Leyendo el «código de barras» de los cefalópodos gallegos

Una tesis doctoral revela que en la ría de Vigo existen hasta 12 especies distintas e identifica dónde viven


redacción / la voz

Cuatro años observando a los cefalópodos han merecido un sobresaliente cum laude y mención internacional. Es la calificación que obtuvo la investigadora Lorena Olmos con su tesis sobre la ecología de las paralarvas de esta especie, la segunda que se defiende en el Instituto de Investigacións Mariñas de Vigo (IIM), dependiente del CSIC. El trabajo ha permitido mejorar el conocimiento científico sobre las primeras etapas de los pulpos, calamares y sepias que moran en la ría de Vigo y determinar en qué lugar exacto de la columna de agua.

Metodología novedosa

Olmos ha abordado el estudio con una metodología novedosa. Ha utilizado una multimanga para tomar muestras a diferentes profundidades, y técnicas moleculares innovadoras para identificar las crías como para estudiar su dieta. Y ese método le ha permitido identificar por primera vez todas las paralarvas de cefalópodos a nivel de especie, cuando antes, debido a su gran similitud, era imposible hacerlo por familia y esa clasificación «acarreaba dificultades para entender el ciclo biológico completo de las distintas especies y para dar respuesta a cómo les afectan las condiciones del medio marino a cada una», explican Ángel F. González y

Álvaro Roura, que dirigieron la tesis de la leonesa. Esta explica que, hasta ahora, se conocía la existencia de cuatro grandes grupos de paralarvas en la ría de Vigo -octópodos, loligínidos, omastréficos y sepiólidos-, pero gracias a la identificación genética o «código de barras de la vida», -barcoding, en inglés-, se sabe que además del octópodo por excelencia, el pulpo (Octopus vulgaris), hay tres especies de loligínidos: el chipirón (Loligo vulgaris) y dos de puntilla (Alloteuthis media y Alloteuthis subulata). La pota (Todaropsis eblanae) es la única representante de los omastréficos gallegos, mientras que existen hasta siete variedades de sepiolas (Sepiola pfefferi, tridens, atlántica y lingulata, Sepietta neglecta y Rondeletiola minor). Entre esas doce, dos descubrimientos: la Sepiola tridens es la primera vez que se encuentra en la ría de Vigo, pero, además, la Sepiola pfefferi nunca se había localizado antes en aguas de la península Ibérica.

Más descubrimientos: que las paralarvas de las diferentes especies pertenecen a la misma población. Y que pulpo y puntillas se pirran por los cangrejos decápodos, pero también tienen muchas más presas. Además, van cambiando de gustos a medida que crecen y según las condiciones ambientales, un conocimiento que puede ser muy útil para la cría en cautividad de la especie, puesto que la dieta es el punto débil del cultivo.

La tesis también ha descubierto que las tres especies de calamar están distribuidas de forma desigual a lo largo del año tanto en la ría como en la columna de agua. Las sepias, de las que se creían que permanecían en el fondo y no ascendían, resulta que suben durante la noche para alimentarse y desaparecen de día. Algo parecido hace el pulpo, que desaparece por debajo de los 5 metros, pero son constante en el resto de estratos.

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