Ciencia, el traje del emperador

OPINIÓN

21 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

UN NIÑO fue el primero que señaló la desnudez del emperador. Los científicos han cumplido con su papel civil en la crisis del Prestige . Pero su capacidad profesional, la reivindicación de su conocimiento y su trabajo todavía no ha cristalizado en un plan operativo sobre qué, cómo, cuándo y dónde describir, evaluar, analizar y remediar los posibles efectos de la catástrofe ecológica. Y ello probablemente no sea debido a falta de capacidad, ni de inquietud. Ni tan siquiera a que las instituciones científicas no se lo hayan planteado. Probablemente, como en otras áreas de gestión relacionadas con la catástrofe, sólo evidencia una organización de la investigación con graves defectos en la estructura de gestión. Defectos hace tiempo diagnosticados pero todavía sin remediar. Y a partir de aquí se han vivido evidencias dolorosas: Portugal o Francia nos han informado en los momentos más graves de todo aquello que aquí desconocíamos. Las catástrofes son inesperadas y acostumbran a encontrar a las administraciones escasamente preparadas, incluidas las administraciones científicas y tecnológicas. Pero ya es menos explicable que dos meses y medio después de la catástrofe circulen borradores de un programa de intervención científica de contenidos informes, donde en muchos de sus apartados es difícil reconocer realidades sobre las que operar, donde las categorías y las prioridades acerca de la realidad del mar gallego parecen traspuestas de mares lejanos, donde no existe ni una somera identificación de medios y recursos humanos, y donde todavía no se deja entrever la interacción entre las organizaciones científicas de las distintas administraciones. En Galicia existe una comunidad científica, alrededor del mar, vigorosa; pero también existe -y es probablemente el único sitio de España-un centro dedicado al monitoring de diversos aspectos del medio litoral, con series históricas de al menos diez años. Los accidentes de petroleros no son un fenómeno reciente, pero persiste la polémica y la incertidumbre acerca de los efectos del petróleo en el medio marino. Los estudios no están suficientemente documentados y suelen centrarse en la época inmediata a la catástrofe, raramente se estudian los efectos que pueden tener lugar a largo plazo, y se carece de un conocimiento previo en torno a los ciclos biológicos y económicos de los organismos marinos en el área afectada, situación que no se da en las costas gallegas, donde la considerable densidad de investigadores marinos dependientes -eso sí- de cinco instituciones y con limitados medios, junto a la pertinaz insistencia del petróleo, permiten disponer de un conocimiento pormenorizado de nuestro mar, e incluso de estudios sobre vertidos de petróleo. ¿Por qué entonces persiste la incertidumbre sobre la efectividad de la ciencia ante la catástrofe del Prestige ? ¿Por qué los investigadores siguen reclamándose huérfanos de directrices y modos de intervención? Cierto que al emperador lo perdió su soberbia y ostentación pero, cuenta Andersen, también fueron necesarios los sastres -los mejores sastres del reino-, el viejo ministro que por no pasar por necio calló, y también la gente que en el desfile, sin ver el traje nuevo, lo alababa.