Parricidio en Godella: dos tipos de víctimas del sistema


A raíz de la noticia del hallazgo de los cuerpos sin vida de dos niños de 3 años y 5 meses respectivamente, con la información añadida de que presuntamente sus padres han sido los causantes de sus prematuros fallecimientos, me pregunto cuáles han sido los sucesos que han llevado a tan trágico desenlace.

Según las informaciones en prensa, los padres de estos niños tenían diagnósticos de trastornos psiquiátricos y antecedentes de consumo de sustancias, y el relato del caso dice que el fatal desenlace se produjo después de una fuerte discusión de la pareja. Al parecer, se trata de una familia que ya había sido objeto de atención por parte de los servicios sociales de la localidad en dos ocasiones por lo menos, la última esta misma semana.

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Tres días antes del doble infanticidio de Godella, la abuela alertó de la situación de los padres Servicios sociales había cerrado un expediente de seguimiento a la pareja en 2016 y abrió otro horas antes de que los niños murieran a manos presuntamente de sus progenitores

Siempre que tengo conocimiento de este tipo de noticias me cuestiono si realmente estamos haciendo las cosas bien a nivel social, ya que la responsabilidad de este tipo de sucesos es también de todos, de nuestro sistema, de nuestras instituciones y de cada uno de nosotros a nivel individual también. Como sociedad organizada tenemos como uno de nuestros objetivos principales protegernos unos a otros, principalmente a los niños, que son los más indefensos, pero también a todas esas personas con dificultades para valerse por sí mismas, para desenvolverse en nuestra sociedad y seguir adelante con responsabilidades tan importantes como la educación de sus hijos.

Esta pareja, unos padres que llegan al extremo de asesinar a sus propios hijos, está formada por dos personas enfermas, que han precisado y precisan ayuda de la comunidad en la que viven. Con los pocos antecedentes de los que disponemos nos podemos imaginar que en algún momento de su historia deben haber mostrado señales de incapacidad en cuanto a sus responsabilidades; escolarización del niño mayor, seguimiento pediátrico de los dos, higiene y mantenimiento del hogar, relación con familia extensa o con la comunidad más directa. Me resisto a pensar que era imposible detectar señales de que algo no iba bien, aunque nadie puede imaginarse un desenlace tan tremendo, y me cuestiono el sistema en el que vivimos, en el que es tan fácil mirar hacia otro lado y no intervenir ni tomar decisiones hasta que no es demasiado tarde, como en el caso de esta desdichada familia.

Este tipo de situaciones son las que nos obligan a replantearnos qué podemos mejorar de nuestro sistema, de nuestros protocolos, de nuestro funcionamiento individual incluso, con el objetivo común de evitar que los más inocentes e indefensos paguen el precio de no recibir la protección necesaria.

Por Anna Romeu es presidenta de la Sección de Psicología de Emergencias del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña y representante española del COP de los psicólogos de emergencias en la European Federation of Psychologists Association

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