Hito para la historia de Alcaraz: gana en Australia a Djokovic y es el más joven con los cuatro grandes
DEPORTES
Con 22 años, el tenista español ya tiene todos los «grand slams» después de remontar un inicio complicado frente al serbio en Melbourne
01 feb 2026 . Actualizado a las 17:13 h.Desde que conocemos el tenis como el fascinante espectáculo que es hoy, con la creación de las cuatro cumbres más bellas en cuatro esquinas del globo, nunca un hombre había completado los cuatro grand slams siendo tan joven. Con 22 años y 8 meses, cerró este domingo la colección Carlos Alcaraz Garfia, lo que confirma por enésima vez el incalculable porvenir de su tenis, una mezcla de fuegos artificiales y arte sobre la pista. No hay récord que hoy se pueda considerar inalcanzable para un deportista exitoso en todas las superficies, dotado de todos los registros técnicos y con una fortaleza mental que le ha permitido ganar siete de sus ocho finales más importantes. (También eso), lo nunca visto. Esta vez en Melbourne se enfrentaba a lo real y a lo mágico: al descomunal palmarés de Novak Djokovic, el tenista con más majors de todos los tiempos, hasta 24, y al recuerdo de su inverosímil remontada del viernes, a sus 38 años, contra Jannik Sinner en la semifinal. Contra todo eso peleó el tenista español hasta imponerse por 2-6, 6-2, 6-3 y 7-5, después de tres horas y cuatro minutos, y agarrar su primer trofeo del Open de Australia. Lo añade a los otros dos que abrazó en cada uno de los otros tres grandes, Roland Garros, Wimbledon y el US Open.
Djokovic prolongó en el inicio del partido su fantasioso tenis del viernes. ¿Qué sucedió para que pusiese patas arriba la final y desquiciase a Carlitos durante media hora? Que las metió todas en una actuación muy parecida a un milagro. Jugó con semejante eficacia en la primera manga, que sobra añadir mucho más. «Con la derecha para arriba es imposible. ¡Imposible!», reconocía impotente Alcaraz. Pero semejante nivel de su rival, que solo cedió dos puntos al servicio hasta adelantarse por 6-2, no podía prolongarse mucho tiempo.
Y la lógica empezó a abrirse paso. Djokovic comenzó a fallar algo ante el mejor tenista de esta década. La impotencia era ahora suya, en un juego al que necesitaba añadía ocurrencias, mitad por falta de soluciones, mitad por propiciar un partido de menos desgaste que su maratón contra Sinner. El ejemplo, sus subidas a la red con segundos servicios ante un Alcaraz solvente para devolverle el 6-2.
Con solo una hora sobre la pista, Djokovic eligió irse al vestuario. A nadie le sorprendió. Solo algo más parejo estuvo el tercer set. Con el mismo patrón, y la suerte de que las nuevas normas del tenis permitan desde hace un tiempo los consejos de los entrenadores a los jugadores. «Tírale ángulos», le pedía Samuel López al tenista que había modelado hasta ahora Juan Carlos Ferrero. Al patrón de juego le añadía Alcaraz su picante. Con 5-3 y 40 iguales, dibujó una dejada de revés paralela que atentaba contra cualquier canon escrito. Y la dejó a tan solo unos centímetros de la red. Mágico. Unos segundos más tarde, había cerrado la tercera manga. Y Djokovic pedía la asistencia médica en su banco. A nadie le sorprendió.
Con el recuerdo de lo que le había sucedido a Sinner el viernes, y los diez títulos que había conseguido antes en Melbourne Djokovic, más que ningún otro tenista jamás, Alcaraz no se permitió ninguna desconexión pese al escenario amable. La reacción parecía improbable, pero... Otra vez la lección del viernes, el ejemplo de un deportista que jamás se ha rendido, probablemente el mayor competidor de la historia del tenis. Contra esa jerarquía de luchaba en realidad en ese instante Alcaraz, claramente superior por tenis y físico, ahora mismo, a Djokovic.
El cuarto set fue el más parejo y demoró la llegada de un break. En los tres anteriores, la primera rotura había definido al ganador de la manga. Y la primera oportunidad de rotura se la fabricó con 4-4 Djokovic, que la entregó con una derecha demasiado larga. Con ese fallo inesperado acababa de dejar escapar su última oportunidad. Alcaraz trazó una derecha cruzadísima al límite de las leyes físicas, aguantó otro intercambio de bombazos desde el fondo y gritó liberado por haber salido de un lío mayúsculo.
Djokovic ofreció más resistencia, hasta que Alcaraz festejó el último break, el cuarto set por 7-5, la final, el título, otra proeza... Con todo el mundo, ahora sí ya el planeta entero, con los cuatro grandes títulos, rendido a sus pies.
¿Y si ahora...?
Alcaraz une su nombre a un club en el que solo figuran leyendas irrepetibles del tenis, los elegidos que ganaron los cuatro grand slams, todos con más edad: Fred Perry, Don Budge, Roy Emerson, Rod Laver, Andre Agassi, Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. Y la afición que le sigue por todo el mundo ya sueña con un hito con el que nunca había podido ilusionarse tras el primer major del año, hasta ahora esquivo: ¿Será capaz de conquistar esas cuatro máximas cumbres en un mismo año natural? Solo dos mitos lo consiguieron, primero Don Budge en 1938 y después, con una doble hazaña en 1962 y 1969, Rod Laver, el genio que da nombre a la pista sobre la que este domingo cinceló otra gesta inolvidable.