Antonio Arosa vive desde hace seis años en la ciudad de Helsinki
17 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Cómo funciona el sistema. Que las multas van en relación a los ingresos. Y, sobre todo, la seguridad de que «por mal que me vaya, el Estado no me va a dejar tirado». Es la trilogía de los pros con la que Antonio Arosa defiende la vida en Helsinki (Finlandia), la ciudad en la que se estableció hace ya seis años.
El conocido como país de los mil lagos lo encandiló en el 2004, durante su etapa como estudiante Erasmus en Kuopio, donde realizó uno de los cursos de Bellas Artes. Se trata de una pequeña ciudad a 382 kilómetros de la capital finlandesa, perteneciente a la región de Savo, «característica por sus inmensos lagos y bosques». «La beca duraba cinco meses, pero decidí quedarme para vivir el sol de media noche.... Al final, me quedé ocho meses».
«Como adicto a la naturaleza que soy, Finlandia me impresionó -explica este pontevedrés de 31 años-. Los paisajes son realmente increíbles. Y también a nivel educativo. Es un nivel alto, debido quizás a que aquí el profesorado no está un escalón por encima del alumno, sino que es más como un guía».
Regresó al país nórdico en el 2006, concretamente por San Juan (Juhannus), cuando se fue a vivir -acompañado de su perro- con la mujer que se convirtió luego en la madre de sus dos hijos, también finlandesa, y con la que en ese momento estaba residiendo en Pontevedra. La entrada en el país no fue sencilla, «por mucho que pertenezcamos a la Unión Europea». «Mucha burocracia -dice-. Incluso me he encontrado con un trabajador en estas burocracias que pensaba que España todavía no había entrado en la UE... Sorprendente».
Cursos de integración
El país nórdico ofrece no obstante cursos de integración para extranjeros con un salario mínimo, ya que sin conocer el idioma finés «existen pocas oportunidades de conseguir un buen trabajo». La ocupación actual de Antonio es la pintura y sus dos últimas exposiciones fueron una participación en el festival La noche de las artes, y la más reciente en el Centro Cultural de Helsinki. En la actualidad está abordando diferentes proyectos, «introduciéndome también en el mundillo de la ilustración y el cómic». Otro de los retos será participar el 11 de mayo en una de las muestras del festival de arte underground de la ciudad.
En Finlandia ha sido padre de dos niños, Kuisma y Halti, dos rubiales que cuentan con cuatro y dos años de edad que ya se desenvuelven en español y finés. Arosa reconoce que su vida ha cambiado, y no solo por el hecho de la paternidad. «Hay que adaptarse al clima y con ello al carácter de la gente, fríos en invierno y sociables en verano -señala-. Por eso me gusta cuando llega la primavera y la gente deja sus caras de frío en casa y espera la parada del tranvía con ojos cerrados y una sonrisa hacia el sol».
El choque cultural le ha dejado más de una anécdota a este pontevedrés. Por ejemplo, en uno de los citados cursos de integración en los que participó, los mentores hacían especial hincapié a los «latinos» a la hora de buscar empleo en que «nada de llegar a la entrevista de trabajo con una sonrisa; no, serio y con tu nombre por delante. Y el saludo y la despedida siempre con un apretón de manos manteniendo la distancia del brazo».
«Recuerdo -agrega Antonio- mi primera vez de fiesta. Un amigo me presentó a sus amigas y fui directo a darle dos besos a la primera... ¡Error! Pensaba que quería algo con ella, me hizo la cobra». Algo con lo que tampoco encaja es el sentimiento «a veces hipernacionalista» que tienen los fineses, «que como los estadounidenses tienen sus banderas en el jardín de las casas».
Pero en definitiva, las garantías sociales del sistema del país escandinavo en la actual coyuntura económica y las posibilidades que ofrece para el mundo artístico mantienen en Helsinki a la familia Arosa. «La seguridad de que el sistema no te va a dejar tirado te permite crear una familia sin tener que estresarte con el día de mañana, como pasa en España», afirma.