El Celta vuelve a generar ilusión


Vigo

esborde, verticalidad y transiciones rápidas. El reencuentro es esperanzador. Pero en este deporte sabemos que lo que hoy es blanco puede pasar a negro con relativa facilidad. El Celta fue superior al Valencia, un rival que si bien es cierto también está a medio construir, que disparó por primera vez a portería superado el minuto 20 y que se encontró con un empate sin merecerlo. Pero este Celta parece haber reseteado su cabeza y alejado los viejos demonios de sus inseguridades. Perseveró y apoyándose en la acostumbrada genialidad de Aspas se volvió a adelantar en el marcador e incluso tuvo fuerzas para sentenciar, hasta que azotado por las circunstancias de los minutos finales no tuvo más remedio que defenderse y sufrir para llevarse tres puntos que saben muy bien. Dos partidos jugados y los vigueses han demostrado competir mejor que sus rivales.

La presión. El Celta defendió arriba y maniató a un rival que apenas fue capaz de enlazar la fase de iniciación con la de elaboración del juego ofensivo. Los celestes corrieron sin escaqueos y estuvieron activos tanto física como psicológicamente en la presión. Con Aspas y Emre como primera avanzadilla, Beltrán saltando a la presión, Denis cerrando en la ayuda y Tapia barriendo todo lo que caía por detrás los chés apenas elaboraron juego combinativo. El recurso del rival al juego directo tampoco creo problemas defensivos a un equipo en el que destacó un resolutivo Aidoo, el regreso del orden de Murillo y un Iván Villa que transmitió ante todo seguridad. Pero por encima de todo me quedo con la sensación de conjunto que ofreció el equipo en la fase defensiva.

El regreso. Una y otra vez hemos visto en el pasado como la construcción el juego celeste era anodina y predecible, vox populi. Pero el sábado en Balaídos… Nolito se pegó a la banda para partir desde ahí buscando las dificultades defensivas de Wass, Emre desbordaba entre líneas y Aspas, otra vez genial, buscaba ser la punta de lanza de un tridente que por momentos recordaba esa vieja afinidad, esta vez con Emre por Orellana, que parecía hacer jugar de memoria al ataque celeste. El primer pase hacia adelante y que corra el balón, tal vez una forma de atacar mas ajustada a las virtudes celestes.

La garantía. Tapia gusta. Y gusta porque es sobrio, intenso y es celoso guardián de su posición. Jugador que dota al equipo de un equilibrio y una intensidad defensiva necesaria sobre todo cuando los vigueses saltan a la presión. Barre por detrás, repliega sin descuidar su marca y es de aquellos de los que o el balón o…

La incógnita. ¿Será Emre Mor el mejor fichaje de la temporada? Cualquier respuesta estaría a buen seguro bien argumentada. El Celta, como decía, tenía carencia de desborde y esa parece ser la mejor cualidad del celeste. Pero de todos es sabido que en cualquier deportista de alto nivel son tan importantes sus cualidades psicológicas como las técnico tácticas. Ante el Valencia trabajó como nunca en defensa y en ataque aportó junto con Nolito ese desborde y descaro para recibir en las zonas donde realmente se genera peligro y se ganan los partidos. Apuesten entonces.

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