La burocracia no tiene exclusividad

Los excesos de la Administración son un problema también en Europa, desde grandes potencias a pequeños países

Colas para realizar trámites burocráticos en Grecia
Colas para realizar trámites burocráticos en Grecia

REDACCIÓN / LA VOZ

El «vuelva usted mañana», los retrasos o la falta de coordinación entre Administraciones no son exclusivos de España. Desde las grandes potencias como Alemania o Francia, hasta un país comparable como Italia, hasta uno que está renaciendo, Portugal, se constata que la burocracia se sigue imponiendo, pese las nuevas tecnologías. 

Alemania

Sin coordinación entre Administraciones. Pese a lo que pueda aparentar, la primera potencia europea goza de un sistema administrativo extremadamente complejo, pesado y ancestral. Ello se debe a la paranoia de los alemanes por la falta de seguridad en Internet, la necesidad, por encima de todo, de proteger el derecho a la privacidad de datos, y la mala coordinación entre las autoridades federales y estatales. El resultado es que los sobres y sellos se imponen aún a las soluciones digitales, salvo cuando se trata de realizar una transferencia bancaria para pagar impuestos o una sanción de tráfico. Algo similar a lo que sucede en España. Eso sí, a la hora de recurrir multas o tramitar licencias de cualquier tipo hay que ponerle muchas ganas: son procesos que pueden prolongarse entre meses, para el primero de los casos, y años, para el segundo. Además, a menudo hay que dirigirse a la ventanilla de oficinas municipales o regionales, abiertas al público solo en días y horarios muy concretos. No es de extrañar que lo más complicado sea solicitar beneficios sociales o asilo. Ya antes de la crisis migratoria del 2015, la cola para acceder a la Oficina de Extranjería de Berlín daba la vuelta a la manzana cada día. 

Portugal

La solución, en el cajero. Las medidas para reducir y aligerar la burocracia en Portugal no han surtido gran efecto. En el caso de la sanidad pública, el tiempo de espera para pruebas u operaciones continúa siendo enorme, y no digamos en los centros de salud, aunque se tenga la cita marcada. La casi nula contratación de médicos, enfermeros y personal administrativo en los hospitales cronifica esta situación. Al sur del Miño, la declaración de la Renta se puede hacer digitalmente desde hace varios año, con un sistema muy sencillo. Lo mismo ocurre con declaración de IVA, la emisión de facturas para los autónomos y empresas o el pago de multas. Sin embrago, aunque se ha agilizado algo el ultimo lustro, los contribuyentes lusos tienen que esperar bastante más que en España para que la Hacienda lusa devuelva en la Declaración. Aunque si hay algo que funciona bien en Portugal, y agiliza muchas gestiones diarias, es la red de cajeros automáticos, Multibanco, a la que pertenecen todos los bancos. En Portugal es muy habitual hacer transferencias de todo tipo en los cajeros, comprar billetes de avión, tren o autobús; cargar bonos de transporte; o pagar impuestos a través del Multibanco. 

Francia

La oficina de correos para todo. Desde el 2016, Francia ha puesto en marcha el pago de impuestos a través de Internet, y ahora, con Emmanuel Macron en el Elíseo, el país irá aún más lejos: a partir del próximo enero, los franceses que lo deseen podrán descontar los impuestos de su salario mensual, en lugar de pagarlos anualmente. A través de un sistema 100 % on-line, los contribuyentes podrán consultar cuánto pagan al mes, e incluso personalizar su perfil para que la cantidad se ajuste perfectamente a su situación familiar y laboral. Un paso de gigante para un país en el que para cualquier simple gestión es necesario pasar por correos: desde abrir una cuenta en el banco a obtener ayudas a la vivienda o una tarjeta de la seguridad social. Este último proceso es un auténtico rompecabezas, en particular para los extranjeros, que deben contar con al menos seis meses de idas y venidas por correo hasta recibirla. Mientras tanto, los gastos médicos son facturados, y la única manera de hacérselos reembolsar es echar la carta en el buzón de correos... y rezar para que no se pierda. 

Italia

Más de 100 documentos para abrir un negocio. La burocracia en Italia es una gran mole a dos velocidades. Mientras los últimos Gobiernos han impulsado la digitalización de muchos servicios, promoviendo la identidad digital de los ciudadanos -con un simple clic acceden al cambio de médico o el pago de multas e impuestos-, en otros aspectos la Administración sigue actuando a la vieja manera, lo que coloca a Italia entre los últimos países de Europa en modernización de sus servicios, solo por delante de Grecia, Hungría, República Checa y Eslovaquia. La burocracia es defensiva, con funcionarios que aún piden documentos en papel porque «nunca se sabe»; o no toman decisiones, pasando la pelota a sus superiores. A esto se suma la falta de transparencia y la corrupción. Si solicitar un certificado de residencia lleva pocos minutos, conseguir una ayuda familiar o una pensión de orfandad supone varios meses de espera. Lo mismo ocurre con la apertura de una actividad económica: para abrir un salón de belleza se llegan a pedir 118 documentos de varias administraciones. 

Con información de Patricia Baelo (Berlín), María Signo (Roma), Alexandra F. Coego (París) y Begoña Íñiguez (Lisboa)

Los gallegos consideran injustificable la espera por dependencia y sanidad

mario beramendi

Toleran mejor aguardar por el cobro de un impuesto o por una licencia de vado

La espera para lograr el reconocimiento de una discapacidad, para obtener la ayuda de la ley de dependencia o para ser atendido en la sanidad pública constituyen, para la mayoría de los gallegos, los tres retrasos más injustificables en sus relaciones con la Administración pública, unos servicios que los ciudadanos financian con sus propios impuestos. Esta es la principal conclusión que se desprende de una encuesta de Sondaxe elaborada para La Voz.

En una escala de cero a diez, ocuparían, por ese orden, los tres primeros puestos; de hecho, se trata de cuestiones que suscitan una honda inquietud social en esta comunidad, donde existe una sociedad muy envejecida y en la que la ciudadanía, con crecientes problemas de salud y dependencia para valerse por sí mismos por su edad, demanda cada vez mayor asistencia pública.

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