El ladrillo busca una reconversión

María Cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Hace nueve meses que Enrique y Fernando abrieron su empresa de mármol después de ver cómo la fábrica en la que trabajaban entraba en concurso.
Hace nueve meses que Enrique y Fernando abrieron su empresa de mármol después de ver cómo la fábrica en la que trabajaban entraba en concurso. vÍtor mejuto< / span>

Desde la quiebra de Lehman Brothers entraron en concurso en Galicia 485 empresas del sector

29 mar 2013 . Actualizado a las 14:44 h.

Hace cuatro decenios José Manuel Pose comenzó a levantar su primer inmueble de pisos en Malpica. «Fun o primeiro promotor que houbo na vila. Antes facías sete ou oito vivendas para a xente de aquí, practicamente era unha petición á demanda», recuerda. Ahora, en el núcleo principal de este concello de 6.044 habitantes hay unos 400 pisos de nueva construcción sin vender. Es el cálculo que hace José Manuel durante un recorrido urbanístico por el pueblo. Comenta que hasta hubo dentistas y hosteleros promotores. Uno a uno va mostrando los edificios que se han ido levantando durante los años del bum inmobiliario, que, agotada ya la fiebre del ladrillo en el Mediterráneo, atrajeron a parajes tan remotos como la Costa da Morte a empresarios del sector y a advenedizos de todo el país.

«O de aquí é duns de Burgos, os outros de alá levantáronnos uns cataláns, ese é de Coristanco, aqueles que se ven alá na punta son todos xa de La Caixa... e estes terreos de aquí son nosos. Temos o proxecto feito co permiso pagado tamén, máis de 120.000 euros, pero aínda tivemos boa sorte de non ter empezado a construílos», dice. Porque todavía tiene en el mercado sobre 70 viviendas con pocos visos de ser adquiridas, en parte por la competencia desleal que, dice, están haciendo los bancos. «Moitos dos que se meteron nesto construíron a crédito e as entidades acabaron quedándose cos pisos. Agora igual pide o banco 50.000 euros por un e, aínda que os teus os ofrezas a prezo de coste, ao final a entidade mellora o prezo porque quere olvidarse deles», comenta.

Y no solo eso. No fluye el crédito. «Moitos mercaban sobre plano, daban unha entrada e logo xa cando remataba o edificio ían ao banco polo crédito, pero inmobles que comezaron a levantarse nos bos tempos rematáronse nos malos e adeus. Teño catro pisos que están reservados dende hai catro anos porque xa teño a entrada, pero agora non lles dan a hipoteca para poder pagar o resto», explica Pose.

Lo que ocurre en este pueblo costero es una pequeña foto fija de lo que sucede en buena parte del litoral gallego, donde entre el 2000 y el 2006 llegaron a visarse tres viviendas por cada nuevo habitante. Este promotor es consciente del grave estado en el que se encuentra el sector porque además es el responsable de la Asociación de Promotores de la Costa da Morte, aunque ahora prácticamente no se reúnen. «Antes eramos máis de cincuenta socios, agora somos tres ou catro», dice.

Aguantan los que no enloquecieron dejándose llevar por la cascada de créditos y tuvieron bastante tiento, los que han buscado una salida alternativa para mantener el empleo o los que supieron parar a tiempo. «Pasei outras crises, pero ningunha delas foi coma esta». No es el único que piensa lo mismo. En Xove, Antonio Rey lleva más de 48 años dedicado a los materiales de construcción y comparte esa opinión. «Non houbo antes unha crise desta envergadura, a terra foi o que disparou todo», indica.

Desde la quiebra de Lehman Brothers (en septiembre del 2008) hasta diciembre del 2012, un total de 485 empresas del sector de la construcción entraron en concurso de acreedores en Galicia. Por no hablar del empleo. Unos 19.600 parados, según la última encuesta de población activa (EPA), correspondiente al cuarto trimestre del 2012. Y este año parece que el escenario no tiene visos de mejorar.

Nuevos empresarios

En A Mariña lucense, Enrique, Fernando y Diego estuvieron a punto de engrosar esa larga lista de desempleados. El grupo al que pertenecía la empresa de mármoles en la que trabajaban entró en concurso de acreedores. Tenían todas las papeletas para acabar en la cola del Inem, pero «como non sabiamos facer outra cousa», una vez que fue resuelto el concurso alquilaron una de las naves de la que fue su empresa. Llevan nueve meses con su nueva compañía, Mármoles A Mariña. No parece que estén arrepentidos. «Agora fachadas non fas ningunha, e portais, algún que outro, o que manda son as cociñas e o arte funerario», explican. Trabajan muchas horas, han descubierto lo que es tener una empresa y los gastos que conlleva, pero van sacando algo. «Temos traballo, moitos clientes de antes que nos coñecen, e do que se trata é de sacar un soldiño», dicen.

La nave en la que trabajan está en el polígono de Camba, en Xove, a pocos kilómetros de Viveiro. De ahí es Manolo, un veterano que, como todo buen empresario, nunca ha tenido todos los huevos en la misma cesta. Aunque procede del sector de la hostelería, fue de los que hizo sus pinitos en la construcción, pero supo retirarse a tiempo. «Ao de Madrid gustáballe isto e empecei mercando fincas por aí, agora estanse facendo operacións por menos do 50 % do prezo ao que foron mercadas», señala.

Convencido de que la culpa de lo que pasa la tiene la cotización que llegó a alcanzar el suelo debido a la especulación, reconoce que fueron precisamente las tarifas disparatadas que llegaron a pagarse en A Mariña por terrenos de primera línea las que le advirtieron, ya en el 2006, de que no se acercaba nada bueno. «De ser egoísta estaría agora -matiza- como o resto». En la cuerda floja.