Galicia abraza ya la industria de las personas mayores

En poco más de un lustro, la «silver economy» moverá un negocio de más de 5,7 billones de euros y generará el 38 % del empleo en Europa. Bruselas quiere que se deje de ver a los jubilados como un lastre para identificarlos como una oportunidad. En la comunidad hay ejemplos de empresas con productos y servicios específicos para un colectivo cuyas demandas son cada vez más complejas


Redacción / La Voz

A la cara buena del mundo le han salido arrugas. Y más que le saldrán. Según las previsiones de la Comisión Europea, en el año 2060 uno de cada tres ciudadanos de la Unión tendrá más de 65 años. En España, en este grupo de población se sitúa ya el 26 % de la población, casi nueve millones de personas. En nuestro país, el ejército de los mayores prácticamente doblará su tamaño, hasta llegar a los catorce millones, en el horizonte de los próximos cincuenta años. ¿Y qué vamos a decir de Galicia? Hace años que la silueta de la pirámide poblacional inició en este rincón de la península una transformación que nos coloca, demográficamente hablando, al borde del colapso. En el 2031 la base de la pirámide se habrá estrechado aún más, y el peso se concentrará arriba, en el grupo de gente entre los 50 y 69 años. Para entonces, la población en edad de jubilación será un tercio del total de gallegos.

Quizás por eso, durante años se ha desarrollado contra los mayores un discurso rudo. El debate sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones no hace más que girar y dar vueltas en la agenda política, y eso ha hecho que alcanzar la edad de jubilación y cobrar una pensión haya pasado de ser visto como un derecho irrenunciable, a un privilegio que muchos temen no llegar a disfrutar. Durante mucho tiempo, los mayores han sido vistos como depredadores de fondos públicos de servicios sanitarios y farmacéuticos. Su imagen colectiva era la de una carga. Y, en cierto modo, sigue siéndolo. Aunque parece que la situación va a cambiar. Y lo va a hacer porque el colectivo de los mayores se ha convertido en un atractivo nicho de mercado.

Tan atractivo como el color de las canas. Ese tono plateado ha bautizado a la silver economy, un término que hace referencia al negocio que se genera en torno a las personas mayores. Es, para muchos expertos en la materia, la «economía del futuro». Un espacio de crecimiento que brinda una gran cantidad de oportunidades para quienes las sepan ver. Basta un dato para comprender la magnitud de esas oportunidades. Según recoge la Comisión Europea en un estudio sobre la silver economy, en el año 2025 las actividades dirigidas a las personas mayores generarán un movimiento de 5,7 billones de euros. Y lo que es más importante, generará alrededor de 88 millones de puestos de trabajo, el 38 % del empleo en Europa. 

 Esta realidad no ha surgido de la mañana a la noche. La esperanza de vida ha crecido. Y los jubilados han cambiado. En estos momentos, están pasando a engrosar ese ejército la generación responsable del baby-boom. Los protagonista de la última gran eclosión demográfica son ahora los responsables de la revolución de los mayores. Llegan a la jubilación tras toda una vida de trabajo, con los hijos ya criados y estudiados, con la casa pagada, dispuestos a disfrutar por fin de la vida. Y ni van a renunciar a sus derechos sociales -recuerden las grandes manifestaciones en defensa de las pensiones que protagonizaron no hace tanto tiempo-, ni se van a resignar a pasar los últimos años de vida mirando obras o tomando el sol sentados en un banco. 

El interés creciente

Los padres de los baby boomers vienen a dar aún más cuerpo a ese nuevo grupo social que quiere exprimir al máximo la «juventud madura». Cada vez son más, y cada vez gozan de una renta más alta, situándose como uno de los colectivos con más poder adquisitivo en España. Echemos, para comprobarlo, una mirada a nuestra realidad más próxima, la gallega. Viajemos al año 2011. Entonces, la mitad de los jubilados gallegos -los de más de 75 años- cobraban una pensión media que no llegaba a los 750 euros. Los ingresos de los grupos de edad más jóvenes -de los 55 a los 74 años- cobraban ya pensiones medias de entre 867 y 911 euros. En el 2017, más de la mitad de los pensionistas estaban por encima de los mil euros mensuales, y el grupo de más edad -de nuevo el que tiene unos ingresos más ajustados- supera los 760. Todos estos datos debemos leerlos sin perder de vista que hablamos de cifras medias, y que Galicia ocupa el vagón de cola en cuanto al montante de las pensiones que perciben sus jubilados: son las segundas más bajas de todo el país. Y, aún así, el gasto de las personas mayores en Galicia creció un 30 % entre el 2008 y el 2016, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

 El hecho de que las pensiones en Galicia hayan sido históricamente más bajas que en el resto del país puede explicar que, en este rincón de la península la silver economy esté aún iniciando su desarrollo. «Este es un país de viejos, pero desde luego no es un país para viejos», se lamenta Rosa, una maestra jubilada que no encuentra en el mercado demasiadas ofertas a su gusto. Las echa de menos, especialmente, en el terreno del ocio, aunque son muchos otros los terrenos que se pueden explorar.

 Esa queja, que se repite una y mil veces, tiene mucha base. Así lo aseguran desde algunas de las empresas que han decidido ponerse manos a la obra y empezar a dar a los consumidores sénior aquello que estos demandan. «El mercado no está preparado para afrontar esta avalancha, tenemos que ponernos las pilas», indican desde Porto Muiños.

Son muchos los ámbitos de actividad en los que puede florecer la silver economy. Así lo señalan todas las instituciones que se han parado a reflexionar sobre este fenómeno económico en ciernes. Porque los nuevos mayores demandan salud, demandan ocio, demandan nuevas tecnologías... Piden supermercados más cómodos, viajes personalizados más allá de los organizados por el Imserso, nuevas tecnologías que les faciliten la vida. Piden alimentos pensados para ellos, productos financieros que les garanticen una buena carrera final, nuevas fórmulas para mantener una vida independiente durante más años... 

Un reto para el mercado

Darles una respuesta adecuada exige, a estas alturas, la puesta en marcha de políticas específicas por parte de las distintas administraciones -Europa lleva ya tiempo en ello- y también cierta audacia empresarial. En ese sentido, hay sectores que parecen haber asumido con un vivo interés este reto. Es el caso, por ejemplo, de las industrias alimentarias. De la implicación de muchas de estas empresas en el desarrollo de nuevos productos «para el envejecimiento saludable» da buena cuenta el encuentro entre científicos y empresarios del sector que, a finales del mes pasado, se celebró en Vigo. En ese escaparate se dio cuenta de diversos proyectos que, financiados por distintas administraciones, intentan ahondar en las necesidades de un nuevo nicho de mercado y desarrollar productos que les den respuesta. Iniciativas como Serniorplus, Nutriage o AHGAVE han logrado implicar a un número creciente de firmas y cooperativas, como Kiwi Atlántico, Quesería Prestes, Daveiga, Bioselección, Montiño, Galifresh, Ecocelta o Povisa, Horsal...

Pero hay mercado mucho más allá de lo referido a la alimentación. Los expertos aseguran que las ofertas turísticas dirigidas a personas mayores no tardarán en eclosionar en Galicia, igual que ya lo han hecho en otros muchos lugares. Las empresas de cuidados seguirán creciendo y adoptando nuevas formas. Y el mundo de las nuevas tecnologías está también lleno de oportunidades para desarrollar todo tipo de aplicaciones que atiendan a las demandas de esas personas mayores a las que la vida aún tiene mucho que ofrecer.

Una mano amiga para hacer la compra o pedir cita en el médico

M. Blanco

Como con tantas y tantas buenas ideas, la empresa de Purificación Juanes Lolo surgió de una necesidad personal. Un buen día aterrizó en Lugo por cuestiones profesionales y se encontró con que no tenía a nadie en la ciudad que le echase un cabo con esas contingencias cotidianas de las que no resulta fácil escapar: hacer la compra, unos recados, ayuda en casa... Fue así como decidió crear RecadosLugo, una empresa de ayuda personal que ha encontrado en el colectivo de las personas mayores a muchos de sus actuales clientes.

«Nos adaptamos -explica Juanes- a todo lo que necesita el cliente. Lo acompañamos al médico o le pedimos cita en la consulta, le hacemos la compra o la comida, vamos con ellos al cementerio o los ayudamos con una gestión administrativa si es lo que precisan...» La empresa lucense se ha convertido en un aliado diario para muchas personas mayores, pero también para sus hijos o para las personas a cargo, que con frecuencia se las ven y se las desean para atender estas situaciones cotidianas por sus propias obligaciones profesionales.

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Un puente tecnológico entre quien da cuidados y quien los necesita

R. Estévez

El ourensano Ángel Castro está detrás de la aplicación Yo cuido

«Vivimos en un país envejecido. Actualmente, en España hay alrededor de dos millones de familias que necesitan a alguien que les eche una mano en casa, y la cantidad va subiendo porque, al final, cada año hay medio millón de mayores de 65 años más». Ángel Castro Villalón conoce muy bien la realidad de la que habla. Trabaja en el sector de los cuidados desde hace muchos años. Y quizás ahí esté la razón de que este ourensano sea el responsable de Yo Cuido, «la mayor aplicación que funciona en España para poner en contacto a las familias con los profesionales que puedan atender sus necesidades».

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Parques biosaludables que piensan en la mente

M. Blanco

Uno de los mantras de esta era es la necesidad de estimular el envejecimiento activo. Por motivos estrictamente éticos, un mayor más sano es obviamente más feliz. Pero también económicos: un mayor lozano y vigoroso consume muchos menos recursos sanitarios. Por eso las distintas administraciones llevan años alentando los hábitos saludables entre este segmento de la población. Y es en este punto donde aparecen los cada vez más populares parques biosaludables. Parque como los que crea la firma de Boiro Oziona, filial del grupo JJ Chicolino especializada en soluciones de entretenimiento.

La firma nació en el 2012 enfocada no solo en esta clase de productos, sino también en parques convencionales, instalaciones deportivas... Los biosaludables, eso sí, se han convertido en un segmento de negocio relevante dentro de la empresa. «Esto -explica el gerente, Luciano Fernández- vivió un primer bum entre el 2008 y el 2010, pero muchos de aquellos parques eran de no muy buena calidad, muchos se pueden ver oxidados hoy, e incluso estaban mal diseñados. Solo tenían máquinas para trabajar el tren inferior o el superior, algo que no tiene demasiado sentido».

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Alimentos hechos para un público veterano

R. Estévez

«En los supermercados hay lineales de comida infantil, hasta hay lineales de comida vegana, pero no hay lineales dirigidos a la gente mayor». La constatación de esa realidad ha llevado a la empresa Porto Muiños a embarcarse en una aventura: la producción de alimentos dirigidos, específicamente, a los mayores. Rosa Mirás es la responsable de ese proyecto, que no pretende elaborar productos «de farmacia o parafarmacia», sino productos de alimentación en los que tanto el contenido como el continente se adapten a las necesidades de ese grupo creciente de consumidores.

«El mercado no va al ritmo al que crece la demanda de este tipo de productos. Nosotros queremos abrir una brecha, abrir un nuevo mercado». Y también «colaborar» con un tipo de consumidor que parece cansado de ser invisible y que tiene que librar muchas batallas inútiles. «Muchas veces, las etiquetas de los productos están escritas en una letra tan pequeña que es difícil de leer, más para quien tiene problemas de visión. Y los frascos y los botes, en ocasiones, son muy complicados de abrir», relatan desde Porto Muiños. Así que ellos se han aliado con diseñadores y fabricantes para hacer unos envoltorios adecuados, «con un tamaño de letra legible y que sean sencillos de abrir». Y todo eso, obviamente, sin descuidar el interior, que es donde está lo realmente importante.

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Mimar el cuerpo y enriquecer la vida social sin salir del gimnasio

R. Estévez

«Desde que nos jubilamos, venimos al gimnasio. Hacemos una hora en la sala, y pasamos otro rato en la piscina». Francisco y su mujer van prácticamente a diario a las instalaciones de Serviocio en Vilagarcía. No son un caso único. Porque en este centro deportivo, el 19% de los usuarios tienen más de 65 años de edad. Lo cuenta Javier Magariños, el director de unas instalaciones en las que la presencia de personas mayores no para de crecer desde hace años. «Es una tendencia muy clara. Cada vez, la gente quiere cuidarse más. Y cuando dejan la vida laboral activa, apuntarse al gimnasio es algo que hacen mucho. ¿Por qué? Por un lado porque se cuidan, se sienten más saludables. Y por el otro, porque socializan. Charlan, se toman un café al salir...». Y todo sin prisa.

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