«Su madre me pidió que hablase con él, pero a los dos días murió de sobredosis»

alberto mahía A CORUÑA / LA VOZ

GALICIA

Chano Planas, Juan Carlos Bas y Manolo Planas, en el gimnasio al que acudía el malogrado Pablo
Chano Planas, Juan Carlos Bas y Manolo Planas, en el gimnasio al que acudía el malogrado Pablo ÁNGEL MANSO

Los amigos del joven coruñés fallecido se concentraron donde compró la droga para alertar sobre «la vuelta de la heroína»

27 nov 2018 . Actualizado a las 11:32 h.

La familia y los amigos de Pablo, el joven coruñés fallecido hace tres semanas víctima de una dosis adulterada de heroína, no se van a callar. No ya por Pablo, «sino por todos los Pablos que hay en nuestros barrios o entre nuestros allegados».

El sábado, después de asistir a un funeral en su memoria, se concentraron frente a la puerta del domicilio del traficante que le vendió la droga, en la calle Vicente Aleixandre, en el coruñés barrio de Monelos. Querían, con este gesto, apuntar con el dedo a uno de esos focos del menudeo en A Coruña. No desafiaron a nadie, porque la intención no era esa. Mantuvieron un minuto de silencio, solo interrumpido por aplausos, depositaron tres ramos de rosas blancas en el portal al que Pablo acudía a adquirir las dosis y se marcharon. ¿Por qué lo hicieron? «Porque es una auténtica vergüenza que sigan existiendo puntos de venta de droga como ese, que llevan 30 años vendiendo heroína sin que nadie haga nada», dice Manolo Planas, cuatro veces campeón de Europa y con cinco mundiales de kick boxing, quien conoció a Pablo en el gimnasio que regenta junto a su hermano Chano.

Porque este chico de 21 años «que siempre sonreía y que el primer día ya quería competir» era un deportista. Le encantaba entrenarse, pero de pronto, «sin que nadie pudiese ni imaginarlo, comenzó a abandonar el deporte y a no volver a entrenarse», recuerda Chano Planas. «La droga se lo llevó en tres meses», lamenta. Cuando en casa sintieron que Pablo ya no era el mismo, hablaron con él y con sus amigos, que tenía muchos. Casi todos, compañeros de gimnasio. Manolo Planas se emociona al revivir la llamada de su madre: «Me pidió que hablase con él, que lo notaba raro, que ya no quería ir a entrenarse. Lo llamé, pero ya no se pudo hacer nada. A los pocos días falleció».