Theresa May, al borde del abismo

Llegó al poder con un aura de ambición y fortaleza pero dos años después se enfrenta a la censura interna de su propio partido


Fuerte, estable, segura, ambiciosa y pragmática. Así era vista Theresa May cuando, con 59 años, asumió al cargo de primera ministra británica en julio del 2016 tras la dimisión de David Cameron después de que el Reino Unido dijese «sí» al brexit en un referendo el 23 de junio de ese año. Una percepción que en poco más de dos años ha cambiado radicalmente. 

Partidaria del «remain», llegó a 10 de Downing Street de manera exprés como la guardiana de «la voluntad del pueblo» y con una gran patata caliente entre manos, la mayor quizás que ha tenido un líder político británico en los últimas décadas. Liderar la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Un divorcio que, ya a priori, no se presentaba nada fácil. Y, ahora se ha comprobado, está siendo muy difícil. 

Tras su veloz llegada al poder, sin una elección general ni una lucha con otros líderes conservadores, se mostró combativa y frases como «brexit significa brexit» dejaron claras las intenciones de Theresa May de conducir la salida del Reino Unido con mano dura. También ante Europa mantuvo esa posición fuerte y tras una entrevista con Jean-Claude Juncker aseguró que el político europeo ya se daría cuenta de que ella es «una mujer terriblemente difícil».

A nivel interno anunció una gran transformación en el Reino Unido. Sus seguidores y aliados la llegaron a comparar entonces con Margaret Thatcher. Pero esta seguridad y este espíritu combativo dieron paso en los siguientes meses a las dudas. Hasta el punto de que, en enero del 2017, la prestigiosa revista The Economist llevó a su portada un reportaje con el titular «Theresa Maybe» (Theresa Quizás), en un juego de palabras con el apellido de la premier británica que quería dejar en evidencia sus vacilaciones, tanto en la política interna como en el camino hacia el brexit.

En enero del 2017, después de medio año en el cargo, su estrategia para el brexit parecía cada vez más caótica, ya que seguía sin definirse en sus términos más vagos y eran más conocidos sus giros en «U» que su medidas.

Y llegaron otras comparaciones. Con otro antecesor, Gordon Brown. «Como ella, se mudó a Downing Street sin elecciones, en 2007. También comenzó con una reputación temible y grandes promesas. Y cuando quedó claro que tenía poca idea de qué hacer con el trabajo que tanto había codiciado, fracasó», decía The Economist.

Con el objetivo de reforzar su liderazgo y evitar escollos al brexit, adelantó las elecciones a junio del 2017. También en esa ocasión pasó del no en cinco ocasiones, rechazando ir las urnas, al sí. Y no logró su objetivo de fortalecer su posición, a pesar de las previsiones de las encuestas, ya que el electorado británico le dio la espalda tras una campaña que quedó más marcada por los asuntos internos que por el divorcio de la UE y su partido perdió la mayoría absoluta que tenía hasta entonces en la Cámara de los Comunes. La premier británica resultó «humillada», dijo el Times. Otros medios británicos hablaron de «desastre político».

Una debacle electoral que ha marcado los siguientes meses de Theresa May en el poder. Casi sola. Sin el apoyo mayoritario de los británicos, con parte de su partido en contra y con Europa dispuesta a no renegociar nada. Su plan para el brexit se ha convertido una complicada mezcla, un irse sin marcharse del todo, que no convence ni a los partidarios ni a los detractores de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. 

Tras semanas de especulaciones y después de tener que postergar esta semana la votación en Westminster del acuerdo del brexit para evitar una derrota, Theresa May se encuentra ahora en medio de una «guerra civil» en las filas conservadoras. Su propio partido le echa un pulso y ha abierto, con la convocatoria de una moción de censura interna, un carrera por una hipotética sucesión sin un claro favorito y en la que suenan tanto miembros de la actual Administración como voces discordantes con la actual línea política como Dominic Raab o Boris Johnson, según informa Europa Press.

En su primera reacción tras conocerse el proceso interno iniciado por su partido, Theresa May ha asegurado que luchará con todas sus «fuerzas» para ganar la votación.

«Debemos y cumpliremos con el voto del referendo (de junio de 2016) y aprovecharemos las oportunidades que hay por delante», afirmó, según informa Efe, la premier británica desde el 10 de Downing Street.

Recalcó además que está dispuesta a «finalizar» el trabajo de materializar la retirada del país del bloque europeo y subrayó que elegir en este momento un nuevo líder conservador supone un «riesgo» para el futuro del país, destacando que un nuevo dirigente no tendrá suficiente tiempo para reabrir unas negociaciones con la UE sobre el «brexit».

Las múltiples salidas del laberinto

C.P.

Las alternativas de Theresa May para las próximas semanas

¿Qué quiere Theresa May? Es la pregunta de oro que se hacen Bruselas y Londres. May tiene ante sí un abanico de posibilidades. En la balanza pesan su futuro político, el escenario terrorífico de una salida abrupta de la UE, el coste de revocar el divorcio y el mayor o menor apoyo de sus socios europeos para ceder a demandas de última hora. Estas son las salidas alternativas que May podría tomar en las próximas semanas.

Renegociación

Bruselas no tiene ganas. El aplazamiento del voto en Westminster se ha interpretado en Londres como una señal de que May acudirá a la cumbre del próximo jueves y viernes en Bruselas para renegociar los términos del divorcio. La premier podría solicitar a los Veintisiete más aclaraciones sobre el carácter temporal de la solución aduanera de emergencia diseñada para evitar la frontera dura entre las dos Irlandas. El texto legal estipula que los británicos deberán seguir alineados con las normas de la UE a falta de una solución viable. Si May consigue cambios ambiciosos en esta línea, podría recibir el apoyo de sus socios unionistas y de algunos conservadores reacios. El problema está en Bruselas. No hay apetito por reabrir el texto legal. May se reunirá con Juncker en las próximas horas para convencerlo y sondear la voluntad de las cancillerías europeas en la cumbre convocada ayer por Donald Tusk

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