«A axuda no fogar dáme a vida»

Más de 20.000 dependientes gallegos tienen auxilio en sus casas, toda una tabla de salvación

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carballo / la voz

Jesús Vilas Pena, de Carballo, tiene 89 años, pero se le echan menos. Pasa los días en una cama articulada, desde la que ve la luz del día a través de la ventana, y de vez en cuando se levanta con imprescindible ayuda para poder caminar, despacito, por su piso, ayudado de muletas, y otras veces en silla de ruedas. Aunque esta no le gusta, aclara su hija, Lourdes.

Jesús lleva unos 40 años con graves problemas de movilidad, desde que sufrió una caída cuando trabajaba en un tejado, a la que después se sumaron otros problemas. Es uno de los más de 20.000 dependientes de Galicia reconocidos como tales por la Xunta y que reciben ayuda en sus casas para lo básico y necesario, y tras superar unos baremos. Algunos tienen una hora diaria, otros más, otros menos. A mayores, los concellos aportan más horas en libre concurrencia, un gasto elevado e imprescindible en una sociedad que envejece a pasos agigantados, al margen de que la soledad, la falta de apoyos o la imposibilidad de prestarlos lo hace crucial.

Es el caso de Jesús, que lleva al menos 12 años con esta ayuda. También la tuvo su esposa, ya fallecida. «Miña nai padecía de demencia, do corazón, rompeu a cadeira...», explica Lourdes, su hija, que también ha tenido, y tiene, serios problemas de salud, razón por la que es incapaz de prestarle una ayuda completa a su padre. «A min, o servizo de axuda no fogar dáme a vida. Sen el, non sei que faría, non quero nin pensalo», dice. Todos los días una auxiliar acude a su casa en torno a una hora. Se encarga de lo básico: «Érgueo, dúchao, cámbiao, faille o baño, límpao, córtalle as uñas... Todo. Estou moi contenta porque é un persoal moi experto», comenta.

Lo gestiona el área de Servizos Sociais de Carballo, un buen ejemplo de los cambios que ha ido experimentando esta prestación en los últimos años en todos los concellos. Hace tres lustros había dos personas para la atención directa, y ahora son doce, al margen de un contrato que se acaba de firmar con una empresa para cubrir bajas, vacaciones, ausencias... Carballo gastará 2,6 millones en los próximos cuatro años en este servicio, una cantidad que crece sin parar. En el municipio hay 109 usuarios en total, de los que 86 son por dependencia. Reciben 3.382 horas al mes de cuidados. En este mundo, la unidad de medida siempre son las horas, incluidas las de espera. La Xunta aporta 9,70 euros por cada una de ellas. En libre concurrencia hay 23 usuarios, con 190 horas (1,46 euros de aportación autonómica). Todo lo demás corre por cuenta de las arcas municipales, que han solicitado una bolsa más amplia de dependencia, pero lo hacen todos o casi todos. Ahí se van ahora los dineros en muchos casos, más que en las obras de antaño. También hay que pagar mucho material: grúas, camas articuladas, discos de transferencia...

Jesús tiene en su piso algunas de esas ayudas. También ha habido que hacer algunas obras en casa, como baños especiales o puertas correderas, y adquirir sillones con mandos. El gasto público es alto y el privado, también, lo mismo que el sufrimiento. «Eu quero que meu pai teña calidade de vida», dice la hija. Y la acepta con gusto. Aunque parezca increíble, a veces hay afectados que no la quieren, por vergüenza, desconocimiento o enclaustramiento.

También hay que sortear los miedos personales. No parece fácil que una mujer desconocida (o un hombre, pero en este caso son todas mujeres) desnude y limpie a un anciano. «Ao principio dábame algo de reparo, pero xa non», explica Jesús. Y lo corrobora su hija: «Non quería que lle axudase a rapaza, non, pero cambiou». El buen hacer, el tacto y el conocimiento son claves. La auxiliar que lo acompaña durante las fotos lleva diez años con ellos, y eso ayuda mucho. Hay confianza. Por eso no le gustan mucho los cambios, pero así son las cosas. Jesús también tiene alimentación a domicilio, el servicio de Xantar na Casa. Los martes recibe la comida del día y táperes para el resto de la semana, con ingredientes supervisados por el médico. Poca sal, siempre. También le gusta.

Para todo esto hay un copago, que va desde los cero euros hasta un máximo de cuatro por hora, en función de servicios, circunstancias e IRPF.

Rescatan a dos vecinos de casi 90 años caídos en el suelo de sus casas en Vigo

Dos vecinos de Vigo de 89 y 87 años fueron rescatados en el espacio de media hora durante la madrugada de ayer por la Policía Local. Las dos intervenciones tuvieron lugar en la misma calle, en el barrio de Coia. La primera acción humanitaria fue a las 2.35 horas en la calle Cangas. Una mujer de 89 años pidió ayuda desde el interior de su casa. Desde detrás de la puerta comunicó que estaba bien de salud, pero que no podía levantarse. Tropezó con una alfombra, cayó en el sofá y quedó encajonada. Los bomberos entraron por una ventana y abrieron la puerta. Solo 20 minutos después, un vecino de la misma calle, de 87 años, pidió socorro al 092 porque se había caído de la cama y tampoco se podía levantar. El equipo de rescate lo acomodó en la cama.

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