Rías Baixas, el vino que todo lo resiste

Ni los aranceles impuestos por Estados Unidos, ni el «brexit», ni la pandemia que asola al mundo han evitado que las ventas en el exterior de esta denominación de origen gallega sigan creciendo


Rías Baixas es una de las denominaciones de origen españolas más querida en algunos mercados extranjeros. Lleva años disputándose un hueco en las principales cadenas de distribución de Estados Unidos y Europa, ademas de que hace ya algún tiempo empezó a colarse también en Asia. Pero en los últimos meses se cernió sobre el sector en general la tormenta perfecta. Primero, Donald Trump decidió incluir al vino como uno de los productos a gravar con unos aranceles del 25 %. Después, comenzó el brexit, que hacía peligrar las relaciones comerciales con el Reino Unido. Y, por último, llegó el coronavirus y con él una grave crisis en los mercados de todo el mundo. Cualquiera podría pensar que todas estas circunstancias iban a suponer un duro varapalo para las exportaciones de esta pequeña denominación gallega. No ha sido así. Contra todo pronóstico, las ventas en el exterior siguieron creciendo; muy poco, es cierto. Y solo se ha registrado una ligera caída en valor, achacable sobre todo a lo sucedido en el mercado americano.

 «Nuestro secreto es que hemos conseguido hacer marca, que el vino de Rías Baixas sea reclamado y reconocido en todo el mundo», explica Juan Gil, presidente del consello regulador. En su opinión, las buenas cifras que ha conseguido la denominación de origen en el último ejercicio, a pesar de todo lo que estaba cayendo, son achacables «al duro trabajo» que se ha realizado en los últimos años. Campañas de promoción, misiones inversas, presentaciones y actividades que han permitido que actualmente sean 107 las bodegas que exportan en Rías Baixas.

Según los datos facilitados por el consello regulador, el pasado año se vendieron más de diez millones de botellas de albariño en todo el mundo o, lo que es lo mismo, 8.106.919 litros. Esto significa que la denominación realiza el 33 % de sus ventas en el exterior, es decir, que una de cada tres botellas de albariño termina en la exportación. La cifra es solo ligeramente superior a la del pasado año, un 0,9 %, y lleva pareja un descenso del 0,79 % en el valor de estas transacciones, dejando el precio medio del litro de vino en 5,44 euros. Caída que en el consello regulador atribuyen, sobre todo, a los problemas de Estados Unidos. «Los aranceles hicieron mucho daño porque fueron una subida del 25 % en un mercado en el que ese incremento de precio no es fácil de asimilar. Por eso algunas empresas dejaron de vender y, otras, bajaron los precios», añade Gil de Araújo.

El mercado americano sigue siendo el principal cliente de esta denominación de origen. Allí se vendieron el pasado año 2,2 millones de litros, lo que supone el 27 % del total exportado. Pero en los últimos tiempos está ganando posiciones también Reino Unido. 2,1 millones de litros de albariño se bebieron los británicos a pesar del brexit. «El Reino Unido pegó muy fuerte, pero es que llevamos muchos años haciendo labores de promoción y dando a conocer nuestros productos», explica el presidente. Y asegura que no se está dejando sentir la salida de este país de la Unión Europea. «El brexit no se está notando. Aguantamos bien porque hay una demanda clara de vino, porque ellos no producen, y no están dispuestos a dejar de beber. Además, las autoridades han sido inteligentes y han permitido que el comercio del vino siga», añade.

 En la lista de países donde más vende Rías Baixas figura Puerto Rico en el tercer puesto, con cerca de medio millón de litros, seguido de Irlanda, con 368.000 litros, Canadá (367.327) y Holanda (314.495). Estos destinos se encuentran también entre los que más han incrementado su demanda de albariño. Puerto Rico, por ejemplo, registró un aumento de ventas de más del 30 %, mientras que en Irlanda la demanda se incrementó un 15 % y, en Canadá, un 40 %. Pero, ¿esto significa que la crisis del coronavirus no ha afectado a los otros países? Pues todo parece indicar que no demasiado, por lo menos, en lo que a venta de vino se refiere. «Nosotros estamos acostumbrados a tomar el vino en el bar, pero en otros países van al supermercado, compran su botella de vino y se lo toman en casa», asegura Gil. Todo lo contrario a lo que sucede en España donde, aquí sí, el cierre de la hostelería pasa factura a Rías Baixas, cuyas ventas han caído en torno a un 12,5 % durante el pasado ejercicio.

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