España puede darse con un canto en los dientes porque Standard & Poor?s le haya otorgado una nota de A, cinco por debajo de la codiciada triple A. Eso, al menos, es lo se desprende de las palabras de los responsables de la agencia. Porque ayer su directora general de calificaciones soberanas para Europa y África, Myriam Fernández de Heredia, señaló en una entrevista en Business TV que, en realidad, los «ratings implícitos» a la prima de riesgo española (ahora en el entorno de los 340 puntos) se corresponderían con los de un bono basura. A su juicio, la calificación que le está otorgando el mercado es la de BB, seis peldaños por debajo de la que le ha dado S?&?P.
No parece que sea precisamente así a la luz de los resultados cosechados ayer por el Tesoro en la subasta de bonos a largo plazo. Otra prueba de fuego superada con éxito. Por quinta vez consecutiva, logró captar más efectivo del previsto, a tipos aceptables y respaldado por una fuerte demanda. En total adjudicó 6.609 millones de euros a cinco y diez años. En el primer caso, tuvo que ofrecer un interés marginal del 4,05 %, apenas superior al 3,949 % de la anterior emisión. A diez años colocó 5.309 millones en dos emisiones al 4,643 % y el 5,466 %, muy por debajo del 5,147 % y del 7,088 % de las precedentes.