La ciencia y el COVID-19


Dos hechos recientes han puesto de manifiesto diferentes actitudes ante el COVID-19 y ante las estrategias de investigación desde la ciencia. Por una parte, el artículo en The Guardian del editor de la revista The Lancet y por otra la dimisión del profesor Ferrari, presidente del European Research Council (ERC), organismo al que conocen por las concesiones de financiación a proyectos excelentes de investigadores gallegos.

Por lo que respecta a Richard Horton, sobre el papel de los expertos y de los gobiernos ante la pandemia, sus posiciones son nítidas: Durante una crisis, tanto el público como los políticos necesitan de los expertos­. A pesar que frente al COVID- 19 los expertos -presuntos o no-, que modelaron y simularon nuestros posibles futuros, hicieron previsiones que resultaron erróneas, que supusieron graves problemas para atender la ola de infecciones por venir. Lo relevante de Horton es su posición crítica y autocrítica. Richard Horton sostiene que «los científicos tienen incentivos para ser productivos e innovadores, pero no para estar en lo cierto».

La dimisión del presidente del ERC es consecuencia de una solicitud unánime de su consejo científico, si bien el profesor Ferrari la ligó al rechazo del consejo a su propuesta para financiar una iniciativa especial sobre el virus COVID-19. El ERC no propone temas de investigación, las propuestas libres las hacen los investigadores, son de «abajo a arriba» y el único criterio de concesión es la excelencia, no la oportunidad ni el interés económico o social. El ERC se basa desde su fundación en el predominio de la cultura científica de la confianza, donde es importante la flexibilidad que tiene el investigador para realizar el proyecto.

Otros programas europeos y de las agencias nacionales o regionales, sin esa flexibilidad, sostienen propuestas de investigación dirigida basadas en desafíos, y hoy Europa ya financia acciones extraordinarias sobre el COVID-19, un virus que también incidirá en el programa Horizon Europe 2021-2027. Ferrari promovía ante la emergencia un programa de investigación dirigido y apresurado. Los gallegos podríamos reflexionar sobre aquellas investigaciones financiadas al amparo de la catástrofe del Prestige en el lejano 2003. Porque la sociedad «pide respuestas y soluciones, pero debemos evitar la improvisación y el oportunismo», como analizaba estos días en un excelente artículo el profesor Senén Barro.

La ciencia no se improvisa, ni una catástrofe o una pandemia se resuelven con una fuerte inversión irreflexiva en un área de investigación. Porque en la ciencia -como en la vida- existen dos tipos de personas: las que van a favor de los proyectos y las que lo hacen a favor de sí mismas, en un aforismo incompleto de Jorge Wagensberg. Quien ya reflexionó en un lejano 1985 sobre una nueva aproximación a la realidad, la simulación, destinada a conmocionar el mismísimo método científico.

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