«Brexit», un divorcio difícil

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

HENRY NICHOLLS

10 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Establecer una relación personal nunca es fácil. Intentar armonizar los hábitos y elaborar un proyecto de vida en común requiere, además de los afectos, de una gran voluntad para hacerlo. Lo mismo sucede cuando se trata de una relación laboral, empresarial o supranacional. Así, el acceso a la Unión Europea, antes la Comunidad Económica Europea, supuso un gran esfuerzo para todos y cada uno de los países que inicialmente la pusieron en marcha y para los que con posterioridad quisieron incorporarse, incluyendo a España.

Cuando los seis socios fundadores arrancaron la CEE en 1957, Gran Bretaña no se encontraba entre ellos. Esta fue vetada en 1961 y 1967 por Charles de Gaulle. Al abandonar el presidente galo su cargo en 1969, Gran Bretaña lo volvió a pedir y fue admitida en 1973, cuando el proyecto estaba en pleno funcionamiento mientras que el país isleño se hallaba inmerso en una crisis económica.

Sin embargo, su incorporación nunca fue total. No solo celebró un referendo sobre su permanencia en la CEE tan solo dos años después de su ingreso, sino que en 1985 rechazó el Tratado Schengen sobre la libre circulación de personas y en 1988 la Unión Económica y Monetaria, con lo cual no adoptó el euro como su moneda.