La panadería de Sarria que superó varias pandemias y guerras

Uxía Carrera Fernández
UXÍA CARRERA LUGO / LA VOZ

SARRIA

De izquierda a derecha, Javier Fernández, Antía Fernández y Pilar García
De izquierda a derecha, Javier Fernández, Antía Fernández y Pilar García u.c.

Pallares suma 144 años de historia y una crisis más de la que salen airosos gracias a la innovación

03 dic 2020 . Actualizado a las 19:53 h.

Los hornos de Pallares, en Sarria, llevan trabajando desde 1876. Vivieron la gripe española, la Gran Guerra, la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, la crisis del 2008 y ahora la pandemia del coronavirus. Y no solo estuvieron presentes sino que las superaron con creces porque nunca estuvo cerrada. «La clave es adaptarse», resume quitándole importancia la propietaria de la panadería, Pilar García. Fue su bisabuelo el que inició este negocio, pero habla de su abuela como la mayor heroína. Los más de cien años de historia para Pallares no solo se quedan en un recuerdo, sino que las anécdotas todavía viven en Pilar.

«Mi abuela compraba harina en el estraperlo para abastecer a más familias»

La panadera sarriana tiene claro cual fue el peor momento por el que pasó el negocio. «Después de la guerra civil, vinieron unos años de cosechas malísimas y no había trigo ni centeno para poder producir». Al terminar la guerra, la abuela de Pilar se vio entonces obligada a conseguir harina en el estraperlo, de lo que ahora la panadera se enorgullece. «Era muy duro dar pan según la cartilla de racionamiento a familias numerosas; mi abuela se arriesgaba al máximo para que todos los vecinos pudiesen comer bien», cuenta. Actualmente las carencias han cambiado, ya no hay falta de producto sino de dinero por parte de los clientes. «Esta crisis es durísima, pero la panadería las ha vivido peores».

Pallares terminan este año con un bajón en los ingresos por la hostelería y la falta de peregrinos, pero sintiéndose «afortunados». No tuvieron que cerrar en ningún momento y sus 12 empleados siguieron trabajando sin pausa durante los nueve meses de pandemia. El principio fue lo más complicado, los vecinos acudían a la panadería a hacer pedidos enormes por el miedo al desabastecimiento. Un temor que ellos mismos tuvieron: «compramos trigo para medio año al menos». Por suerte, de momento no tuvieron ningún contagio. «Tocamos madera, porque una vez cierras por contagio, la gente tiene mucho miedo a volver».

Un pilar esencial para la estabilidad del negocio fue la venta online a domicilio, disponible para toda España. Pallares tiene contratada a una empresa de reparto, pero al tratarse de pan es un proceso complicado. Su convenio es de reparto de 14 horas, pero si hay algún retraso —algo común— , la comida se estropea. «Al ser un producto perecedero no podemos esperar a entregarlo hasta las 24 horas». Aun así, recibieron numerosos pedidos sobre todo de gallegos que residen fuera y no pudieron volver. «Echan de menos las empanadas», bromea.

«Tenemos suerte porque el relevo familiar ya está asegurado»

La encargada de conservar por otros tanto años la panadería ya tiene nombre. Antía Fernández, de 27 años, hija de la propietaria, estudió Trabajo Social en la USC, pero dejó el mundo para el que se había preparado para volver al negocio familiar.

La joven trabajó en protección internacional con los primeros refugiados que llegaron a Galicia. «Podría haberme quedado en la panadería desde el principio, pero necesitaba probar otras cosas para tener claro si era lo que realmente quería», explica. Y así resultó finalmente. Antía ahora acompaña a sus padres en Pallares y está estudiando panadería. Aunque tiene un puesto añadido: la tienda online. Controla los pedidos y se encarga de promocionar el negocio y establecer una relación con los clientes, por lo que está muy activa en redes sociales. Durante el confinamiento, por ejemplo, realizaron una campaña para niños con la que regalaban kits para hacer masa con un código QR que redirigía a Youtube.

Para llevar esta parte de la panadería de la mejor forma posible, Antía estudió cursos de márketing: «Para un negocio es muy importante». Cuenta que, a pesar de ser un negocio pequeño, reciben numerosos mensajes. En ocasiones, incluso es «excesivo» para un trabajo de una sola persona, lo que conlleva presión. Los tres integrantes tienen claro que su futuro está ahí por lo que agradecen que ya haya una figura para modernizar y dar una continuidad de calidad al negocio.

«La gente que prueba a hacer pan en casa se da cuenta de que no es tan fácil y valora al panadero»

maría J. fuente

El sector de la panadería vive de forma muy diferente las consecuencias de la pandemia en función de su tamaño y dedicación. Los establecimientos más grandes que surten a restaurantes, hoteles y cátering son los que más sufren con el parón de esos establecimientos. Los pequeños, por el contrario, incluso han aumentado las ventas. «La gente sale a la calle y al estar tantos locales cerrados acaba entrando en la panadería, sobre todo los fines de semana», dicen. La venta de bollería se ha disparado al hacerse los desayunos en casa. Es lo que detecta la Asociación Provincial de Panadería y Pastelería de la provincia, Aproinppa. Su presidente, Francisco Sánchez Bergantiños, rompe una lanza en favor de la hostelería, de la que dice «lleva 50 o 60 años sacando las castañas del fuego y se la trata como si fuera un subsector. Es todo creación neta de inversión privada sin un euro público, al contrario de lo que sucede en algunas grandes empresas».

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