JAQUE AL REY

La Voz

OPINIÓN

YASHMINA SHAWKI

05 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El peón de las figuras negras ha dado un salto hacia atrás ante la estupefacción de las piezas blancas que no dan crédito al movimiento antirreglamentario del adversario. La inquietud y la incomprensión se han adueñado de las filas blancas que, incapaces de determinar el motivo que ha ocasionado ese retroceso en el campo enemigo, se han quedado paralizadas. Pudiera parecer una escena de Alicia en el País de las Maravillas, sin embargo, es la sensación que tienen los ciudadanos españoles de no saber muy bien a qué atenerse ni cómo actuar ante la inesperada marcha de España del embajador marroquí. El rey Mohamed VI ha movido ficha y como una partida de ajedrez diplomática nos obliga a reflexionar sobre lo que significa y qué consecuencias puede traer. Desde su ascenso al trono, Mohamed VI ha tenido que enfrentarse, en el ámbito político, a una camarilla de familias que han vivido en la abundancia debido a los privilegios otorgados por su padre y a un funcionariado que ha sobrevivido gracias a los ingresos obtenidos mediante la corrupción. En el ámbito económico, el joven rey es más que consciente de la acuciante necesidad de emplear a una población joven y desesperanzada así como de repartir un poco de bienestar a una mayoría de marroquíes sumidos en la pobreza. En el ámbito social, sabe que los grupos fundamentalistas musulmanes comienzan a abrirse paso aprovechándose del descontento de una población en crecimiento constante y sin perspectivas de futuro. En el ámbito internacional, el monarca alauita ve como sus expectativas de obtener un trato especial debido a su proximidad geográfica con España se van disipando debido a una errónea táctica negociadora sobre el tema pesquero. Y todo ello aderezado con el sempiterno conflicto del Sahara. En este contexto debemos entender que, si el rey alauita ha llamado a su embajador a consultas sine die, no es porque haya surgido un conflicto con España que requiera un estudio detallado ni porque exista una grave discrepancia sin visos de solución. Si Mohamed VI lo ha hecho es a sabiendas que sembraría la inquietud y el desconcierto. Y ese era y es su objetivo primordial. Mohamed VI, pese al montaje de su visita al Aiun, está acorralado y necesita ayuda pero no puede obtenerla porque no sabe pedirla sin que se note. Marruecos precisa ejercer un papel más importante como enlace entre el Magreb y la Unión Europea, reclama un progreso económico e industrial que le permita emplear a miles de personas en el paro y exige un trato preferente con España y Francia. Al mismo tiempo, debe de mantener su imagen para con sus ciudadanos de control y seguridad, de prosperidad y progreso mientras democratiza lentamente las instituciones. Pero no puede realizarlo sin apoyo y sin pagar por ello un precio de humildad. Si quiere subirse al carro de los países con futuro tiene que asumir reformas drásticas en su país para las que quizás, no está capacitado. Así que, en lugar de pensar que somos nosotros los que tenemos que mover pieza sea él quien, sin querer, haya precipitado un jaque al rey.