De vinos por Lugo, en la época romana

La investigación de los restos de ánforas destapa importaciones del Mediterráneo oriental y apunta al desarrollo de una viticultura autóctona a partir del siglo II

Vasijas localizadas en las excavaciones arqueológicas realizadas en el exterior de la muralla romana en 1990
Vasijas localizadas en las excavaciones arqueológicas realizadas en el exterior de la muralla romana en 1990

monforte / la voz

Hasta Lugo llegaron en la época romana algunos de los vinos más codiciados del imperio. La hegemonía financiera entre las ciudades del noroeste de la que disfrutó la antigua Lucus Augusti en algunas etapas de su historia -fue centro recaudador de impuestos y canalizó la gestión de las minas auríferas- impulsó la importación de productos del gusto de una clientela foránea afín a la dieta mediterránea. Los restos de ánforas localizados en sucesivas excavaciones arqueológicas atestiguan el consumo de vinos de la península, pero también itálicos y griegos.

Entre estos últimos, los originarios de las islas de Rodas y Quíos -supuesta patria de Homero- serían un lujo al alcance solo de los paladares de las clases más pudientes. Algunos investigadores sugieren que el drástico descenso de las importaciones que se registró a partir del siglo II de nuestra era estuvo relacionado con una producción vitícola de ámbito local.

Ilustración del libro sobre «Las ánforas romanas de Lugo» con diferentes tipos de recipientes de los que se localizaron restos
Ilustración del libro sobre «Las ánforas romanas de Lugo» con diferentes tipos de recipientes de los que se localizaron restos

Coincidiendo con los veinticinco años de excavaciones en el casco histórico, la colección del Concello de Lugo Traballos de Arqueoloxía se amplió en el 2011 con un título que apenas tuvo eco fuera de círculos especializados. El libro conmemorativo de aquel aniversario, Ánforas romanas de Lugo: comercio romano en los Finisterrae, reconstruye el pasado de la ciudad desde la óptica del comercio con otras provincias del imperio y los gustos gastronómicos de sus ciudadanos.

Al menos de los que podían acceder a los vinos, aceites, salazones y frutos dulces que viajaban por la ruta marítima que conectaba las regiones mediterráneas y las atlánticas. «As ánforas, como recipientes destinados ao comercio marítimo, ilústrannos moi ben sobre as relacións comerciais da cidade, as preferencias dos seus cidadáns e mesmo as dificultades para acceder a determinados produtos», señala la arqueóloga Covadonga Carreño en la introducción.

También el aceite

El estudio de los restos de los diferentes tipos de ánforas localizados en la ciudad amurallada revela grandes similitudes con los hallazgos en otros enclaves del noroeste peninsular como Bracara Augusta (Braga) o Astúrica Augusta (Astorga). La antigua Lucus Augusti presenta, sin embargo, una particularidad que reforzaría la tesis del cultivo de la vid en territorios próximos. El porcentaje de ánforas de vino y de aceite es menor en Lugo.

Ese déficit «seguramente se contrarrestaba con la elaboración local de estos mismos productos», apuntan en el libro César Carreras y Rui Morais, especialistas en el estudio de este tipo de recipientes. «Los testimonios arqueológicos de estas producciones de vino y aceite local -argumentan- comienzan a salir a la luz, a partir de restos de lagares y prensas en contextos indígenas y romanos».

Lagar rupestre de Penalonga, en la zona vitícola del Bibei, dentro de la denominación de origen Ribeira Sacra
Lagar rupestre de Penalonga, en la zona vitícola del Bibei, dentro de la denominación de origen Ribeira Sacra

La hipótesis que sugieren estos expertos cobra actualidad a raíz de los últimos descubrimientos de grandes lagares excavados en la roca en enclaves de tradición vitícola del sur de las provincias de Ourense y Pontevedra, y de la Ribeira Sacra en menor medida. Algo que posiblemente tenga que ver con que también es la zona menos investigada de todas.

El descenso del comercio de productos envasados en ánforas desde la segunda mitad del siglo II hasta el segundo tercio del IV es una constante en las excavaciones realizadas en Galicia. La inestabilidad política del imperio romano durante esa etapa histórica afecta las principales áreas productoras de materias primas. Pero existe, al mismo tiempo, «un proceso de regionalización de la producción».

Esto explica que en muchas zonas «un buen número de productos básicos dejasen de ser importados al ser producidos in situ». «También se documentaron una serie de envases locales, seguramente de talleres próximos a la ciudad [de Lugo] que servían para contener líquidos. No sabemos qué pudieron contener, pero cabe la posibilidad de que alguno de ellos fuera vino», añaden Carreiras y Morais.

Barato y de autoconsumo

El arqueólogo de la Diputación de A Coruña Juan Luis Naveiro, autor del libro El comercio antiguo en el N. W. Peninsular, fue pionero en Galicia en este tipo de estudios, como subraya la publicación sobre las ánforas romanas en Lugo. La caída de las importaciones en el noroeste peninsular dio paso a una cerámica de consumo local. Naveiro no descarta que esta circunstancia tenga que ver con la expansión del cultivo del viñedo.

Otra cosa diferente es que los vinos autóctonos terminasen en la mesa de los emperadores, una creencia muy extendida pero carente por completo de rigor histórico. Todo indica que esos primeros vinos gallegos eran un producto de menor calidad, destinado al consumo local y a las clases menos favorecidas.

Vesubio, Falerno, Sorrentino y Quíos, el lujo en tiempos de Lucus Augusti

La investigación sobre las ánforas romanas de Lugo recopila hallazgos en veintisiete excavaciones urbanas que cubrieron más de 27.000 metros cuadrados. Parte de ellas se llevaron a cabo en el exterior de la muralla: San Roque, Recatelo, Loureiros, Rodríguez Mourelo, Ribadeo o Costas do Carme. La procedencia de estos recipientes pudo establecerse mediante el análisis de los materiales empleados en su fabricación y la reconstrucción de sus diferentes tipologías.

La mayoría de las ánforas fueron importadas entre finales del siglo I antes de Cristo y finales del siglo II, en una época anterior a la muralla en que la antigua Lucus Augusti experimentó un gran desarrollo urbanístico. Mayoritariamente, proceden de la Bética, del valle del Guadalquivir y de la costa gaditano-malagueña. También aparecieron ánforas de Lusitana, itálicas y del Mediterráneo oriental. Del tipo Haltern 70, la tipología más abundante, se expone una pieza en el Museo Provincial.

Ánfora de la época romana expuesta en el Museo Provincial de Lugo
Ánfora de la época romana expuesta en el Museo Provincial de Lugo

Existen recipientes impermeabilizados con un revestimiento interior de pez o brea, lo que según los expertos apunta a su utilización «para contener líquidos como el vino». Las excavaciones en Lugo sacaron a la luz, por otro lado, ánforas béticas de fondo plano catalogas como de uso vinario, junto con otra originarias del Mediterráneo oriental denominadas «rodias» que se fabricaban para el comercio de los vinos desde la isla de Rodas.

Con agua de mar

Aunque en menor medida, al Lugo romano llegaron variedades de ánforas que se empleaban para el comercio de los famosos vinos de Falerno (de la región de Campania), Sorrentino (viñedos de la falda del Vesubio) y de la isla de Quíos, más valorados por su calidad que los de Rodas en aquella época. Los restos de estos recipientes son escasos, circunstancia derivada del hecho de que se tratase de productos de lujo al alcance de muy pocos. Algunos de estos vinos eran dulces y en el proceso de fermentación se le añadía agua de mar.

Lugo también importó vino de la provincia Tarraconensis, a la que Plinio el Viejo dedicó grandes elogios. «Los viñedos lacetanos de las Hispanias son famosos a causa de la gran abundancia de vino que producen, pero los tarraconense y lauronenses lo son por su finura, así como los baleáricos pueden ser comparados con los mejores de Italia», escribe el historiador.

Relieve conservado en Roma en el que se aprecia el transporte en toneles mediante embarcaciones
Relieve conservado en Roma en el que se aprecia el transporte en toneles mediante embarcaciones

Pese a la creencia generalizada, las ánforas no eran el único recipiente destinado a la elaboración y transporte del vino en la época romana. «El rol comercial del odre y del tonel fue eclipsado por el ánfora», apunta la arqueóloga Élise Marlière en un estudio sobre esta cuestión. El protagonismo de la cerámica en las excavaciones estaría asociado a su mayor resistencia al paso del tiempo.

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