Gabri Veiga, una cabeza privilegiada

El debutante céltico suma a sus cualidades físicas una gran madurez


Vigo

Poco más de un año después de su debut en Segunda B, y siendo aún juvenil, Gabri Veiga disputó sus primeros minutos con el primer equipo del Celta frente al Valencia el sábado. «Se lo ha ganado. No regalo nada a nadie», sentenció Óscar García Junyent sobre el debut del porriñés en Primera en la rueda de prensa posterior al partido. Quienes han seguido sus pasos apuntan a que hace tiempo que venía anunciando que puede llegar alto, y que las cualidades que le han traído hasta aquí son las mismas que le deben conducir a lograrlo.

El coordinador del Porriño Baloncesto Base, Darío Méndez, cazatalentos del balonesto de la zona, tuvo noticia de Gabri cuando cursaba tercero de Primaria. No llegó a entrenarle, pero lo recuerda perfectamente. «Jugaba al baloncesto escolar en su colegio, Fernández López. Un mirlo blanco que se nos escapó», admite. Porque reconoce que estuvieron detrás de él un par de años, pero «ya jugaba muy bien al fútbol y al año siguiente fichó por el Celta, creo recordar», indica.

Su trayectoria en la base céltica —a la que llegó desde el Santa Mariña cuando tenía once años— la ha seguido de cerca el técnico vigués y excéltico Gabi Couñago. «En los últimos años vi muchos partidos de la cantera y es un chico al que se le ven unas grandes cualidades», recalca. Lo ha seguido especialmente desde que comenzó la etapa juvenil y el curso pasado en el filial. «Fue una sorpresa tremenda ver el nivel que daba con el Celta B. Fue de lo más destacado de la pretemporada del 2019», recuerda.

Lo que más le llamó la atención a Couñago de Veiga es que «técnicamente es muy dotado». «Tiene un despliegue tremendo, puede jugar tanto por dentro, que es donde más me gusta, como por fuera, donde también lo utilizaron los hermanos Montes», ahonda. Pero lo que más le sorprende es otro aspecto. «Además de las condiciones técnicas y físicas, tiene una madurez psicológica que le hace ser súper competitivo».

También a Méndez le llamaba la atención su madurez desde que era muy pequeño. «Si se hubiera inclinado por balonmano haría carrera también, era de esos que hiciera el deporte que hiciera iba a destacar», opina. Porque coincide en que sus cualidades van más allá de lo físico. «Era muy grande y físicamente muy bueno, coordinado, rápido, y muy buen carácter para competir», explica el técnico, que sí llego a entrenar a la hermana de Gabri, Noemí.

Méndez, que con los años perdió la pista del futbolista, tiene la huella de que «era ese tipo de niño que sabes que hay que ir a por él sí o sí y que acabaría haciéndolo bien». Llevaba una enorme ventaja con respecto a los demás. «Destacaba muchísimo comparándolo no solo con los de su edad, incluso con los de un año más», rememora.

Couñago cree que Veiga ha sido capaz de transmitirle generar seguridad y confianza en Óscar. «Decide ponerlo en los últimos diez minutos de un partido en que se juega la victoria. Y él mostró personalidad con un par de conducciones con mucho sentido cuando la elección más sencilla era jugar fácil», apunta. «Ya dijo Óscar que no regala nada, que jugó porque les parecía la mejor opción».

Dicho eso, Couñago considera clave que Veiga siga trabajando como hasta ahora y sea capaz de mantener los pies en la tierra. «Tiene condiciones para entrar en dinámica de primer equipo, pero hay que tener calma con él y no querer correr», recomienda. Su receta es ir paso a paso y «que siga pensando que es un jugador del Juvenil, que ese es su equipo y puede jugar con el filial, pero que no piense que su sitio es el primer equipo aunque tenga condiciones». Considera que debe tirar de lo que le ha caracterizado hasta ahora: «Debutar es un punto de partida. Ahora necesita tener más cabeza que nunca», avisa.

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