Ataques de pánico o ataques de ansiedad: ¿son dos cosas distintas?

SALUD MENTAL

¿Un ataque de pánico y un ataque de ansiedad son dos cosas distintas? Según los expertos, no.
¿Un ataque de pánico y un ataque de ansiedad son dos cosas distintas? Según los expertos, no. La Voz de la Salud | iStock

Cuando la ansiedad se sostiene a lo largo del tiempo puede desencadenar crisis con manifestaciones a nivel físico

05 ago 2022 . Actualizado a las 11:33 h.

Los ataques de pánico son una de las patologías que más frecuentemente afectan a la salud mental de las personas. Se trata de episodios súbitos en los que aparecen de manera impredecible y momentánea síntomas físicos acompañados de una sensación de angustia y miedo extremo. Los ataques de pánico son, efectivamente, una manifestación de la ansiedad, que es uno de los trastornos mentales más frecuentes.

Pero, recientemente, se ha puesto el foco en otro tipo de instancias desencadenadas por la ansiedad que, aunque se parecen a un ataque de pánico, no lo son. Hablamos de los llamados ataques de ansiedad, episodios que muchas personas reportan y que se caracterizan más por un nerviosismo extremo que por un sentimiento de temor o miedo. Sin embargo, desde un punto de vista clínico, la división entre ambos tipos de crisis no existe como tal. Se trata en realidad de dos posibles manifestaciones de un mismo fenómeno: la ansiedad.

«No hay ninguna diferencia entre ataques de ansiedad y ataques de pánico. Nosotros tenemos dos conceptos. Uno es ansiedad generalizada, y otro son crisis de pánico o ataques de pánico, o ataques de ansiedad, que sería el mismo concepto. No hay ninguna diferencia», sostiene la psiquiatra Marina Díaz Marsá, Vicepresidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica.

Ansiedad y otros demonios

«Una cosa es la ansiedad, que es normal y es una emoción que podemos sentir ante la posibilidad de una amenaza o ante la posibilidad de un estrés. El organismo, con un mecanismo adaptativo natural, permite ponerse en alerta ante estas situaciones y reaccionar de forma rápida y gestionar la situación. Cuando esta respuesta adaptativa es desproporcionada a la situación que la causa o se presenta sin que haya un peligro evidente hablamos de ansiedad», explica Díaz Marsá.

«Y estamos hablando de ataques de pánico, crisis de angustia o crisis de ansiedad cuando hablamos de la aparición súbita e inesperada de un miedo intenso que alcanza una gran intensidad en pocos minutos, suele durar entre diez y treinta minutos y va acompañada de un fuerte malestar, miedo, sensación de que va a pasar algo, miedo a perder el control, miedo a volverse loco. Se acompaña además de mucha sintomatología física. Palpitaciones, sudoración, mareos, dificultades respiratorias, náuseas, dolor de cabeza, inestabilidad», puntualiza la especialista.

Entonces, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de ataques de ansiedad? Tal como lo explica el psicólogo Eduardo Martínez Lamosa, del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia, «el concepto de ataque de ansiedad es más bien una forma coloquial que tenemos de referirnos a que de repente nos ponemos muy nerviosos ante determinada situación. Pero en realidad, el ataque de ansiedad no existe, no está clasificado como un trastorno concreto. El ataque de pánico sí que está reconocido como un trastorno mental dentro de la clasificación de trastornos mentales en general y se refiere a algo más específico y concreto. Es una presentación de síntomas mucho más específicos de lo que sería un ataque de ansiedad, que parece algo más abstracto y genérico».

«No existe una forma concreta de definirlo o percibirlo. Aquí cada persona puede entender lo que es un ataque de ansiedad a su manera. A lo mejor, puede que alguien tenga un ataque de pánico y lo manifieste con ansiedad. O a lo mejor, una persona se encuentra muy nerviosa en un determinado momento, a nivel físico o bien a nivel mental, y puede que diga: "Vaya, estoy teniendo un ataque de ansiedad". Pero al ser algo que no está reconocido, tampoco es que se pueda identificar totalmente a partir de síntomas específicos», señala Martínez Lamosa.

Aquí es clave, por lo tanto, reconocer los síntomas y acudir a un especialista. Si estamos experimentando molestias a nivel físico, puede que estemos teniendo una crisis o un ataque de pánico, y estos tienen que ser abordados por un profesional para que la situación no se agrave, ya que la ansiedad lleva a que esto ocurra cuando está sostenida a lo largo del tiempo.

«Al final se trata de una ansiedad progresiva y creciente en el tiempo que nace del no abordaje o no tratamiento de esa ansiedad. La ansiedad tiene diferentes grados. Puede ser leve, moderada o grave. Y si no la tratas, si la dejas a su libre albedrío, finalmente se va haciendo más intensa. La ansiedad mantenida en el tiempo puede producir depresión, entonces es importante tratarla para que no se agrave y que no aparezcan otros trastornos asociados a esa condición de estrés mantenido en el tiempo», advierte Díaz Marsá.

¿Por qué sentimos ansiedad de forma repentina?

«En realidad, todos los trastornos de ansiedad son los más frecuentes en la población. No hay ninguna persona que esté libre de que en algún momento le puedan ocurrir. Pero es verdad que hay personas que pueden precipitarlo con más facilidad. Los ataques de pánico son, quizás, de los trastornos más habituales que hay. Y sobre todo suelen ocurrir cuando hay un fondo de ansiedad y estrés sostenido en el tiempo», observa Martínez Lamosa.

«Cuando una persona está sometida a una situación de estrés que se prolonga mucho en el tiempo, es bastante frecuente que al final acabe manifestando ataques de pánico. Siempre que hay una preocupación importante que se alarga mucho en el tiempo, es muy probable que acaben precipitándose este tipo de problemas», insiste el psicólogo.

«Fundamentalmente, los trastornos de ansiedad se dan en la edad adulta. A veces aparecen de forma súbita, pero a veces son el resultado de un estrés mantenido en el tiempo o un conflicto emocional que permanece ahí y que el individuo no ha sido capaz de abordar. O sea que toda situación de estrés y todo conflicto emocional que el individuo no es capaz de afrontar pueden generar en determinado momento crisis de ansiedad o ansiedad generalizada», coincide Díaz Marsá.

Aunque el estrés es un antecedente de peso para desarrollar ansiedad, es cierto que puede haber, en algunos individuos, cierta predisposición por su historia familiar a sufrirla que no todo el mundo tiene. «Personas que tengan antecedentes familiares de crisis de ansiedad o trastornos de ansiedad, aquellas personas que tengan pocas herramientas para manejar sus emociones y su forma de abordar la incertidumbre y los problemas, y aquellas personas que tienen menos consciencia de qué cosas desencadenan su malestar», dice Díaz Marsá.

Abordaje

De modo general, el abordaje de esta ansiedad que produce manifestaciones físicas tiene que ver con tres momentos: antes, durante y después de la crisis. «Lo primero es diagnosticarlas y para eso, ante una situación en la que se presenta la sintomatología física variada, aparte de la sintomatología psicológica, hay que ver que no ocurra ninguna otra enfermedad orgánica que justifique esos síntomas. Ante un primer ataque de pánico o ansiedad se debe ir a urgencias o al médico, contar la sintomatología, hacer un electrocardiograma y una serie de pruebas para descartar que no haya ninguna causa orgánica que esté produciendo esa sintomatología. Una vez diagnosticada la crisis de pánico en función de que no exista otra alteración orgánica, hay que tratarla. Y el abordaje terapéutico incluye técnicas psicoterapéuticas y tratamiento psicofarmacológico a largo plazo», señala Díaz Marsá.

Prevención

Dado que el estrés sostenido en el tiempo es un factor de riesgo para desarrollar ansiedad y sufrir crisis o ataques de pánico, es importante contar con herramientas que nos permitan regular nuestro estado emocional y evitar que el problema se agrave. «Hay formas preventivas de atacarlo. Tratar de reducir nuestra carga de estrés, tratar de gestionarla mejor a nivel mental, practicar ejercicios de relajación y respiración que tendrían también una función preventiva. Si yo reconozco que estoy sometido a una situación tensa, de estrés, intentar lo antes posible y sin llegar al punto de tener un ataque de pánico, gestionarlo de alguna manera. Luego, todo lo que tenga que ver con hábitos de vida saludable, una buena alimentación, un buen sueño, ejercicio físico, también directa e indirectamente benefician bastante en la gestión de la ansiedad», recomienda Martínez Lamosa.

Durante una crisis

«En el momento de la crisis lo primero que hay que hacer es entender que eso va a pasar, que las crisis nunca duran eternamente, con lo cual eso nos da una sensación de control. Las crisis de ansiedad tienen un recorrido finito. Luego, respirar de forma consciente y lenta, oxigenando el cuerpo y haciendo inspiraciones y espiraciones profundas que lleven a la relajación. Es importante que estos ejercicios de relajación no solo se hagan durante la crisis, sino que se practiquen antes, para, en el momento de la crisis, poder utilizarlos de la mejor manera. También se puede tomar algún medicamento ansiolítico que rebaje la sintomatología en ese momento», propone Díaz Marsá, subrayando que, ante estas situaciones, es importante iniciar tratamiento médico para que el psiquiatra pueda recetar los fármacos acordes a las circunstancias.

«Hay que intentar no escapar de la situación, porque ese es un error que se suele cometer. Intentar permanecer ahí, pero permanecer intentando desactivar la ansiedad que hay en el cuerpo en ese momento», señala Martínez Lamosa.

«Sobre todo suele ser útil utilizar técnicas de respiración, porque cuando una persona está en un ataque de pánico, una de las cosas que pasan es que el ritmo de respiración que tiene aumenta todavía más la sensación de ansiedad. Si la persona consigue respirar de una forma más calmada, más pausada, es una forma de que el cuerpo se vaya desactivando. Y son técnicas fáciles de aprender. Respirar relativamente lento aunque estemos nerviosos es una de las cosas que más pueden ayudar», explica Martínez Lamosa.

Cómo apoyar a alguien durante una crisis

«Sobre todo, lo más importante es no agobiar. No estar encima de la persona para intentar ayudarla a tranquilizarse, sino estar acompañando, a su lado, pero concederle un poquito de espacio. Por ejemplo, podemos intentar ayudarle a respirar, explicarle cómo se podría mantener un ritmo de respiración adecuado. Intentar distraer a la persona de sus preocupaciones en ese momento. Porque, muchas veces, lo que ocurre es que cuando una persona está así piensa que le está dando un infarto o que se va a morir. Si ayudamos a que la persona se distraiga un poco, que no esté pensando en eso, es una forma de aliviar un poco el malestar», indica Martínez Lamosa.

Después de la crisis

Una vez que nos hemos calmado, es importante identificar cuáles han sido los desencadenantes del ataque, a fin de poder evitar que se repita. «Primero hay que identificar qué cosas desencadenan el malestar, saber afrontar las emociones y frente a ellas se pueden usar técnicas de reestructuración cognitiva destinadas a identificar y reinterpretar las cosas de otra manera de forma que el individuo no llegue a la sensación de indefensión aprendida, la sensación de que no puedes hacer nada ante una situación que te está desbordando, y, por lo tanto, a la crisis de ansiedad», aconseja Díaz Marsá.

«Se trata de hacer un abordaje mixto, tanto psicoterapéutico como farmacológico. Lo psicofarmacológico regula o revierte las dificultades neurobiológicas o los déficits que puede haber y el tratamiento psicológico te da las herramientas de manejo de la ansiedad para saber qué hacer cuando aparecen los síntomas, cómo identificar qué situaciones producen ansiedad y el individuo las enfrenta con miedo. El tratamiento siempre es combinado», explica la psiquiatra.

A nivel de hábitos, podemos incorporar estrategias que nos ayuden a afrontar la ansiedad en nuestro día a día. «Una de las cosas que más suelen ayudar es utilizar algún tipo de estrategia de reducción de la ansiedad. Técnicas de respiración o de relajación, por ejemplo. Yoga y mindfulness también son útiles para rebajar la tensión», recomienda Martínez Lamosa.

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pueden ser de índole conductual, emocional, cognitiva o física

El estrés crónico nos puede matar

Fernando L. Vázquez

Juan, de 51 años, directivo de una multinacional, tiene un hijo de 12 años al que le han diagnosticado una enfermedad grave, y está en trámites de divorcio. Desde hace unas semanas corren rumores de que van a despedir gente en su empresa. Últimamente, siente que el corazón le va a mil, está en un constante estado de inquietud y nerviosismo, se siente fatigado y tiene continuamente cefaleas. En el trabajo se distrae, está bloqueado ante determinadas decisiones que tiene que tomar. Ha perdido el apetito, consume alcohol para calmar los nervios, ha vuelto otra vez a fumar (lo había dejado hace un año) y a tomar pastillas para dormir.

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Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.