A Silva: 3 tanatorios para 500 vecinos

Una pequeña localidad de Cerceda acaba de inaugurar su tercer edificio mortuorio

Eduardo Manuel Ramilo Cancela, propietario de tanatorio Milagrosa
Eduardo Manuel Ramilo Cancela, propietario de tanatorio Milagrosa

carballo / la voz

En A Silva, un lugar de la parroquia de Rodís (tiene otros 37 más), en el municipio de Cerceda, hay 493 vecinos censados y tres tanatorios levantados. Costará trabajo hallar un caso similar en Galicia, y eso que los tanatorios empiezan a proliferar en las pequeñas localidades. No hay que alejarse mucho en la Costa da Morte para encontrar pequeñas localidades con dos, y desde luego empiezan a abundar los núcleos rurales que tienen uno, lo cual ya es una enorme transformación social para quienes se criaron en una aldea y solo contemplaban la opción de velar en casa o, con los años, en un núcleo poblado y relativamente cercano. En Carballo, por ejemplo, a apenas 14 kilómetros y con 20.000 habitantes en su núcleo, hay los mismos tanatorios que en A Silva, tres, aunque obviamente con más salas.

¿Muere mucha gente entonces en esta localidad? La realidad es que no. De hecho, durante muchos años, en A Silva coexistieron varias mujeres centenarias, y algunas de ellas llegaron a ser de las más ancianas de Galicia. Pero el lugar está en un cruce de caminos, con Ordes hacia un lado, Carballo hacia el otro y la carretera Muros-Sigrás justo en el otro eje, y eso facilita los flujos con localidades cercanas, aunque sean de otro municipio. Si solo tuviesen que vivir de los vecinos de A Silva, los tres tanatorios se morirían. Además, esta privilegiada ubicación vale para más servicios: en otros tiempos, en este lugar tuvieron éxito bares y hasta una gran discoteca que atraía a centenares de clientes de la zona. Es posible que muchos de aquellos usuarios acaben ahora siendo clientes de los tanatorios. Pero eso nunca se sabe.

«Tes que estar á última»

El último en abrir, no hace ni dos meses, fue el tanatorio Virxe Milagrosa, a cargo de Eduardo Manuel Ramilo. Tiene mucha experiencia en el sector, con otro negocio en la zona (Sofán, muy cerca) y uno que compartía en la propia localidad. De hecho, su padre fundó la primera funeraria de A Silva, en 1978.

Los tiempos han cambiado y no ha quedado más remedio que adaptarse a ellos. Lo de la rentabilidad ya es más complejo. «Facer un tanatorio é moi caro, e ademais as esixencias son enormes. Os requisitos legais, moitísimos. Vemos por aí nalgúns concellos que hai numerosos preitos a conta dos tanatorios, e iso xa dá unha idea de que non é doado. E tes que estar á ultima», explica.

En su caso, las instalaciones suman un total de 800 metros cuadrados, dos salas, todo con eficiencia energética y diseño bioclimático para el menor gasto posible. Nada de poner una cristalera y cuatro sillas. Hay tanatorios que parecen galerías de arte, como el de Dumbría (también unos 500 habitantes en su núcleo principal), con cuadros de autor. El de Ramilo tiene un diseño a cargo de un interiorista de prestigio y la luminosidad ha sido estudiada en detalle. ¿Pero compensa tanto esfuerzo, y además compitiendo en tan poco espacio con otros dos? «As empresas pequenas imos sobrevivindo. A rendibilidade mírase máis nas grandes cidades. Nas aldeas somos cómodos para a xente. Coñécente, hai un trato persoal, e vaste mantendo».

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