Garavilla y Sálica lanzan sus marcas Isabel y Campos con un sello único en el mundo, que garantiza buenas prácticas con el túnido, el medio ambiente y... los trabajadores
07 jun 2019 . Actualizado a las 16:02 h.No son precisamente los españoles los consumidores más exigentes al pedir garantías de una pesca respetuosa -en eso alemanes y nórdicos se llevan la palma-, pero sí van a ser los primeros en disponer en el mercado de latas de atún con un sello, único en el mundo, que garantiza que el túnido que hay en el interior del envase ha sido bien pescado. Tres veces bien capturado. Porque es producto de una pesca responsable y sostenible en su triple vertiente: medioambiental, económica y social. Esto es, que el atún ha sido extraído con buenas prácticas medioambientales, desde barcos cuya actividad pesquera está controlada -por satélite y con observadores a bordo-, que están en condiciones óptimas para hacerse a la mar, que cuentan con medidas de seguridad para su tripulación, y que lleva a bordo personal que recibe un salario por su trabajo, que no siempre es así.
Entrega de certificados
De todo eso da fe el sello AENOR Conform Atún de Pesca Responsable (APR). La secretaria general de Pesca, Alicia Villauriz, fue ayer testigo de la entrega por parte de AENOR de las primeras certificaciones de la cadena de custodia APR a las marcas conserveras Isabel y Campos, fabricadas por el Grupo Garavilla y Sálica, respectivamente. Ese distintivo abarca todo el proceso, desde su pesca en alta mar hasta su enlatado en las plantas conserveras y que alardea de que el atún ha llegado a la lata de una forma «responsable con el mar, las condiciones de empleo y la seguridad de la flota», resumen desde Garavilla.
Sálica no avanzó qué cantidad de producto colocará en los lineales españoles. Sí lo ha hecho Isabel. Con el flamante sello se lanzarán 500.000 unidades atún en aceite vegetal y atún claro en aceite de oliva virgen extra. Esta última variedad es la elegida por Campos para estrenar su certificación. Estrenar, porque tanto Garavilla como Sálica prevén, a medio plazo, distinguir toda su gama de referencias.
Porque, como dijo Juan Corrales, consejero delegado de la conservera vasca integrada en la italiana Bolton Food, «el medio ambiente y las personas constituyen el centro de la estrategia de responsabilidad social corporativa de Garavilla. No entendemos la sostenibilidad sin sus tres vertientes: la económica, la medioambiental y la social». Su homólogo de Sálica, Javier Arbaiza, también se mostró convencido de que la certificación por la que han peleado los atuneros españoles «supone un valor añadido, permite aportar algo más a nuestros clientes y demuestra nuestro compromiso con los consumidores».
El mismo precio
¿Y estos? ¿Lo notarán en el bolsillo? Según Garavilla, no. El consumidor podrá optar por atún de pesca responsable sin que sus costes repercutan en el precio final.
Un sello que distingue el producto de flotas controladas y seguras
Si son los españoles los primeros en disponer de esta certificación pionera es porque ha sido precisamente su flota atunera agrupada en Opagac (Organización de Productores de Grandes Buques Atuneros Congeladores) la que se ha empeñado en disponer de un sello con el que diferenciarse y marcar distancias con aquellas otras flotas que han hecho que la explotación de túnidos esté siempre en el punto de mira y bajo sospecha de sobreexplotación de stocks de túnidos tropicales... y de personas.
Por eso también son españolas las dos primeras conserveras a nivel mundial en obtener este reconocimiento que controla la trazabilidad completa de la pesca del atún desde su extracción en alta mar, así como la seguridad y salud de los pescadores, hasta la cadena de custodia en el procesado y distribución de las conservas en tierra.
Pero eso no quiere decir que la nacionalidad española sea un requisito obligatorio. El sello, voluntario, está abierto a todo el mundo. Solo es preciso someterse al proceso de certificación y cumplir los requisitos de todo aquello que avala AENOR Conform. El consejero delegado de la certificadora, Rafael García Meiro, hizo gala ayer de la satisfacción que para AENOR supone haber podido atender la demanda de quienes quisieron poner cuño al esfuerzo que venían realizando por la explotación sostenible. Una flota que, como recordó Villauriz, ha implementado un Programa de Mejora de la Pesquería, un Código de Buenas Prácticas y un proyecto, Sospesca, de formación de trabajadores del sector.