Iberolux y Astérix


Cuando el brexit centrifuga los nacionalismos periféricos (escocés, galés, norirlandés, feroés, flamenco, corso, lombardo, catalán, vasco, gallego, leonés, aranés), va el alcalde de Oporto y propone la unión de España y Portugal formando Iberolux, admite que Madrid es vital para la conexión de su país con América Latina y pone como ejemplo de colaboración internacional la planificación del Xacobeo 2021 entre municipios del norte de Portugal y del sur de Galicia, donde el Miño no es frontera. En una encuesta de La Voz, nueve de cada diez votantes están a favor de la propuesta.

No se trata de recuperar la utopía ibérica de Saramago, con aquella Península que, desgajada de los Pirineos, navegaba por el Atlántico en La balsa de piedra, unida pero a la deriva. Se trata de que Iberolux funcione como el Benelux. Se trata de que, en una Unión Europea cada vez más desunida y con un modelo centro-periferia cada vez más resquebrajado, los de la periferia meridional sumen fuerzas para tener más peso en las decisiones del centro. Mientras tanto, varios portugueses han pasado por puestos clave para la toma de decisiones en la eurozona: Durão Barroso (presidente de la Comisión Europea), Mário Centeno (presidente del Eurogrupo), Vítor Constâncio (vicepresidente del Banco Central Europeo).

No solo es cuestión de personas e ideologías, sino de país. Rui Moreira, alcalde de Oporto, es un independiente apoyado por conservadores, que se ocupa de algo más que de la competencia entre aeropuertos. António Costa, primer ministro portugués, es un líder reconocido entre los socialistas europeos, que gobierna su país apoyado por comunistas y ecologistas. Portugal es un país pequeño, con poco más de diez millones de habitantes, homogéneo, sin tensiones nacionalistas internas, que ha remontado la crisis económica afrontando sus compromisos internacionales, a pesar de las previsiones apocalípticas de algunos gurús.

Ahora bien, Portugal propone, pero España no dispone, entre otras cosas porque, así como los portugueses se interesan por España (idioma, televisiones, periódicos, liga de fútbol, ciudades, gastronomía), los españoles muestran escaso interés por el país vecino e incluso se permiten un cierto complejo de superioridad con Portugal, equiparable al complejo de inferioridad que tienen con Francia. De todos modos, los complejos sirven de poco en un mundo tan competitivo, donde el librecambismo y el proteccionismo se aplican a conveniencia de los más fuertes. Astérix ya no va por ahí defendiendo aldeas galas, porque los chinos han comercializado la poción mágica del druida Panorámix.

Por Pedro Armas Profesor de la Universidade de A Coruña

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