El encarcelado por la confusión de una crema con droga exige al Estado «que pague por el error»

«He llorado mucho dentro de esos muros durante cuatro días y eso me lo tienen que resarcir», asegura


A Coruña / La Voz

Sin haber roto un plato, fue detenido, pasó una noche en el calabozo del cuartel de la Guardia Civil y fue enviado a la cárcel, donde estuvo cuatro días. Y perdió el trabajo. Pero lo que más le duele es que, un mes después de que archivaran el caso y todo se aclarase, «absolutamente nadie» se dirigiera a él para pedirle perdón o para darle una explicación.

Este cocinero de origen dominicano y afincado en A Coruña desde hace cuatro años dice estar «furioso». Cuando va por la calle y ve a un policía siente «terror», apenas duerme desde entonces y quiere que el Estado lo indemnice. ¿Con cuánto? «Le diré que no hay dinero que pague lo que he pasado. No sé todavía lo que mi abogado Rubén Veiga exigirá en la demanda. Pero quiero que paguen por el grave error», responde.

No logra sacarse de la cabeza el «infierno» que le tocó vivir el 1 de julio, cuando en el aeropuerto de Alvedro, en su regreso de las vacaciones en su país, fue detenido por la Guardia Civil debido a un fallo en el narcotest, un pequeño aparato que sirve para detectar narcóticos. La máquina encontró droga en un medicamento que traía de la República Dominicana para aliviar los dolores musculares. De nada le sirvieron sus explicaciones. La jueza lo envió a prisión y ahí estuvo encerrado cuatro días, hasta que el contraanálisis realizado en el laboratorio policial, ya con aparatos más sofisticados, descartó la presencia de sustancias tóxicas en la crema. El narcotest del aeropuerto había fallado.

Este hombre no entiende nada: «No puede ser que como prueba válida para enviarte a prisión sirvan los resultados de un aparatito que puede fallar, como fue el caso. Antes de arruinarle la vida a alguien, debería haber un contraanálisis inmediato. Como ocurre con las alcoholemias al volante, que a los conductores se les brinda la oportunidad de contrastar los datos del etilómetro con un análisis de sangre hospitalario», dice.

A día de hoy, más de 40 días después de que archivaran su causa, no sabe si continúa figurando como detenido en la base de datos policial. «Jamás he tenido incidente alguno con la policía, carezco de antecedentes y no he hecho otra cosa en la vida que trabajar, por lo que espero y deseo que la Guardia Civil me haya borrado de su base de datos, porque si no es así estarían cometiendo no solo otro error, sino un delito».

Todavía llora cuando rememora algunos de aquellos momentos que pasó en la cárcel. «Ya no sufro por mí, sino por mi familia. Imagínese por lo que también pasó mi madre, ya mayor, que está en España conmigo. Cuando se enteró, cogió ropa y me la llevó a la prisión de Teixeiro. No la dejaron pasar, pero se quedaron con la bolsa y le dijeron que me la entregarían. Pero salí antes y allí quedó. No pienso ir a buscarla. He llorado mucho dentro de esos muros durante cuatro días y eso me lo tienen que resarcir», aclara.

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