Una arquitectura popular caótica pero muy funcional

t. c. | redacción

GALICIA

Desprenderse de la miseria y del pasado condujo no pocas veces de la ostentación al feísmo.

14 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El esfuerzo que los gallegos hicieron en la segunda mitad del siglo XX para dotarse de vivienda fue tremendo. Una admirable obsesión hizo que, a pesar de recibir unas ayudas estatales situadas entre las más pobres de Europa, se diese una ruptura que en gran medida dejó atrás el hacinamiento anterior. Lástima que fuese un proceso especialmente rápido, violento e incontrolado del que se derivan no pocos problemas del feísmo actual. «A evolución da vivenda é un proceso que se dá en todos os países do mundo. Pero aquí produciuse unha ruptura na evolución dos modelos preexistentes, un cambio violento que fai que en só unha xeración pasáramos de bañarnos nunha tina á hidromasaxe», resume muy gráficamente un especialista en la materia, el arquitecto Plácido Lizancos Mora, que en el 2001 defendió su tesis doctoral sobre As migracións na conformación da casa labrega contemporánea, que había dirigido Pedro de Llano y que mereció el premio extraordinario de doctoramiento. Luego, en el 2003, la Universidade da Coruña publicó su libro Migracións, sociedade e arquitectura: o caso galego. A decir de Lizancos, el proceso gallego no es diferente del que viven todas las sociedades cuando dejan de tener una base agraria: «En sitios como Pakistán, Bolivia ou Líbano podemos ver aínda agora como a cultura tradicional chegou viva deica tempos moi recentes e entrou en colisión coa contemporánea da man dos emigrantes, elementos clave da transculturización. Eles trasladan unha equipaxe inmaterial ademais dos cartos. De feito, non lles valen as bases culturais propias, pero tampouco as que atoparon no país de acollida, así que constrúen un mundo propio. O mesmo que pasou aquí, onde non podemos falar de que as edificacións que se erguen na paisaxe galega procedan directamente de ningures, aínda que están condicionadas por unha nova dieta, un novo modelo de construción familiar, una apreciación diferente da relixiosidade, un cambio do ámbito socio-cultural...» Volver para mejorar El emigrante, en general, sale del medio rural para integrarse en el sector servicios, en el industrial o en el comercial, y raramente vuelve a la agricultura. Y no reutiliza las arquitecturas tradicionales, además, porque reacciona contra el mundo de sus antepasados que desea dejar atrás. Derribar la casa paterna y sustituirla por otra tiene un reconocimiento social como el de poseer un coche o un congelador. Lo curioso es que se inventa una arquitectura sin arquitectos que, a pesar de su aspecto caótico, es tremendamente racional y funciona respecto a las necesidades del usuario. Para Lizancos, la mejor prueba «é que o país está cheo dela». En definitiva, y hasta hace muy pocos años, estamos hablando de arquitectura popular que construyen los propios usuarios con materiales que encuentran en el almacén, a pie de obra, y de acuerdo con sus modelos residenciales. Un mal dibujo plasmado en cualquier papel se lleva directamente al constructor o, como mucho, se le acerca al arquitecto en busca de su respaldo como especialista para superar una imposición legal que se asume a regañadientes.