Páez, Fito

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

GALICIA

05 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ES el John Lennon argentino. Tiene pinta de judío de Rosario. Le da «alegría o tristeza a mi corazón». Es Rodolfo Páez Avalos. O sea, Fito Páez. Acabó a los pelos con Sabina después de ser Enemigos íntimos. Ahora dice que Sabina es una novia borracha y que Paulina y Shakira son puro mercado. Saca nueva producción: El mundo cabe en una canción. Fue pareja de Caetano Veloso. Tiene olfato para el éxito. Y supo echar a tiempo un cable a tierra. Es patrimonio de la Argentina como el dulce de leche o las minas de seda. Estuvo casado con Cecilia Roth y fue un placer hasta que dejó de serlo. Es feo, no sé si católico y seguro que sentimental. Cuando niño, adoraba el fútbol, como casi todos. Cuando mayor, con 21 años, sacó su primer disco solista, 63, su año de nacimiento. Es piscis, de un trece de marzo. La alternativa la tomó de otro mito albiceleste, Charly García, que lo tuvo un año a su lado. Llegó al maremoto de la fama con Giros. 11 y 6 o Yo vengo a ofrecer el corazón fueron recitados por todos. Habría más. Los himnos de El amor después del amor , el disco más vendido del rock argentino. Hizo canciones perfectas como Un vestido y un amor: «Te vi, juntabas margaritas del mantel..., no sé si eres un ángel o un rubí». Dejó la música para hacer cine. Volvió a la música, sin dejar el cine. Toca rock que sabe a tango, con la niebla del jazz, en medio del pop. Su estilo es no tener estilo. Es «un rayo de luz, conmovedor, una tormenta, una música infinita». No sabe a Calamaro. Ni Calamaro sabe a él. Los dos hacen que Coti parezca un chiquillo. Perdió a su madre a los ocho meses. Lo criaron su padre y unas abuelas. Sus abuelas fueron asesinadas por un psicótico bajista frustrado. Es místico rosa divina. Dice verdades como «nadie puede, nadie debe vivir sin amor». O «¿qué pasa en la Tierra que el cielo es cada vez más chico?». cesar.casal@lavoz.es