Pulpo, animal de compañía

Beatriz Pallas ENCADENADOS

OPINIÓN

09 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Ocurre con los documentales sobre la vida salvaje y con tramas bien armadas que uno no distingue a veces hasta qué punto llega la realidad y dónde comienza la fabulación. Cómo es posible que las cámaras hayan captado todos los ángulos y detalles de una historia en tiempo real en la que repetir una toma es inviable. Sea cierto o no, un buen documental tiene el poder de sugestionar y motivar hasta hacer irrelevantes los límites de la verdad. Es lo que le ocurre a la emotiva historia de amistad entre un hombre y un cefalópodo que cuenta Lo que el pulpo me enseñó, ganadora del Óscar al mejor documental y a menudo bien posicionada entre lo más visto de Netflix.

Cuenta el proceso de redención del conservacionista y cineasta Craig Foster y cómo este afrontó un bache vital echándose al océano a hacer buceo libre en un bosque de algas en la costa de Sudáfrica. Allí, mimetizada entre las rocas, descubrió a una hembra de pulpo, huérfana como todos los pulpos, y la convirtió en su objeto de estudio y su obsesión particular. Durante cerca de un año estuvo sumergiéndose a diario para encontrarse con ella e ir descubriendo su inteligencia, sus conocimientos de geometría a la hora de comer moluscos, su instinto para burlar a los peces gato, sus dotes para fabricarse una armadura con conchas y, en último término, su apego hacia su amigo humano en busca de compañía.