La aliada alemana


La batalla, siempre cruenta, se libra, otra vez, en el seno de la UE. Ayudas, sí. Pero... ¿Préstamos o transferencias?, he ahí la cuestión. Otra vez norte contra sur. Ahora a cuenta del tan traído y llevado fondo europeo de reconstrucción que ha de liberar al bloque del pesado yugo de la pandemia. Países como España, Francia e Italia reclaman que sean todo ayudas. Otros como Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca exigen que sean todo préstamos.

Y, en medio de esa pelea, una alemana. Esta vez inclinándose del lado de los débiles. Y, no es Merkel, claro. Eso sí que sería un milagro. Es Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, partidaria ella de una potente intervención para evitar que la crisis resquebraje, quién sabe si definitivamente, la Unión Europea, y deje a los países más golpeados -otra vez los del sur- sin recursos disponibles para tejer la recuperación. A los pies de los caballos.

«Europeísta convencida y convincente», como la definió la propia Merkel, con la que Von der Leyen ha trabajado codo con codo, tras su nombramiento, la jefa del Ejecutivo comunitario lo tiene difícil para contentarlos a todos. A su favor, la tenacidad y la fuerza de voluntad. Sus señas de identidad. Y una importante aliada: Christine Lagarde, la presidenta del BCE. La gala dejó las cosas muy claras antes del comienzo de la última cumbre: «Las primas de riesgo de algunos países están subiendo. Y nos preocupa. El riesgo es que hagamos demasiado poco demasiado tarde. Aún no ha pasado, pero hay un riesgo de contagio al sector financiero. Y sobre todo de una asimetría creciente en las deudas y de un fraccionamiento en el mercado», sentenció. Recogía así Lagarde el testigo de la germana en aras de una respuesta firme. Y, sobre todo, solidaria. Nadie gana en Europa si no pierden todos.

No es tarea fácil la suya. Ambas han hecho ya historia convirtiéndose en las primeras mujeres que ocupan esos puestos. La esperanza, sobre todo aquí en el sur, es que la vuelvan a hacer. Esta vez echando por tierra ese viejo dicho, casi proverbio que circula en los mentideros comunitarios y que reza: «Europa nunca defrauda, siempre fracasa». Esperemos que la gestión de esta crisis no acaben estudiándola las generaciones venideras como uno de los mayores errores de política económica de la historia.

Hija del cristiano demócrata Ernst Albrech, quien pilotó el Gobierno regional de Baja Sajonia, Von der Leyen nació en Bruselas, en 1958. Su padre era funcionario en la capital belga. Quizá de ahí el germen de su europeísmo. En Bélgica vivió hasta 1971. Estudió Medicina en la Hannover Medical School, donde se especializó en Ginecología. Y ejerció su profesión. Durante algunos años. Hasta que su verdadera vocación, la política, se cruzó en su camino. Pero, antes de eso, probó suerte con la Arqueología y la Economía, carreras que inició en la Universidad de Gotinga y en la London School of Economics and Political Science, pero que no llegó a terminar.

Por ser hija de quien era tuvo que estudiar en Londres con un nombre falso, Rose Landon, construido a partir del apodo familiar Röschen (pequeña rosa) y el apellido de su bisabuela, originaria de Carolina del Sur. Y todo porque así se lo aconsejaron los servicios secretos de su país. Por aquel entonces, todavía estaba activo el grupo terrorista de extrema izquierda Ejército Rojo y su familia estaba en el punto de mira.

Se graduó en Medicina en 1991, gracias a una tesis doctoral que años después salpicaría su imagen bajo acusaciones de plagio que, finalmente, quedaron en nada.

«Me sentí europea antes de saber que era alemana, y de Baja Sajonia. Por eso quiero una Europa fuerte y unida». A ver si lo consigue.

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