¿Tenemos abundancia de eucaliptos?, pues aprendamos de Australia

El país austral tiene una dramática experiencia en megaincendios y creó un «think tank» para investigar fórmulas para combatirlos


redacción / la voz

Los aborígenes australianos utilizaron el fuego como una herramienta para controlar la inmensa naturaleza del bush, el término con el que los australianos definen sus paisajes más comunes, desde la sabana hasta los bosques más densos de eucaliptos. Incluso este uso del fuego aparentemente anárquico tenía ciertas funciones ecológicas, pues numerosas plantas dependen de él para su reproducción. Pero esta convivencia ancestral con el fuego cambió con la colonización anglosajona.

La prohibición de tradiciones como los fuegos aborígenes en mosaico provocó, según los propios expertos australianos, el crecimiento de una biomasa mucho más peligrosa e inflamable, básicamente incontrolable que, unida al cambio climático y la inflamabilidad de los eucaliptos, desatan desde hace décadas mortíferos incendios conocidos como bushfires, megaincendios que surgen en un contexto muy similar a los que recientemente asolaron el sur de Galicia y el norte de Portugal: altas temperaturas, bajísima humedad ambiental y en el suelo, y fuertes vientos de dirección muy variable, que propagan los incendios vía aérea incrementando la sensación de caos. Y todo ello afectando muy seriamente a poblaciones que viven en la frontera entre lo natural y lo urbano, con una larguísima lista de víctimas que tienen como exponente más dramático el sábado negro del 2009, con 173 muertos.

En paralelo, el Gobierno federal australiano y los Estados -estos últimos con competencias en gestión de incendios como ocurre con las autonomías españolas- han desarrollado una interesante política preventiva en ámbitos muy diversos: la prevención estricta de los incendios, la organización de las evacuaciones, las políticas de autodefensa, la prevención frente a las nubes de humo o el desarrollo de tecnologías antiincendios.

Las quemas de los aborígenes les llevó a la cárcel o a pagar abultadas multas en muchos casos, pues sus prácticas estaban perseguidas penalmente en seis de los siete estados australianos. Para ellos es una herramienta para la caza y para terminar con zonas en las que viven serpientes y otros animales peligrosos dentro de los territorios que están bajo su control. Muchos australianos de origen europeo ven las costumbres aborígenes como una simple piromanía: el uso del fuego es complejo, y más cuando se produce un choque de culturas.

El investigador del CSIC Serafín González recuerda a menudo que Galicia es uno de los escasos territorios de Europa en los que el fuego sigue siendo una herramienta agrícola y ganadera de primer orden. También en eso Galicia tiene un remoto parecido con Australia, salvando todas las distancias. Eso y, por supuesto, los eucaliptos, que crecen de forma natural en Australia -aunque también hay plantaciones- y que fueron importados -testimonialmente- a Galicia a mediados del siglo XIX por Fray Rosendo Salvado. La repoblación masiva llegaría bastante más tarde, superada la mitad del siglo XX.

600 especies de eucaliptos

Pero mientras que en Galicia se plantan principalmente los tipos nitens y globulus, en Australia hay unas 600 especies de eucaliptos, muchas de ellas amenazadas por aquellas que son más resistentes al fuego y que, al calor de las llamas, invaden zonas que no eran sus ecosistemas habituales. Los expertos australianos estudian también algunas especies de eucaliptos que, por tener una corteza fibrosa, se convierten en verdaderos proyectiles que propagan el fuego impulsados por el viento. Estos expertos admiten que la alta concentración de aceites en las hojas de los eucaliptos influyen en la rápida propagación de los incendios. Pero deben convivir con este factor, pues forma parte de su ecosistema. La lenta degradación de estas hojas en el suelo también funciona como combustible.

En este contexto, Australia creó un grupo multidisciplinar de investigación sobre los incendios -agrupados primero en el Bushfire CRC y en la actualidad en una organización que abarca más desastres naturales-, en un país donde se producen muchos fuegos por causas naturales, especialmente por rayos (26 %), un porcentaje muy similar a los causados por incendiarios dolosos (25 %). De esta institución salieron numerosas ideas para la extinción, la prevención, la predicción o las medidas de protección civil y autodefensa en enclaves aislados. El voluntariado tiene un papel crucial en la extinción y, tras un incendio, es habitual que se organicen colectas espontáneas para ayudar a las víctimas.

Se investigan las causas de todos los incendios y, cuando se descubre un nuevo factor, se incorpora a la legislación para intentar que no se repita. Australia cuenta con una relevante flota de aviones de gran capacidad y de helicópteros optimizados para la lucha contra las llamas. El problema de los incendios se enseña en los colegios.

Al margen del factor ecológico, en Australia preocupa mucho el factor humano, la gente que vive en contacto con el bush, a menudo en situación de relativo aislamiento. Hay incluso estudios de psicología social sobre la reacción de los habitantes en zonas de riesgo: los que no quieren abandonar su casa y se quedan para defenderla; los que la abandonan demasiado tarde o los que vuelven a la zona quemada demasiado pronto.

El sábado negro: 173 muertos, 414 heridos y 8.000 desplazados

El 7 de febrero del 2009, en pleno verano austral, se iniciaron una serie de incendios forestales en el Estado de Victoria que no pudieron ser controlados hasta el 14 de marzo de ese año. En unas condiciones meteorológicas infaustas -46 grados de temperatura, vientos de más de 100 por hora y una humedad ambiental muy por debajo del 30 %-, 78 poblaciones de este Estado australiano se vieron afectadas por las llamas. Esto provocó 173 muertos, 414 heridos y cerca de 8.000 desplazados. Hasta el momento es el incendio más mortífero de la historia de Australia, aunque en realidad fueron 400 focos que se fueron contagiando por vía aérea. Los expertos creen que en el futuro habrá incendios aún más peligrosos.

Medio Rural hará excepciones a la prohibición de pastoreo en montes quemados

La consellería de Medio Rural permitirá excepciones, tal y como establece la Lei de Montes de Galicia, a la prohibición de pastoreo en montes o terrenos forestales afectados por incendios con el fin de evitar mayores perjuicios a los ganaderos que ya resultaron damnificados por los fuegos. Los titulares perjudicados tanto en la última ola de incendios del mes de octubre como de aquellos fuegos producidos durante el verano, ya no tendrán que esperar a los dos años que contempla la normativa para restaurar la masa afectada. Los lugares en los que se establecerá esta excepción serán analizados y evaluados por Medio Rural para determinar en qué sitios es preciso aplicar esta excepcionalidad. Estos lugares no podrán ser en ningún caso superficies arboladas o zonas correspondientes a Parroquias de Alta Actividade Incendiaria (PAAI).

Para solicitar este permiso, los titulares de los derechos de aprovechamiento deberán acreditar pérdidas de difícil o imposible reparación por la prohibición de pastoreo o la inexistencia de alternativas a esta actividad en las áreas afectadas por los fuegos forestales dentro de la misma demarcación forestal. Será necesario también estar inscrito en el Rexistro Público de Terreos Forestais de Pastoreo y presentar una solicitud a la jefatura territorial de la consellería de Medio Rural.

Esta no es la primera vez que se conceden este tipo de autorizaciones, siempre que se garantice que no produzcan un perjuicio medioambiental en el monte. Actualmente, esta excepcionalidad cobra importancia por la amplia superficie afectada tras la ola de incendios de octubre, y que se suma a la situación de sequía acumulada en Galicia en el último año.

Críticas a la rectificación

El portavoz de En Marea, Luís Villares, cargó ayer contra la «cobardía» de la Xunta, a la que acusa de practicar «el escapismo» en su gestión de la ola de incendios, al rectificar semanas después el número de hectáreas quemadas. Villares indicó que lo ocurrido durante lo que ha denominado el «domingo negro» (15 de octubre) «no es una circunstancia excepcional», y asegura que se volverá a producir «si no se corrigen las políticas». «Seguimos haciendo un llamamiento a todas las fuerzas políticas y a la responsabilidad del PP para conseguir un Pacto Nacional por el Territorio», esgrimió el portavoz.

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