La gestión liberal de los servicios públicos

Jesús Sánchez Lambás ABOGADO Y VICEPRESIDENTE DEL OBSERVATORIO DE SERVICIOS URBANOS

OPINIÓN

FERNANDO ALVARADO | EFE

10 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

A una parte de los españoles nos han sorprendido para bien los nuevos usos que apunta el señor Feijoo como líder del PP. Adiós a la crispación, los insultos y las descalificaciones, bienvenidas las propuestas de solución a los problemas comunes. Feijoo quiere retornar a la vieja idea de la «leal oposición», algo que parece inédito, por olvidado. Las primeras propuestas han comenzado por donde más nos duele: bajar los impuestos. Aun siendo un viejo debate, la cuestión es del mayor interés, pues, frente a los últimos desastres que hemos sufrido, el Estado y la UE (como extensión del Estado) han sido un pilar fundamental. La mala experiencia política del 2008 explica el éxito que han tenido las ayudas gubernamentales a las empresas, los ERTE y los rescates. Todas esas cosas se financian con impuestos y deuda pública. Nadie cuestiona su finalidad ni el hecho de poner en el centro de la política no solo la felicidad de los ciudadanos, sino también la seguridad del planeta, es decir, el bienestar de los que aún no han llegado y que, por tanto no votan.

Pero para ser creíble hay que ser coherente. La experiencia gallega en el relevante espacio de la gestión de los servicios públicos —algo que a los ciudadanos, junto con los impuestos, nos inquieta y afecta muy directamente— está muy lejos de los postulados y valores liberales que se le presuponen a Feijoo. Sin incurrir en exageraciones, ni hablar de nacionalización o estatalización encubierta, cumple recordar su afición por la implantación selectiva de mecanismos de control político de la economía, eludiendo las garantías competitivas del derecho público de la UE. A la creación de sociedades públicas para la gestión de residuos, en régimen de único demandante, se une ahora el intento de hacer lo mismo en el ámbito del abastecimiento de agua. Ni Galicia ni España pueden ignorar las más elementales reglas de competencia que rigen nuestra economía social, ni desconocer que las empresas de la economía circular han progresado exponencialmente hasta alcanzar una gestión de calidad. En esos sectores contamos con verdaderos líderes europeos. No hay necesidad alguna de crear mecanismos públicos entregados a principios políticos de dudosa transparencia, como los de confianza y lealtad, ni de coaccionar de forma indirecta a las entidades locales con la zanahoria de la subvención si y solo si se apuntan al invento, renunciando a su autonomía, y adjudicando después, marginando a las demás empresas, suprimiendo la competencia y, sobre todo, implantando un modelo de gestión tan alejado de los valores y principios que Feijoo dice encarnar.

Gastar innecesariamente en la gestión directa de actividades económicas distorsiona el mercado e incrementa los impuestos.