigo, además de asumir los retrasos como inherentes al servicio tiene que hacerse con dos abonos distintos, pues los del eje atlántico no son operables en el resto del tendido ferroviario. Tampoco cabe mirar hacia la carretera como alternativa para cruzar Galicia, la comunidad con más cantidad de kilómetros sometidos a peajes de todo el Estado. Aldraxe y casi insulto es tener que aguantar además dos de las tres únicas autopistas de España en las que el pago se prolongará durante 75 años.

Por eso, cuando se anuncia que para el 2024 Galicia contará con el tren de bajo coste Avlo, al margen de que el anuncio se haya hecho en campaña electoral y su valor cargue con dosis de precaución, es irremediable ver para todo lo demás que nos falta. Claro que queremos ir a Madrid rápido y lo más barato posible, pero queremos movernos por nuestra tierra con exactamente las mismas posibilidades que otros territorios que también necesitan fijar su población e interconectarse. Yo quiero Avlo, pero hablo de lo que nos falta, y sigue siendo mucho.