El negocio de la vejez: 1.000 millones al año

El volumen económico que generan los principales servicios de atención a las personas mayores suma 700 millones, frente a los 400 largos que mueven las farmacias

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redacción / la voz

Si los fondos de inversión saltan a escena, es que hay negocio. Sin duda. Y lo están haciendo. Ya están detrás de algunas de las más importantes empresas gestoras de residencias para las personas mayores en Galicia: Domusvi (antes Geriatros) y Orpea. La primera de ellas, además, es una de las grandes contratistas de las plazas concertadas de la Xunta, junto a las fundaciones San Rosendo (que opera en Ourense) y Acolle.

Pero ¿qué cantidad de dinero genera el sector de los mayores en Galicia? Complicado ponerle cifras a un mercado con tantos tentáculos. Porque ¿cuánto venderán las tiendas de ortopedia? ¿Las agencias de viajes? ¿Los médicos privados? Pero si se pone el foco en los principales servicios de atención a la tercera edad, tanto públicos como privados, y en los medicamentos subvencionados, se puede afinar algo en el cálculo: 1.000 millones.

Un buen tajo se lo lleva el gasto farmacéutico público para subvencionar las recetas de los mayores de 65 años: 441 millones el año pasado, según la información que maneja el Ministerio de Sanidad.

Para calcular el volumen económico que mueve el segmento asistencial nadie mejor que la propia patronal y la Consellería de Política Social. De acuerdo con los datos proporcionados por ambas fuentes, solo las residencias, los centros de día y el servicio de atención a domicilio generan un volumen económico que ronda los 700 millones al año. El primero de esos tres grandes segmentos moviliza 500. Y, dentro de él, es la parte privada la gran máquina de mover dinero: 300 millones. Ahí está el negocio. «Sí, es el sector que más mueve y va a ser aún más importante, va a crear muchos puestos de trabajo [en la actualidad ya suman 17.000]», destaca el ferrolano José Manuel Pazos, que preside Agarte, la asociación gallega de residencias de la tercera edad.

Según los datos facilitados por él, el 66 % de las plazas totales (21.048) son privadas. Suman 13.908. Y cada una de ellas cuesta unos 22.000 euros anuales (unos 1.800 al mes), de lo que resultan casi 306 millones, que aportan íntegramente los residentes. Pazos aclara que el beneficio no es tan desorbitado y lo cifra en general en el 5 % de ese volumen. Pero añade que la rentabilidad está más asegurada en centros con cien o más plazas.

Cosa distinta es gestionar las plazas concertadas. Ahí, según Pazos, negocio no hay, aunque mueve 110 millones. De hecho, el presidente de Agarte advierte que «muchas empresas no quieren renovar los convenios con la Xunta» porque en algunos casos están perdiendo dinero. Aclara que el sector está muy regulado y el precio que cobran las empresas privadas por concertar plazas también lo está y, además, no se actualiza desde hace años.

La plaza pública cuesta más

De hecho, según datos de la propia Consellería de Política Social, el coste anual para las arcas autonómicas de una plaza pública es de 31.663 euros. Es un 42 % más cara de lo que desembolsa por una concertada: 18.250. ¿El motivo? Los gastos de personal son más abultados, no solo por las nóminas, también por el elevado absentismo.

Pazos, médico de profesión vinculado a la antigua Geriatros, reconoce que los empleados de los centros privados deberían cobrar más porque ejercen un «trabajo duro y mal pagado».

Con respecto a otros servicios asistenciales, el responsable de la patronal explica que al año se prestan seis millones de horas de ayuda a domicilio a 21.347 personas. Se pagan a 14,50 euros por hora, es decir, mueve 87 millones. Los centros de día suman 7.276 plazas, cada una de las cuales cuesta 11.070 euros. Resultado: 80 millones.

Un salto exponencial

La población mundial en el año 1800 era de 978 millones de personas, y de ellas el 20 % habitaban en Europa. En 1975 se superaron los 4.000 millones de habitantes y Europa pasó a representar el 16,6 % de todo el planeta. Hoy viven en el mundo 7.722 millones de humanos y el Viejo Continente está ocupado por el 10 %.

Paloma Navas: «Uno se hace mayor cuando tira la toalla, da igual la edad»

carlos punzón
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La especialista en retraso del envejecimiento está convencida de que se puede prolongar la vida, incluso 7,6 años, si la actitud ante la vejez es positiva

Ha acumulado experiencia sobre el envejecimiento en Puerto Rico, Camerún, Senegal, Tanzania y el Johns Hopkins Bloomberg de Baltimore. Y la conclusión para Paloma Navas (Cádiz, 1980) es clara: «Uno es mayor cuando se cree que es mayor». Acaba de poner en marcha en el Hospital Puerta del Sur, de Jerez, una unidad de medicina preventiva y retraso del envejecimiento. «Es posible», dice mientras se brinda a asesorar a quien precise de sus conocimientos.

-¿Cuándo se es viejo, anciano o mayor? No sé qué prefiere.

-Prefiero hablar de personas o adultos mayores. Viejos debería eliminarse de nuestro vocabulario porque es irrespetuosa y con gran carga negativa. Uno se hace mayor cuando tira la toalla, da igual tu fecha de nacimiento. La edad cronológica solo mide el tiempo que ha pasado desde que nacimos, pero dos personas de la misma edad pueden ser absolutamente diferentes.

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Las canas ya no se esconden, se presume de ellas

Galicia se suma a una corriente para diseñar nuevos productos y servicios a la medida de los jubilados

f. f.

A Luis Barros se le ve entusiasmado con eso de la silver economy, o sea, con la economía de los canosos, también conocidos como personas mayores. El director de innovación de la empresa gallega Atendo está convencido de que Galicia tiene una oportunidad de oro para convertirse en líder del sur de Europa en diseñar nuevos productos y servicios demandados por los séniores que alcanzan la edad de jubilación hechos unos pimpollos, con ganas de gastar y de disfrutar de la vida. De hecho, la comunidad participa en un proyecto europeo para avanzar en la innovación del mercado de las canas.

«En Galicia tenemos un problema de pobreza de jóvenes, pero no tanto de mayores. Los niveles de renta de los nuevos pensionistas son mucho mejores que los de los jóvenes», resume el vigués Antón Costas, catedrático de Política Económica en la Universidad de Barcelona.

Costas, que ya ha cumplido los 65 años y no tiene en mente jubilarse, reflexiona: «Si somos los que más renta y riqueza tenemos, ¿por qué no nos ofrecen productos diferentes? Las empresas tienen que espabilar».

Costas y Barros hablan de subirse al carro de un sector económico emergente que ya se ha convertido en toda una mina de oro en otros países europeos. Por ejemplo, en el diseño y construcción de viviendas para adaptarlas a la longevidad de las personas; en banca, creando productos a medida de este colectivo; en nutrición, ofreciendo productos sanos que demandan los canosos; en viajes... «Ya no queremos ir a Benidorm, queremos un turismo activo, bajar por ríos revueltos... Ir a la Patagonia y ver qué tipo de comida hacen... Es una realidad totalmente nueva que no estamos viendo», explica Costas.

«Sí, le podemos dar la vuelta a una situación que parecía terrorífica [la del envejecimiento de la población]», añade Barros, quien reflexiona que «no es casualidad que Zara tenga una modelo de 53». Porque «esa generación quiere estar en su casa y cuando se tenga que ir querrá lo más parecido a ella, que no será una residencia, sino apartamentos», añade el directivo de Atendo, quien, durante un viaje para conocer la experiencia danesa, vio cómo se aplica allí la silver economy: «Allí ven a la persona, no los años ni la enfermedad».

«A axuda no fogar dáme a vida»

s. g. rial
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Más de 20.000 dependientes gallegos tienen auxilio en sus casas, toda una tabla de salvación

Jesús Vilas Pena, de Carballo, tiene 89 años, pero se le echan menos. Pasa los días en una cama articulada, desde la que ve la luz del día a través de la ventana, y de vez en cuando se levanta con imprescindible ayuda para poder caminar, despacito, por su piso, ayudado de muletas, y otras veces en silla de ruedas. Aunque esta no le gusta, aclara su hija, Lourdes.

Jesús lleva unos 40 años con graves problemas de movilidad, desde que sufrió una caída cuando trabajaba en un tejado, a la que después se sumaron otros problemas. Es uno de los más de 20.000 dependientes de Galicia reconocidos como tales por la Xunta y que reciben ayuda en sus casas para lo básico y necesario, y tras superar unos baremos. Algunos tienen una hora diaria, otros más, otros menos. A mayores, los concellos aportan más horas en libre concurrencia, un gasto elevado e imprescindible en una sociedad que envejece a pasos agigantados, al margen de que la soledad, la falta de apoyos o la imposibilidad de prestarlos lo hace crucial.

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