Un galán en el barro del «brexit»

Michel Barnier, el negociador jefe de la UE en este proceso, tiene la misión de explotar al máximo su capacidad para generar consensos. Enfrente tendrá a un Boris Johnson que por el momento ha mostrado su cara más desafiante


Redacción / La Voz

Las apariencias engañan. Un ejemplo. Alguien podría pensar con buen criterio que un apuesto caballero con porte de galán (mide 1,84 y viste siempre de impecable traje) no es el más apropiado para enfangarse en los lodos del brexit, seguramente la negociación más compleja a la que se va a enfrentar la Unión Europea desde su nacimiento. Ocurre que si ese dandy es un avezado montañista curtido en los Alpes que ha limpiado el barro de sus botas cientos de veces, la cosa cambia. Es seguramente por ese perfil versátil, por esa capacidad de navegar con soltura en las duras y en las maduras, por lo que Michel Barnier (La Tronche, 1951) despierta consenso entre los estados miembros como negociador jefe de la UE para el brexit. Para todos menos para uno, obviamente. Aunque ese uno, el Reino Unido, ya no está en el club.   

A Barnier le espera ahora la tarea más delicada. Sellar un acuerdo que satisfaga a ambas partes y que garantice una relación duradera con un país que nunca se sintió cómodo del todo en la alianza comunitaria. Tiene apenas once meses, un período transitorio en el que deberá resolver infinidad de asuntos vitales para empresas y ciudadanos. Y una gran china en su zapato: Boris Johnson, el primer ministro británico, que acaba de aterrizar en Downing Street proyectado precisamente por los defensores del brexit y que ya ha dejado claro que tiene intención de ponerle las cosas difíciles al negociador de la UE.

 El francés tendrá que poner toda la carne en el asador y hacer bueno lo que dicen de él sus más estrechos colaboradores: que es tan tenaz como dialogante, que posee una capacidad innata para el consenso. Casado y con tres hijos, apasionado de la montaña y del jazz, el político galo acumula cuatro décadas de experiencia política y un amplio bagaje en numerosas áreas. No en vano, fue ministro en su país de hasta tres áreas distintas: Medio Ambiente, Exteriores y Agricultura y Pesca. Un cargo este último que debería insuflar algo de esperanza en la flota gallega, probablemente la industria más inquieta en las tierras de Breogán por el desenlace del brexit habida cuenta de lo que se juega en este envite.

 Barnier conoce además como pocos las estructuras comunitarias después de diez años en Bruselas. Más allá de todo eso, su figura es un mensaje al Reino Unido. Un mensaje de unidad y contundencia, de que a la UE no le temblará el pulso en esta cruzada. Y es que el francés llegó a ser un enfant terrible para los británicos cuando, en plena crisis, y como comisario de Servicios Financieros, aprobó un paquete de regulaciones que puso en vereda a bancos, auditoras, agencias de calificación... Cuentan que Mervyn King, el entonces gobernador del Banco de Inglaterra, llegó a abandonar una reunión en la que ambos estaban presentes con cajas destempladas. Londres lo acusaba directamente de perjudicar los intereses de la City en la industria de las finanzas en detrimento de otras capitales como París o Fráncfort.

 Las aguas volvieron a su cauce tiempo después, pero Barnier, que tiene un equipo de 30 personas a su cargo, se ha mostrado conciliador en la búsqueda de un acuerdo -esta misma semana ofreció la posibilidad de eliminar cualquier arancel para todo tipo de bienes y servicios- al tiempo que no le temblaba el pulso y advertía al Reino Unido de que es la isla la que más tiene que perder en esta batalla. El palo y la zanahoria de toda la vida, vamos.

Reino Unido, a la caza de empresas europeas para sobrevivir al «brexit»

Cristina Porteiro
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Se marcharán definitivamente el 31 de diciembre del 2020, pero antes arrasarán con todo el talento que puedan reclutar en el Viejo Continente para sobrevivir al invierno del brexit.

La travesía se presenta cruda y larga, por eso los británicos no quieren recorrer el camino de vuelta en solitario. Quieren hacerlo de la mano de un buen puñado de empresas europeas, también gallegas, a las que han tendido una alfombra roja a cambio de bautizarse en la isla. No buscan mano de obra inmigrante o negocios obsoletos. Londres está a la caza de talento al otro lado del Canal de la Mancha. El objetivo: fortalecer su tejido industrial alimentándose de la savia nueva europea.

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