QUE NO se le pase por la cabeza colaborar con el Estado. Eso ha dicho Arnaldo Otegi, portavoz de Batasuna, refiriéndose a Ibarretxe. Con el lenguaje que ya le conocemos -el del matón- Otegi actúa como uno de esos forajidos que amenazan a todo el mundo amparándose en la rapidez de sus pistolas. Es el de Otegi, sin embargo, un estilo peculiar, que le ha permitido hasta ahora moverse en el Estado de Derecho con total impunidad: y es que las pistolas con las que amenaza ese gran patriota de la muerte no son las suyas, sino las de los criminales que se expresan legalmente con su voz. Eso es lo que da verosimilitud a sus peligrosas advertencias: que todo el mundo sabe ya que cuando advierte el portavoz de Batasuna, quien lo hace en realidad es ETA militar. ¿De dónde procede, si no, su poder de persuasión? ¿De sus votos, que nadie utiliza para gobernar, ni para hacer oposición? ¿De su capacidad para movilizar a unos pocos miles de fanáticos? ¿De su influencia internacional, hoy totalmente inexistente? No: el de Batasuna es un poder de persuasión sólo vicario: el que ETA le concede. Por eso la teoría de que antes o después Batasuna dejaría a ETA no ha podido ser más que fruto de la ingenuidad o del cinismo. Porque Batasuna sin ETA no sería apenas nada: lo que cualquier partido con el 11 o 12 por ciento de los votos. Sin embargo, Otegi se permite el lujo de amenazar al lendakari, advirtiéndole que no se le vaya a ocurrir colaborar con el Estado en la puesta en marcha de las medidas que podría exigir su ya segura suspensión provisional por la Audiencia Nacional. O su eventual disolución por el Supremo. ¿Cómo se atreve? O, mejor dicho, ¿por qué da Otegi por supuesto que sus advertencias no serán consideradas como las bravatas de un simple fanfarrón? Pues porque, como él, todo el mundo es consciente de lo que se esconde tras las mismas: si Ibarretxe llega a colaborar con el Estado (es decir, a cumplir sus obligaciones de acuerdo con la ley), Otegi anuncia que el PNV dejaría de estar protegido por la patente de corso que le ha permitido durante todos estos años no estar en el punto de mira de la banda terrorista: la de ser nacionalista. Esa es la advertencia. Y la amenaza: si dejáis sola a Batasuna -viene a decir Otegi al PNV- os comportaréis como no vascos. Y si os comportáis como no vascos, deberéis ateneros a unas consecuencias de todos conocidas. Por eso el PNV vuelve a tener hoy, al igual que desde hace veinte años, la capacidad de inclinar el fiel de la balanza del lado de los verdugos o del de las víctimas. De lo que haga en las próximas semanas dependerá, sin duda, su futuro. Y, también el del País Vasco y el de España.