Baja velocidad electoral

| ANXO LUGILDE |

OPINIÓN

EN buena lógica el tren de alta velocidad debería haber comenzado su ciclo en España con la línea entre Madrid y Barcelona, para unir las dos grandes ciudades del país y prolongarse hasta la frontera francesa. No fue así, probablemente por razones políticas que impulsaron al Gobierno socialista a recompensar a su gran feudo electoral, Andalucía, con el primer tren de alta velocidad español, inaugurado con motivo de la Exposición Universal de Sevilla de 1992, como mínimo dieciocho años antes de su llegada a Galicia. Las prisas electorales, a menos de cien días de las decisivas votaciones del 25 de mayo, han ocasionado ahora un nada brillante estreno promocional del AVE entre Madrid y Lérida. Hasta que se solucionen los problemas con el asentamiento de algunos tramos, funcione el nuevo sistema de señalización y entren en servicio los trenes en fabricación, las máquinas circularán a una media de 180 kilómetros por hora, por debajo de los 209 del Madrid-Sevilla y menos incluso de los 195 previstos para el de Madrid-Santiago cuando no se pensaba construir la doble vía entre Ourense y Zamora. Para paliar el incumplimiento de sus propios plazos, el Ministerio de Fomento ha tomado un atajo equivocado.