Con las alcaldías en el rabillo del ojo

La cercanía de las municipales, y el posible adelanto en Andalucía, va a contaminar todo el debate político

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santiago / la voz

Una de las principales referencias que tiene el PSOE en España, la de Felipe González, se ha convertido entre los suyos en alguien querido y denostado a partes iguales, porque nunca supo ser un buen jarrón chino ni destacó por morderse la lengua. De Pedro Sánchez dijo muchas cosas. Y algunas malas: «Dudo que tenga un discurso de más de media hora sobre España», le espetó en una revista francesa en el 2016, ganándose todavía más la antipatía de las bases sanchistas. Pero en Galicia, Felipe González fue mentado este sábado en positivo ante la atenta mirada de Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno y número dos del sanchismo militante. El atrevido fue Valentín González Formoso, presidente de la Diputación de A Coruña, que parafraseó a aquel Felipe de 1982 que le pedía a cada uno que se ocupara de lo suyo, y que lo hiciera bien, para que el país funcionara.

Y eso mismo es lo que pidió Formoso a los socialistas en su intervención en la comida de Oroso. Cada uno a lo suyo, que vienen las municipales, para que todo funcione. Y atención -avisó- no hay que conformarse con obtener representación en un concello. «O que temos que facer é gobernar», insistió, porque gobernar es el único medio que tiene la socialdemocracia para transformar la sociedad.

Las palabras de Formoso, pronunciadas en el acto de arranque del curso político del PSdeG, muestran las cartas y, más allá de la agenda institucional, de los debates del Parlamento o de las demandas planteadas a Madrid, a lo que miran los partidos por el rabillo del ojo es a la cita con las urnas, a la batalla por las alcaldías, donde muchos se la juegan al todo o nada.

Nadie está bien al 100 %

A diferencia de lo que ocurría hace un par de años, cuando el bipartidismo del PP y el PSOE mostraba signos de desgaste frente a fuerzas emergentes como Podemos o Ciudadanos, ahora nadie está bien al 100 %.

Desde la llegada de Sánchez a la Moncloa, al PSOE le empiezan a sonreír los sondeos, pero todavía sin despegarse con claridad de aquel nivel tan bajo de los 110 diputados firmado por Rubalcaba en el año 2011. Al PP le pasa factura la pérdida del poder y los escándalos de corrupción, pero la novedad es que las fuerzas emergentes muestran también signos de agotamiento. Ciudadanos es como una pompa de jabón, el aire favorable la hizo ascender, aunque el riesgo de explosión es latente. Y Podemos y sus confluencias, como la gallega En Marea, pasaron en muy poco tiempo de soñar con asaltar los cielos a despertarse en la realidad de solo una parcela de la izquierda, y a veces la más pequeña.

Esas son las coordenadas de fondo en las que se va dirimir la batalla por las municipales y europeas, que tendrán el añadido de que son también autonómicas en trece territorios. En Andalucía toca poner las urnas en marzo próximo, pero si se adelantan a noviembre -algo que entra dentro de lo posible- entonces el curso político que arranca este fin de semana se va a convertir, además, en una campaña electoral que va a durar nueve meses.

El juego en Galicia se va a dirimir por la capacidad que tenga el partido hegemónico, el PP, de mantener su posición. Desde la sombra de la carballeira de San Xusto, donde Feijoo abrió ayer el curso junto a Pablo Casado, el líder de los populares gallegos hizo un llamamiento para ir a más, para ganar en los 313 concellos y en las cuatro provincias.

Es una misión titánica, que sobre el plano tiene algún que otro agujero negro, como el de Vigo, porque lo cierto es que para pelear por la principal alcaldía de Galicia al PP se le dieron mejor los conselleiros de Fraga que los de Feijoo, pues tanto Manuel Pérez como Corina Porro lograron el bastón de mando, y Elena Muñoz se quedó muy lejos. Es posible que lo intente de nuevo, aunque la opción de López Veiga, dos veces conselleiro con Fraga, está en la recámara.

La batalla está todavía muy abierta. El PSdeG tiene que definir sus cabezas de lista en las ciudades en los próximos dos meses y con En Marea, que muy probablemente repetirá candidatos en A Coruña, Santiago y Ferrol, se verá si logra mantener el rumbo y evitar el desgaste, pese a la lucha encarnizada que libran el sector alineado con Luís Villares y el que se parapeta en torno a los tres alcaldes de referencia. En cuanto al BNG, su aspiración es la de resistir con la bandera en alto en un escenario mucho más fragmentado. Su líder, Ana Pontón, quiere ir por el carril sin tomar atajos, en la confianza que eso le ayudará a recuperar terreno. El tiempo dirá si lo logra.

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