Allí donde ser emigrante es la excepción

Hay morriña más allá de Argentina o Suiza. Países diminutos o exóticos tienen a gallegos entre sus vecinos

El ferrolano José Ignacio Ruano en la playa de Biavide, de Guinea Ecuatorial, junto a su «familia» africana
El ferrolano José Ignacio Ruano en la playa de Biavide, de Guinea Ecuatorial, junto a su «familia» africana

la voz / redacción

Argentina, Venezuela, Estados Unidos, Suiza, Reino Unido... Sí, territorios a los que ha llegado la emigración desde un rincón del noroeste peninsular. Pero también Emiratos Árabes, Grecia, Japón, Rusia, Sudáfrica o Guinea Ecuatorial acogen a ciudadanos gallegos que, por un motivo u otro, han acabado dejando su tierra.

Porque al final hay pocos lugares en el mundo donde la emigración gallega no haya llegado, aunque son muchos los destinos en los que el número de emigrantes apenas superan las tres cifras. Sus historias guardan peculiaridades y características en las que, solo por el hecho de estar en lugares tan remotos, merece la pena reparar. Estas son algunas de ellas, con nombre y apellidos.

Por ejemplo, la del ferrolano José Ignacio Ruano, que lleva cuatro años en Guinea Ecuatorial. En su caso, la salida de Galicia vino motivada por temas económicos. Desde que se ha asentado en ese país africano, se ha convertido en un nexo fiable para empresas españolas que quieren montar sus negocios allí; conoce a proveedores, también la legislación, y se siente cómodo en un territorio que le ha acogido y que «es como tener el Caribe a solo cinco horas de casa». José Ignacio empezó en el sector de la automoción, pasó al del ladrillo, donde coordinó la construcción de varios centros de formación pesquera; y actualmente trabaja para una firma que se dedica al abastecimiento de agua. La regularización de los visados le permite volver a España cada tres meses y mantener el contacto con su gente.

Senegal

Cinco años en la selva. Un poco más al norte, sin salir del continente africano, ha estado los últimos cinco años el lucense Roberto Martínez Orosa. Ingeniero agroforestal, vivió en la selva de Dindefelo, en un proyecto de la asociación Jane Goodall. Hace apenas un mes volvió a casa, pero no para instalarse definitivamente en su Viveiro natal. Busca nuevos proyectos para seguir creciendo personal y profesionalmente, manteniendo la vista puesta en África. Las opciones: el oeste de Liberia, Congo o la República Democrática del Congo, zonas todas con mucha biodiversidad.

Japón

Una vida en la diplomacia. Otro de los destinos más remotos y donde cuesta encontrar emigrantes es Japón. Aunque haberlos, haylos, 113 según el último balance de españoles residentes en el exterior que cada año hace el Instituto Nacional de Estadística. En una isla en la que no predomina la inmigración. La mayoría de expatriados se mueven por motivos sentimentales más que profesionales en un país en el que todo lo que huela a hispano levanta pasiones. Francisco Estévez Radío es un vigués que lleva fuera de Galicia desde 1977.

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Su primer destino, con solo 19 años, fue Londres. Allí se inició, en el Consulado de España, su relación laboral con la diplomacia española, la que le mantiene como funcionario en la embajada de Tokio. Y dentro de unos meses, allí mismo se jubilará. Casado con una japonesa y amante de la cultura de este lugar, antes de asentarse en Japón pasó temporadas en Houston (EE.UU.), San José (Costa Rica), Managua (Nicaragua), Puerto Príncipe (Haití) y Luanda (Angola). En Japón, cuenta que la colonia española está un tanto dispersa, aunque la mayoría de sus integrantes estén residiendo en la zona de Tokio y en sus alrededores. Por allí anda también Vanessa Rodríguez Bello, de 38 años y casada con un japonés apasionado por Galicia y su cultura. Ella trabaja en una firma nipona dedicada a promocionar la cultura española y toda su diversidad en Tokio, y también colabora con varias asociaciones «que se adican direta ou indirectamente coa difusión da cultura galega na capital», detalla.

Vietnam

Un destino para deportistas y para mucho más. No solo es cuestión de trabajo o de pareja. El deporte es otro de los motores que han movido a los emigrantes gallegos a países exóticos de Asia. Un ejemplo: el entrenador de fútbol sala chantadino Héctor Souto. Lleva cinco años en Ho Chi Minh. O el redondelano Juan Puertas a quien, tras jugar en Kuwait, Croacia e Italia, el fútbol sala le ha llevado a cumplir el sueño de visitar un país que siempre le había resultado atractivo. En su capital, Hanói, también lleva cinco años el pontevedrés Álvaro Graña. Da clases de español en UNIS Hanói, una prestigiosa escuela internacional que la ONU tiene en la capital vietnamita. Como otros, un trotamundos: antes ejerció la docencia en Estados Unidos, Taiwán o Kuwait.

Kuwait

Una oportunidad laboral en alza. En ese pequeño país petrolero vive desde agosto del 2016 Verónica Ouro. «Si me dices hace tres años que iría a parar aquí no me lo creería», reconoce. Diseñadora de ropa, recibió una oferta de trabajo a través de una red social. Detrás había unas condiciones más que interesantes, y no le hizo falta pensarlo dos veces.

Verónica Ouro se fue hace dos años a Kuwait para trabajar de diseñadora para una marca de moda infantil
Verónica Ouro se fue hace dos años a Kuwait para trabajar de diseñadora para una marca de moda infantil

«A los españoles nos respetan y admiran mucho y se nos trata bien, aunque no somos una comunidad muy grande». Es diseñadora de moda de niñas en una marca que está creciendo mucho en Oriente Medio, «un Zara a menor escala, y a lo árabe», explica de forma muy gráfica. Su vida allí es totalmente diferente a la que llevaba en Galicia, y recuerda unos inicios muy duros: «Mi primer día en Kuwait se registraron 54 grados, ese mismo día enfermé por el shock térmico». Ahora está más habituada. Habituada es la palabra, porque «uno nunca se acostumbra», confiesa. Verónica dice que ser mujer no le ha supuesto ningún problema en un territorio como este. Llegó al Golfo Pérsico con la idea de pasar un año, coger experiencia y ahorrar; y ya lleva el doble de tiempo, y sin fecha de salida. «Venir ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, pero tampoco creo que Kuwait sea un país para echar raíces».

«La distancia con la familia ya no se puede medir en kilómetros»

María sancho vive en Grecia desde el 2001 y a sus hijos les encanta Galicia
María sancho vive en Grecia desde el 2001 y a sus hijos les encanta Galicia

«Estoy en el epicentro de la geopolítica mundial y con opciones de hacer coberturas que en otro canal serían impensables», dice la periodista viguesa María Rodríguez Abalde, que va camino de los nueve años en Moscú. Presentadora de informativos de Rusia Today, forma parte del equipo que puso en marcha este canal informativo en español. Su trabajo la llevó a cubrir desde Caracas el fallecimiento de Hugo Chávez, los atentados yihadistas desde París o las elecciones brasileñas. «De no estar aquí, sería impensable». Cuenta que la Rusia que se encontró al llegar no tiene nada que ver con la de ahora. «El choque cultural, con costumbres y tradiciones conocidas y desconocidas, los eternos y deprimentes inviernos y entender muchas cosas al mismo tiempo era todo un desafío que creo he salvado», asegura. Describe a su país de residencia como las célebres muñecas matrioska: «Estaba cerrado y ahora se va abriendo pieza por pieza». Más allá de su trabajo, su círculo de amistades lo forman sobre todo españoles, aunque también tiene grandes amigos rusos. Con ellos ha conocido la trágica historia de un pasado no tan lejano. «En la Segunda Guerra Mundial murieron 25 millones de personas; todos mis amigos tienen algún familiar muerto en aquella contienda. Hay que conocer muchas cosas para entenderlos sin juzgar», afirma.

Polonia

Oportunidad de futuro. Algo similar ocurre en Polonia, que hoy acoge a jóvenes y empresas europeas por su situación geográfica, su estabilidad económica, mano de obra barata y un atractivo sistema fiscal. Allí está desde hace meses otro periodista gallego, Manuel Valiño, que dejó A Coruña hace 14 años. Antes pasó por Madrid y por Ámsterdam. Ahora trabaja para la rama polaca de una compañía noruega en la que, aunque abundan los nativos, también hay gente de España, Suecia, Rusia, Bielorrusia, Austria y Dinamarca. Y subraya que allí «se preocupan enormemente de que los nuevos empleados, sobre todo los de fuera, estemos a gusto».

Grecia

Emigradas por amor a Grecia. El país mediterráneo al que cada día llegan cientos de inmigrantes que huyen de Siria intenta asomar la cabeza del pozo. Setenta y cinco gallegos viven allí, según el último balance del INE. Y muchos comparten un mismo nexo: el amor. Elena Freire está casada un griego al que conoció hace 40 años en Ferrol. Reconoce que no fue fácil dejarlo todo, pero poco a poco se fue acostumbrando. «Hoy en día ya formo parte de este país, aunque siga sintiendo morriña y sin poder escuchar música gallega, porque lloro desconsoladamente». María Sancho conoció a su marido en 1996 en Mánchester y vive en Grecia desde el 2001. «Las posibilidades laborales entonces -rememora- pintaban un poco mejor que en España». Desde hace 14 años tiene una academia de idiomas y trabaja en el Instituto Cervantes como examinadora de español. Similar es el caso de María José Castro, de A Guarda (Pontevedra). Casada con un griego, lleva 30 años en Tesalónica, donde trabaja de profesora de lengua y cultura española: «No creo que profesionalmente estuviera mejor en Galicia». Hace unos años, la crisis le hizo plantearse la vuelta a España, pero ahora ya no está en sus planes. «Por lo menos hasta que me jubile», matiza. A lo largo de tantos años, ha aprendido a quitarle importancia a la distancia: «La relación entre los miembros de la familia no tiene que ver con la distancia en kilómetros. No estamos juntos, pero seguimos unidos, y también conectados».

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