Faros en Compostela

OPINIÓN

GUERREIRO. Pintor realista. Aventado. Peregrino de Costa da Morte, tras una estancia en la capital de la Cibeles, donde un día ya lejano se licenció en Bellas Artes por la Escuela de San Fernando, cuando pintaba escenas urbanas del nuevo milenio. Vuelve a su Galicia y se encuentra el desastre del Prestige ; emprende la búsqueda de la verdad entre paisaje y paisanaje. Su alma de mariñano se impregna con aquella mar y aquel viento que traen presagios de ausencias, y a su manera, con un cuaderno de bitácora bajo el brazo, camina de faro en faro para dar testimonio de lo que cada uno de los doce hijos de Hércules trasmiten en su condición de vigías y notarios de algo que deseamos «nunca más» vuelva a suceder, por lo que tiene de atentado contra el patrimonio de la humanidad, contra cielo, mar y tierra, de la costa que siempre se hace presente por historias de naufragios en esa Galicia al pairo de su destino. Quienes no han visto la perspectiva de la Costa da Morte, desde cada uno de sus faros, pueden descubrirla en su pintura expuesta en una de las plazas más hermosas de Galicia. O también sentirán el impacto en el alma quienes no han podido ganar indulgencias por el pecado constante del ser humano contra la naturaleza, practicando la solidaridad limpiando el chapapote de rocas y playas en la Galicia que se baña en la mar oceana, entre Malpica y Muros, pasando por Fisterra y Cabo Vilano. Quienes no saben dónde está Touriñán, o sueñan con perderse del mundo cotidiano por las Sisargas, tienen en la Casa de la Parra, en Compostela, a un paso de la Puerta Santa, otra puerta que les conduce al mundo de este pintor comprometido con su tierra, que busca la verdad recóndita y oscurecida por nuestros cielos grises. Guerreiro dibujó apuntes mientras escuchaba a la mar que le contaba su historia, para después, en cada tasca, indagar entre silencios y palabras el sentir de las gentes que forman parte de un mundo fantasmagórico por la lejanía de todas partes, y así darle forma en el lienzo entre colores que son como los gritos de cada uno de esos faros tan nuestros, monumentos que vistos desde tierra son columnas que sostienen el cielo, y que vistos desde la mar son señal de vida entre el miedo a la muerte. Los que percibimos el discurso inacabado de los faros con el infinito de la mar, necesitamos que alguien nos lo cuente desde esta costa que precisa resucitar de las tinieblas.