Los ochomiles de David Beriain

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto CRÓNICAS DEL GRAFENO

OPINIÓN

DMAX

29 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Astucia de rata, maneras aceptables y un poco de habilidad literaria. Esas son las armas que debe tener todo periodista, según decía Nicholas Tomalin, reportero británico muerto por un misil sirio en los Altos del Golán durante la guerra del Yom Kipur (1973). Y mucho ego, añadiría yo. El periodismo es una de las profesiones con más ególatras, escribimos en primer lugar para nosotros mismos, para regodearnos ante la página escrita en papel a la hora del desayuno o en la web a cualquier hora. También David Beriain tenía ego. A veces te contaba una de sus historias y pensabas «qué película», pero luego recordabas esa máxima irrefutable de que la realidad siempre supera a la ficción. Y en una guerra solo los que la hacen y los que la sufren, las víctimas, conocen la realidad, pero no tienen un altavoz para contarla a los cuatro vientos. Por eso son tan importantes personas como Juantxu Rodríguez, asesinado en Panamá, José Couso y Julio Anguita Parrado (en Irak), Julio Fuentes (en Afganistán), Miguel Gil (en Sierra Leona), y Beriain y Roberto Fraile (en Burkina Faso, el antiguo Alto Volta). Y muchos otros como ellos pero que tienen la fortuna de seguir con vida.

David vivía la guerra, intentaba por todos los medios que lo enviarán allí donde nadie quiere ir. Era la antítesis del periodista de hotel, ese espécimen que se atrinchera en el bar de su alojamiento y luego se pasa el resto de su existencia contando batallitas de olor a pólvora y testosterona. David era un periodista entre las balas -las de verdad, las que silban y se incrustan en el pecho y en la frente-. Era un artajonés con los dos pies en el suelo, honesto, decidido y con las ideas muy claras. Me recuerda a otro bravo navarro, el alpinista Iñaki Ochoa de Olza, que murió en el 2008 en el Annapurna, donde reposa su cuerpo a 7.400 metros de altura. Como él, David Beriain asumió riesgos y holló muchos ochomiles (así llamamos en La Voz a los reportajes de una página porque es, más o menos, la extensión en caracteres) y luego se fue en busca de otras cimas que también completó. En estos tiempos en que hay partidos democráticos, incluso en el Gobierno, que quieren controlar a los medios, los tipos como David Beriain nos marcan el camino de cómo debe ser el periodismo: libre y comprometido.