Ventilación cruzada, ideal para las aulas según el CSIC

Ha publicado una guía con recomendaciones para la renovación del aire en las aulas

Profesora abriendo las ventanas de un aula en el IES Vilar Ponte de Viveiro a principios de octubre
Profesora abriendo las ventanas de un aula en el IES Vilar Ponte de Viveiro a principios de octubre

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha publicado una guía con recomendaciones y mecanismos para comprobar si la ventilación de un aula es adecuada, algo que depende de muchos factores. El volumen de la estancia, el número y edad de los ocupantes, la actividad que se realice e incluso la incidencia de casos en la zona son cuestiones a tener en cuenta, explican. Como referencia, para un aula de 100 metros cuadrados, con 25 alumnos de entre 5 y 8 años sería recomendable conseguir que el aire interior se renueve por completo unas 5 o 6 veces cada hora, establece el documento. Para lograr esa renovación del aire pueden seguirse distintos métodos. La ventilación natural, dicen, es el preferible, siendo más efectiva una ventilación cruzada, abriendo puertas y ventanas situadas en lados opuestos de la clase («en muy pocas ocasiones se alcanza la ventilación suficiente sin ventilación cruzada», incide la guía).

Si no se logra una ventilación natural suficiente, pueden entrar en juego los equipos de ventilación forzada, siempre optando por aumentar la toma de aire del exterior y reducir al mínimo la recirculación de aire del interior. Otra opción es purificar el aire, es decir, en lugar de renovarlo, eliminar las partículas y virus que pueda tener en suspensión. Para ello, recomiendan sistemas de filtración con filtros de alto rendimiento como los HEPA, y desaconsejan los ionizadores o los sistemas basados en ozono.

La guía reconoce, no obstante, ciertos problemas para la ventilación natural como el frío exterior y la falta de confort que provoca, la entrada de ruido o contaminación, e incluso que las condiciones meteorológicas adversas hagan «inviable» la apertura de ventanas, para lo que recomiendan «avanzar en las soluciones» y empezar a implementar sistemas de ventilación forzada y/o de purificación antes de que llegue ese mal tiempo incompatible con la aireación natural.

El documento también apunta a que, se utilicen las soluciones que se utilicen, siempre será necesario seguir usando mascarilla, manteniendo distancias de seguridad y contemplando las medidas de higiene necesarias. Y recuerda que el riesgo de contagio cero no existe, aunque las medidas de ventilación pueden reducirlo, al menos en lo que toca a la exposición de partículas en suspensión, los llamados aerosoles, que son susceptibles de contener el virus y provocar contagios, y que se acumulan durante la actividad lectiva (en más cantidad cuantas más personas haya en el aula, más alto se hable o más intensa sea la actividad física).

La guía recoge ejemplos para las distintas soluciones, pero también explica cómo comprobar la efectividad de los distintos métodos midiendo el CO2 presente en la estancia. Con todo, reconoce que algunos cálculos pueden ser excesivamente complejos, por lo que el documento elaborado, recuerdan, no sustituye el servicio de profesionales de la ventilación y el tratamiento del aire.

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