El cuerpo de Iñaki Ochoa descansará para siempre en el Annapurna

Carlos Calvo

DEPORTES

24 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Era fuerte como una roca, pero no pudo resistir más. Tras permanecer cinco días en estado crítico a 7.400 metros de altitud, en el mítico Annapurna nepalí, el alpinista navarro Iñaki Ochoa de Olza falleció a las nueve menos cuarto de la mañana de ayer. Un grave problema cerebral, un edema pulmonar y unas condiciones extremas hicieron imposible su recuperación. Todos los esfuerzos por rescatarle resultaron vanos. Esta vez, la montaña le derrotó.

Los restos mortales del que ha sido uno de los más destacados exponentes de este deporte nunca regresarán a España. Reposarán para siempre allí, en la décima cumbre más elevada de la tierra y uno de los ochomiles más peligrosos y crueles del Himalaya. Así lo decidió su familia para evitar un riesgo de más vidas humanas, ya que varios montañeros de diferentes nacionalidades participaban en las solidarias tareas de rescate, pero sobre todo para cumplir el expreso deseo de Iñaki, su filosofía de la vida... y de la muerte.

El último proyecto de Iñaki era esta cumbre. El pamplonés intentó hacer cima el pasado lunes, pero a cien metros de coronar decidió renunciar por las congelaciones que sufría en las manos. Él y su compañero de cordada, el rumano Horia Colibasanu, descendieron hasta el campo IV, a 7.400 metros de altitud, con intención de pasar la noche del lunes al martes antes de proseguir el descenso.