Marc Masip, psicólogo: «Nunca regalaría un móvil antes de los 16 años»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

LA TRIBU

Marc Masip es uno de ellos. Es psicólogo y experto en adicción a las nuevas tecnologías.
Marc Masip es uno de ellos. Es psicólogo y experto en adicción a las nuevas tecnologías.

El experto en adicciones a las nuevas tecnologías señala que los móviles «entorpecen la capacidad de relacionarse con el mundo real». ¿Cuándo es un peligro? Nos lo cuenta en esta entrevista

07 dic 2022 . Actualizado a las 10:35 h.

Uno de cada tres adolescentes en España hace un uso «problemático» de las redes sociales, según un informe de Unicef. El estudio, en el que participaron más de 50.000 estudiantes de la ESO, revela que el 90,8 % de los encuestados se conecta a Internet todos o casi todos los días, y la inmensa mayoría sienten alegría (96,9 %), relajación (81,6 %) o diversión (78,9 %) al hacerlo. De las conclusiones también se extrae una preocupación: el juego y las apuestas online, pues se estima que, aproximadamente, 70.000 estudiantes lo han hecho alguna vez en su vida, casi la mitad dijo que para ganar dinero. 

Es por ello, que son varios los expertos que alertan de los peligros que tiene una exposición temprana y sin acompañamiento. Marc Masip es uno de ellos. Es psicólogo y experto en adicción a las nuevas tecnologías. Además, es conferenciante e imparte charlas y talleres en colegios e institutos, así que está acostumbrado a ver este problema de cerca. 

—Según datos de Telefónica, el consumo de redes móviles en el 2021 creció un 26 % respecto al año anterior. Otros estudios, como el informe del Estado Móvil 2022, el número de horas que utilizamos los dispositivos creció, también, un 30 %. ¿Estamos más desconectados de la realidad?

—Sin ninguna duda. Al final, las tecnologías están hechas para ayudarnos a tener más herramientas y funcionar mejor, pero es verdad que con todo los rasgos adictivos que tienen, lo que están consiguiendo, más allá del mal uso que les da el ser humano, es que perdamos tiempo de vida, de otras cosas positivas, y por lo tanto nos desconecten de la realidad. 

—¿Por qué enganchan tanto? Para usted es necesario ponerle freno a lo que describe como «nueva alerta social». 

—Por un lado, por la necesidad social de pertenencia, de grupo, de admiración que venga de los demás. Se relaciona con la autoestima, las emociones o la tolerancia a la frustración, pero es evidente que son una auténtica droga. Yo siempre digo que es como la heroína, pero en el siglo XXI, es una droga producida para enganchar, para consumir. Lógicamente, es el ser humano el que toma las decisiones, pero hay muchísimos componentes adictivos que hacen que las consumamos cada vez más. 

—¿Podría darme un ejemplo de esos componentes?

—El scroll infinito es uno de los elementos más adictivos. En el sentido de que entras, y te pones a ver todo lo que te gusta según el algoritmo. Es difícil parar. 

—El diagnóstico de adicción al móvil todavía no existe. Sin embargo, sí puede causar un problema, ¿cuáles son los signos de alerta?

—Así es. Si bien con los videojuegos sí tenemos un criterio diagnóstico, en los móviles todavía no tenemos el diagnóstico en DSM5 oficial. Sin embargo, creemos que es una enfermedad, y que si no ha llegado es porque no se ha actualizado. Como señales de riesgo yo destacaría que haya mucho tiempo en aislamiento, que se utilice más de 4 horas al día, que se haga en sitios inadecuados, a deshoras, que suponga una falta o pérdida de dinero, que baje tu rendimiento escolar o laboral, y que si no lo puedes utilizar, te cambie el humor o te sientas con ansiedad, nerviosismo o malestar por no tenerlo. Todo esto hace que te aisles del mundo real, que pierdas interés en otras actividades, que tengas más conflictos familiares o sociales. O que solo haya faltas de educación. Por ejemplo, estar ignorando a alguien porque estás más pendiente del móvil que de esa persona, problemas de sueño, e incluso, en los casos más graves, de alimentación e higiene. Y, evidentemente, que te lleve a otros peligros como las apuestas. 

—Muchas familias se escudan en el buen uso del teléfono. De hecho, es algo que siempre se escucha por parte de los profesionales. ¿Qué implica un buen uso?

—La línea entre el buen y mal uso del teléfono móvil es muy delgada. Es cierto que nosotros siempre recomendamos que se utilice bien, y esto sería todo aquello que evitase generarnos dependencia, malestar o no poder actuar como debería, y que eso afecta en mi vida personal y cotidiana. Eso son señales. Sin embargo, la línea es tan delgada que es difícil tenerlo claro. No es lo mismo que tomar droga. 

—En uno de nuestros reportajes, contamos como la caída de Whatsapp podía provocar altos niveles de frustración porque hay personas que tienen miedo a perderse algo, o que no se atreven a hablar en el cara a cara. ¿Las relaciones por teléfono entorpecen las que posteriormente se producirán en carne y hueso?

—Sí, totalmente. En el caso de los jóvenes, pienso que les entorpece en cuanto a habilidades sociales, en el sentido de que no son capaces de relacionarse en el mundo real. En cambio, tienen muchas más aptitudes en el apartado tecnológico, lo que acaba causando una comunicación más falsa o cobarde, con menos herramientas interpersonales y que, en un futuro, les dificulta la capacidad para tener relaciones sanas y correctas. Por otra parte, con los adultos vemos que hay una sustitución de la comunicación en persona, por la digital. A través de la pantalla. Quedamos menos, y sustituimos los besos, los abrazos o las miradas por mensajes. Eso es gravísimo. 

—Algunos estudios sugieren que el uso excesivo del teléfono puede, incluso, hacer perder cierta memoria. Es raro que la gente sepa muchos números de memoria. 

—Tal cual. También se indica que nos puede hacer perder cierta capacidad de tener paciencia, porque estamos acostumbrados a tenerlo todo en el momento. 

—Los jóvenes entran al instituto con 12 o 13 años. A esta edad comienza, aproximadamente, la adolescencia. ¿Regalarles un teléfono móvil para esta nueva etapa es un error o un acierto?

—Hay diferentes teorías, y algunas que dicen lo contrario a mí son muy buenas. Sin embargo, para mí es un error. Yo nunca regalaría un móvil antes de los 16 años. Tampoco les dejaría utilizar redes sociales, porque no las necesitan para nada. Ni para tener amigos, ni familia, ni estudiar o funcionar. Además, no están preparados a nivel mental, en cuanto a maduración cerebral, para tener un arma de esta potencia. Sé que soy muy drástico, pero incluso Instagram, que es la red social, pone el mínimo de 16. 

—En consulta, ¿cuáles son los problemas relacionados con el móvil que más afectan por sexo?

—Vemos que los problemas de las chicas se relacionan más con Instagram y Tik Tok, y los chicos con los videojuegos. Es decir, a ellas les afectan más las redes sociales por la comparativa con lo que ven en ellas, especialmente con el físico, y los problemas de los chicos están mucho más vinculados al uso de videojuegos. 

—¿Qué consejos daría para utilizar bien el móvil en el día a día? Para muchos es lo primero que ven al despertarse, y lo último al irse a dormir. 

—Lo que estamos viendo es que España es el país dónde los adolescente tienen más adición a la red de toda Europa, un 21, 3 %. Esto quiere decir que no son capaces de utilizarlo bien.  Por eso mi consejo es que no tengan móvil hasta que toque. Dar otra recomendación no tendría sentido. Es decir, si alguien me dice que se lo va a dar, yo le digo que rece, porque con toda probabilidad irá mal. En primer lugar, porque lo dice la estadística y en segundo, porque es normal que vaya mal. A partir de ahí, está bien tener una vigilancia y  un cierto control. Pero este consejo no lo quiero dar yo, porque lo que digo es que no se lo den. Es como decirle a alguien que fume poco en lugar de no fumar. No funciona así. 

—¿Piensa que tendría que haber algún tipo de regulación estatal? No insinúo que se tome como ejemplo, pero China impuso una restricción del tiempo de uso de videojuegos. 

—Si. yo creo que la solución pasa por legislación, educación y formación. Es decir, poner leyes estatales que rijan el buen uso de las tecnologías, y educación para que sepan utilizarla. Por eso creo que se deben poner leyes estatales de forma inmediata que eliminen los elementos más adictivos de las redes. Y a partir de ahí, muchísima educación y pedagogía en adultos, y especialmente en profesionales, para que seamos capaces de formar a los jóvenes. 

—Lo que usted propone es un planteamiento complicado. Dice que no se deben utilizar las tecnologías, pero al mismo tiempo su uso aumenta en los colegios o en la demanda laboral. Es difícil educar en algo que al mismo tiempo se utiliza. 

Esa sería otra ley que tendríamos que cambiar. Sin ninguna duda. Si estamos fomentando que constantemente estén en uso, le estamos dejando en bandeja que en lugar de hacer mates se pongan a mirar otras cosas. Y un profesor, en una clase de 30, otra cosa que debería cambiar, no puede vigilarlo. Es imposible. El cambio que hay que hacer debe venir por varios ámbitos. 

Michel Desmurget es doctor en neurociencia y director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica de Francia.

Michel Desmurget, experto en neurociencia: «Las pantallas harán que los niños sean menos humanos en el futuro»

Lucía Cancela

Michel Desmurget es doctor en neurociencia y director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica de Francia. Su libro, La fábrica de cretinos digitales, deja muy clara su posición. Las pantallas, con uso recreativo, traen de todo menos beneficios. De hecho, considera que el abuso actual por parte de los niños es un problema de salud pública. Por ello, dedicó parte de su investigación a estudiar los efectos de la televisión, videojuegos, redes sociales y smartphones en el cerebro de los más pequeños. 

—En su libro menciona que el coeficiente intelectual de los niños de hoy en día, de los nativos digitales, es menor que el de generaciones pasadas. ¿Qué está pasando?

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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.