Las dietas más absurdas del verano

Las redes sociales son el caladero perfecto de regímenes alimenticios ridículos que, alertan los expertos, muchos jóvenes siguen a pies juntillas

De haber sido millennial, probablemente Isabel de Baviera tendría a sus miles de seguidores al tanto de su restrictiva alimentación, que en el siglo XIX le permitía mantener sus 50 kilos de peso y su cintura de 47 centímetros. Más conocida como Sissi emperatriz, subsistió durante años a base de caldo de carne cruda, que alternaba con revueltos de claras de huevos, y ocasionales atracones de tartas. Habrá quien piense que una dieta de estas características sería imposible que consquistara a nadie en su sano juicio. Sin embargo, más de 150 años después de que Sissi sometiese su cuerpo a semejantes tropelías aumentan planes tan absurdos y peligrosos como el que seguía esta aristócrata. Lo advierten los nutricionistas, ahora que acaba el verano y han visto de todo en consulta, y achacan principalmente al caladero de bulos que son las redes sociales el gusto de buena parte de la sociedad por las conocidas como dietas milagro. Aunque, palabra de experto, si lo que se busca es una maravilla divina, casi sería más efectivo darse un paseo por Lourdes.

El régimen basado en conseguir entrar en estado de cetosis se ha convertido, un año más, en el método escogido por muchos este verano para bajar unos kilos de peso del tirón a priori, sin demasiado esfuerzo. Basada en eliminar de la rutina hidratos de carbono (pasta, arroz, pan...), verduras y frutas, obliga al cuerpo a nutrirse de grasas. Esto supone, claro, un descenso considerable de peso en un tiempo casi récord. Sin embargo, recuerda la nutricionista Fátima Branco, «prolongar este tipo de alimentación en el tiempo puede tener consecuencias nefastas como mareos, posibles arritmias y, por la pérdida de calcio, hasta osteoporosis». Una jugada que dista mucho de ser maestra, como piensan algunos de los seguidores de esta dieta.

Pero para ideas peregrinas, y que menciona esta misma experta, la llamada «dieta de la luna», que invita a realizar un ayuno de 26 horas de alimentos sólidos con el cambio de fase a luna llena o luna nueva. Por su parte, durante el cuarto menguante y el cuarto creciente se realiza una dieta de 26 horas de alimentos blancos (potajes o batidos de frutas). Aunque tiene más adeptos de lo que les gustaría a los especialistas en nutrición, uno de los nuevos estilos alimentarios que más preocupa a los especialistas, precisamente por lo hondo que ha calado en la sociedad, es el plan detox. «Los influencers sucumben a las marcas que ofrecen estos zumos como alternativas a una alimentación saludable y muchos de sus seguidores caen en la trampa, en lugar de acudir a especialistas si lo que quieren es perder unos kilos», comenta Branco. Aunque han sido muchas las voces autorizadas que en los últimos meses se han alzado para contener el avance de estas dietas, lo cierto es que cantidad de millennials se fían más de la palabra de un rostro popular de Instagram que de la comunidad científica, pese a que esta garantiza que nuestro cuerpo ya tiene un mecanismo para depurar los excesos, sin necesidad de que intervenga una dieta plagada de batidos verdes que amenaza la estabilidad de nuestro organismo.

El peligro de las monodietas

Según Viki Lorenzo, nutricionista, el problema radica en que la sociedad «busca una solución inmediata al problema de los kilos sin pararse a pensar en qué pasa después de las dietas milagro». Y continúa: «Por eso triunfan las monodietas; es decir, aquellas en las que solo se consume un alimento: alcachofa, piña... Es cierto que con estos planes bajas de peso rápido, pero es porque pierdes líquidos, no grasa, y cuando vuelves a comer normal llega el efecto rebote por las carencias a las que hemos sometido al cuerpo».

En esta misma línea se mantiene la también nutricionista y farmacéutica Belén Suárez Catrain, que además explica que este año ha escuchado hablar más de lo que le gustaría acerca de la dieta piña-pollo. «Está muy extendida porque te deshincha completamente, pero es prácticamente inevitable que si te alimentas de uno o dos alimentos al final llegue la ansiedad y la necesidad de comer aquello de lo que nos hemos privado».

Pero, ¿qué famoso o famosa después de promocionar estas dietas habla de qué ocurre cuando vuelve a su alimentación habitual? Pocos ejemplos se les vendrán a la cabeza, por no decir ninguno; todo es de color rosa en el mundo 3.0. Pero no todo es culpa de la flor y nata de Instagram. Conocedores del funcionamiento del mercado, hay incluso páginas webs que se inventan que determinadas celebridades consumen determinados productos para enlazar un link de venta. Es el caso de la polémica que se generó hace unos meses con unas pastillas para adelgazar que supuestamente tomaba, y recomendaba, la presentadora Pilar Rubio. La madrileña desmintió el bulo que, pese a todo, aún circula por la red.

Qué comer y qué no en la dieta del chiringuito

Laura G. del Valle

En la recta final del verano aún estamos a tiempo a hacerlo bien sin abandonar la sombrilla de Camy ni la clara de limón. Solo se trata de, si vamos a comer en la playa con frecuencia, utilizar (aunque sea un poco) el sentido común

En verano mutamos. Y nuestra alimentación con nosotros. Lo que en invierno es un sacrilegio en la época estival se convierte algo plausible. Nadie se escandaliza ante la estampa de ver a familias enteras chorreando sudor, cantando entre bocados de paella y comiendo ataviados con gorras de Pegaso. Sin embargo, esto aplicado a noviembre o diciembre sería una falta de decoro total: ¿quién se sienta en un restaurante tras pegarse una carrera matutina sin pasar por la ducha? ¿y quién canturrearía alrededor de la mesa el último hit de Rosalía?. Cosas del verano. Y de los chiringuitos. Esos que invitan al disfrute y al salvajismo sin que nadie les ponga un pero; lo cual puede llevarnos a confusión en materia de alimentación. Tanto tiempo cuidando nuestra dieta para, de golpe y porrazo, dar al traste con los buenos hábitos día sí y día también entre las tentaciones propias de los restaurantes de playa. Para empezar porque en la mayoría de ocasiones no comemos de plato, sino de raciones, lo que nos hace acabar como Dinio por las noches con las cantidades: confundidos. Y para terminar, porque el relax y la jarana hacen que nos permitamos licencias que, de ser continuadas, pueden pasar factura. Así que vamos a intentar, de la mano de nuestra nutricionista Belén Suárez Catrain, separar el grano de la paja.

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