Estriptis en el «DOG»

GALICIA

Pilar Canicoba

Hacer público el patrimonio de los políticos ni garantiza la pulcritud ni la descarta

22 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

A pesar de su apariencia mojigata en el Diario Oficial de Galicia hay también erotismo, como lo demuestra el otro día la publicación desnuda del debe y el haber de los conselleiros de la Xunta. Se mire como se mire es un estriptis en el que el salaz voyeur puede deleitarse con patrimonios y préstamos de estas personas públicas. Igual que ocurría en la caliente transición con las revistas del destape, hay otros registros oficiales donde es posible disfrutar con la desnudez patrimonial de ministros, concejales y diputados. Así que en el futuro, cuando las noticias se publiquen con banda sonora, las de este tipo se oirán con la voz quebrada de Joe Cocker cuando canta otro estriptis, el de Kim Basinger en Nueve semanas y media, o quizá con la melodía de Gilda en los momentos en que se despoja del guante.

 Unos años más adelante se estrenó en la gran pantalla ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?, con Verónica Forqué y Jorge Sanz. Bueno pues, ¿por qué le llaman transparencia a lo que es tan solo morbo o marujeo? Kim o Rita no hacían lo que hacían por ser transparentes, sino por cumplir con el director. Y estos políticos lo hacen por exigencias de un mal guion escrito primero por dictadores y más tarde por populistas. Ambos se empeñan en presentar la política como una profesión con pecado original, siempre sospechosa, taimada, un nuevo «oficio de tinieblas» a la manera de Cela. Quien se interna en él, dicen sátrapas y agitadores, comen de la manzana prohibida y tarde o temprano caen en la tentación. De ahí que autócratas y demagogos no se consideren nunca políticos, sino técnicos o activistas pertenecientes a una aristocracia puritana que no se enfanga en la politiquería.

Esas contabilidades morbosas del DOG ni garantizan la pulcritud de los políticos ni la descartan. Verlos bailar la danza de los siete velos ofrece menos información que, por ejemplo, saber que con la nómina de uno de los cracs del Deportivo, equipo encallado en Segunda B, se podría pagar al presidente del Gobierno, al de la Xunta, a los regidores de las principales urbes gallegas, y aún habría un remanente para cuantiosas propinas. Mejor sistema para medir la honestidad era el seguido en un pueblo medieval inglés que pesaba a su máxima autoridad antes de acceder al cargo y al dejarlo, de forma que perdía literalmente la cabeza si había ganado alguna onza de más. Ahí lo dejo.

Un avance de la civilización consiste en hacer de la declaración de bienes un acto privado cercano a la confesión que, en lugar de pecados, relata rentas a la espera de absolución o penitencia. Privar al político de este derecho para someterlo a una exhibición impúdica es un legado de dictaduras y populismos destinado a los que, agnósticos o no, se refocilan pecando contra el sexto mandamiento.

Vuelve Nostradamus

El buen futurólogo procura alejar sus predicciones y envolverlas en una sabia ambigüedad. Con ello se protege contra los reproches que le hagan cuando sus augurios no se cumplan. Es lo que ocurre con Nostradamus, al que nadie puede demandar por sus fallos, y lo que sucederá con Pedro Sánchez y el Plan 2050. Hay serias posibilidades de que entonces ya no sea presidente del Gobierno, lo cual lo blinda contra cualquier crítica malintencionada. El manejo del tiempo es su gran destreza. No existe un Ministerio del Tiempo y aún así, cuando el presente se vuelve un agujero negro, se retorna al 1936 o se busca refugio en el 2050. Franquismo o futurismo son sus dos aliados fundamentales, los únicos que nunca le van a traicionar, ni van a exigir carteras. Ni en la política retrospectiva ni en la ciencia ficción tiene rival, por lo que tan solo habría que reprocharle su escasa ambición. ¿Por qué limitarse a un plazo de veintinueve años en lugar de ir más allá como haría Nostradamus? El futuro se puede inventar. Igual que el pasado.

La venganza de la geografía

711 y 1936 son dos años fundamentales de la historia de España. Ambos tienen su punto de partida en Marruecos, con dos caudillos como protagonistas. Tarik emprende desde la costa una conquista que abre un breve período de ocho siglos. Franco inaugura otro algo más corto pero parte del mismo lugar, pertrechado con fuerzas moras para iniciar lo que sus hagiógrafos llamaron reconquista. Entre una y otra fecha, innumerables acontecimientos españoles vinculados a los vecindario del sur, como el desastre de Annual del que se cumplen cien años y que fue la primera ficha del efecto dominó: dictadura de Primo de Rivera, desprestigio consiguiente de la Monarquía, llegada de la República y franquismo. Aun es temprano para saber si lo sucedido en Ceuta va a desencadenar otra reacción en cadena en la política española o la marroquí. Kaplan habla de la «venganza de la geografía». He aquí una de ellas. Tenemos el mismo vecino desde siempre, ante el que no hay que humillarse ni tampoco ofenderlo. Mejor lo malo conocido.