El coraje del vivir del mar

Espe Abuín / Cristina Viu / María Hermida y Marcos Gago

GALICIA

Después de meses de desesperación e invierno, marineros, patrones, armadores y percebeiros se enfrentan con valor a un futuro incierto en el que esperan que por fin salga el sol

23 mar 2014 . Actualizado a las 12:42 h.

Contenedores quemados, sillas y botellas por el aire, exabruptos y reacciones bipolares... Las imágenes que la pesca ofreció en Santiago el pasado 11-M no se corresponden con la realidad del sector gallego, más dado al conformismo y al individualismo exacerbado -ese que fomenta la tradicional falta de unión- que a la reivindicación agresiva y unánime que esta vez ha provocado una cuestión como el reparto de cuotas de xarda y jurel entre comunidades autónomas. «O mariñeiro quere ir ao mar, non é de protestar». Y sin embargo esta vez protestó. Hay quien sostiene que esa reacción es la consecuencia más lógica tras una Navidad que vino mal dada, a la que siguió una situación insólita, una cadena de temporales que durante prácticamente tres meses impidió la actividad normal de la flota, con semanas de tres jornadas de trabajo, en el mejor de los casos. Como colofón, el naufragio del Santa Ana, una tragedia que no tienen presente en el día a día, de otro modo no zarparían de puerto, pero que anida en las peores pesadillas de quienes no se pueden que tener más que por héroes. Los héroes del mar.

De la dureza de esta situación sabe bien el marinense Ignacio Iglesias, que comenzó a trabajar en el mar a los 17 años en 1978. Desde entonces conoció una gran variedad de caladeros, entre los que se encuentran Marruecos, Boston, Malvinas, Sudáfrica, Mauritania, Guinea Bissau y Hatton Bank. Comenzó de marinero y fue ascendiendo hasta su actual puesto como capitán, desempeñando este cometido por última vez a bordo del buque congelador marinense Villa de Marín. Ahora se encuentra en el paro pendiente de embarcar. Para él, la situación es muy dura para los barcos gallegos de altura. «A flota galega de arrastre en cinco ou dez anos acábase», manifestó pesimista al confesar que «non encontro palabras» a la hora de atreverse a aventurar qué destino le aguarda al sector pesquero en Galicia. «Están quitando toda a vida de Galicia, a nós nunca nos axudan, pero outros como os vascos teñen beneficios fiscais importantes».

Iglesias se muestra receloso del trabajo de los biólogos, que apenas pisan un barco, o de los políticos, que legislan sobre un sector que desconocen y por el que muestran poco interés. En su opinión, con los gallegos se está cometiendo una gran injusticia a la que las autoridades españolas y europeas asisten sin hacer nada. Recuerda que fueron los gallegos los que descubrieron caladeros muy rentables para la pesca, pero que cuando se pusieron a trabajar en ellos no lo eran y cuando la flota de Galicia los puso en rendimiento, los expulsaron. Fue lo que pasó en el banco canario sahariano y en Mauritania.«O mar é como unha finca, hai que traballalo, porque senón vólvese a monte».

Vacaciones obligadas

Jorge Oujo, de Aguiño (Ribeira), es un percebeiro de raza. Lleva en los genes pelear con las olas sobre las rocas y le gusta lo que hace. Llegó al oficio hace ocho años, cuando aún no había cumplido los veinte. Y se quedó. Aunque tiene estudios de imagen y sonido, fotografía, auxiliar de enfermería o quiromasajista, de momento su futuro sigue teñido del color del océano. Aunque eso de hablar de futuro se antoje difícil: «Penso en quedar nisto, pero é certo que tal e como están as cousas o futuro parece complicado». Cuenta que este invierno fue tremendo: «Estivemos dous meses de vacacións obrigadas. Na casa, sen gañar nada. Foi duro». Y que en su caso salió medianamente bien para adelante porque no paga hipoteca y pudo tirar de ahorros, pero que vio a compañeros y familiares «que si que o pasaron moi mal, porque aquí se non saímos ao mar non gañamos. Iso é o que hai. E ademais agora o percebe non se paga como antes nin hai tanto coma antes. Cando empecei era fácil xuntar 15 ou 16 kilos do bó... Agora iso non pasa. E por riba antes pagábanche o quilo entre 80 e 100 euros con facilidade e agora se che dan 50 ou 60 xa tes sorte». Jorge tiene mujer y una cría de tres años. Cuando se le pregunta si en un oficio como el suyo piensa en ellas cuando salta a las rocas en esos días en los que el mar parece pedir guerra, remacha: «Ao ter unha filla tes máis cabeza ca antes... Pero no que pensas non é en ti, senón en que lle tes que dar de comer a ela. E arriscar sempre arriscas, aínda que tamén coñeces os teus límites».

Raúl Villar, tripulante del Segundo María Isabel, de Laxe, coincide en que ahora la situación es más dura que nunca. Apenas ha podido trabajar en los últimos dos meses y ha tenido que vivir del pequeño sueldo de su novia. Lo peor es que la vuelta al mar no ha sido nada esperanzadora. Van a las betas, pero han tenido que abandonar esta arte, por falta de rentabilidad: «Esta semana as pescadas de catro quilos foron a dous euros e as fanecas chegaron a 10 céntimos. Con 100 kilos só sacamos 10 euros ¿Onde imos con iso? ¿Canto hay que pescar?».

Asegura que ahora es muy difícil para un marinero llegar a los 1.000 euros como media al mes, porque los tripulantes de bajura van a la parte, que es un porcentaje de las capturas. Ahora va al percebe, pero tampoco hay ganancia en el crustáceo. La crisis ha hecho caer los precios en picado y lo que antes costaba 30 ahora apenas se vende por 15. Se levanta a las 3.30 de la madrugada para embarcarse media hora después y regresa a puerto ya por la tarde. «Moitos días quito 20 euros por 14 horas de traballo, non é riqueza», explica.